30.9.14

Toco madera

František Hudeček
Lo cuenta, con el sentido del humor que le caracteriza, el sevillano de Lima Fernando Iwasaki: "En 2003, el profesor James Kaufman –director del Learning Research Institute at California State University at San Bernardino– publicó un ensayo titulado The cost of the muse: poets die young (Journal of Death Studies, volume 27, issue 9), donde aseguraba que los poetas mueren antes que los narradores, los ensayistas y los dramaturgos, porque la creación poética es un quehacer “rumiante”, quienes rumian tienden a deprimirse y la depresión tiene muy “mal bajío”, como dicen en Cádiz. Pero si a esa existencia deprimente le sumamos el fracaso, los enemigos, las reseñas negativas, los premios fallidos, los críticos desalmados, las antologías desdeñosas y los suplementos inaccesibles, la mortalidad del poeta será más temprana que tarde. Así, después de analizar 1.987 casos de poetas y escritores de Europa, China, Turquía y América del Norte, James Kaufman estableció que los poetas viven un promedio de 62 años; los dramaturgos, 63; los narradores, 66, y los ensayistas, 67". En "Cumplir 100 años de plenitud poética". El País Semanal. 

29.9.14

Álvaro García

Tras Canción en blanco (Premio Loewe, 2012), no esperaba una nueva salida, tan rápida, a la escena poética del malagueño Álvaro García (1965) y, sin embargo, así ha sido, con Ser sin sitio, que publica Jacobo Cortines en la colección que dirige, Vandalia, de la sevillana Fundación José Manuel Lara.
Del nivel de exigencia de este poeta andaluz pocos dudan. Yo no, desde luego. Algo que la lectura de este libro se encarga, una vez más, de demostrar.
Consta de cuatro partes y tres de ellas son en realidad sendos poemas extensos, de esos a los que García nos tiene acostumbrados, en los que la composición es impecable y la técnica propia de un virtuoso.
En una ocasión, conversando con Kike Díaz, García, que también ha demostrado sus dotes teóricas en lo referente al análisis poético, dijo: "Me gusta leer y escribir poemas largos llenos de contrastes con un fondo que los imante, entre ráfagas de conciencia y cosas concretas y pequeñas que van entrando en un orden en el que tengo una sensación  de conciencia y consistencia, de de duración y de estar haciendo algo humilde y fuerte, paso a paso, como un buen artesano". 
Esos poemas se titulan "Ser sin sitio", "Ante la tumba de Jane Bowles" (recogido en la antología Con&versos, de donde he tomado las palabras citadas más arriba) y "El viaje". 
"El sitio sin lugar", la parte que faltaba, reúne diecisiete valientes sonetos donde el amor es, sobre todo, protagonista. Así, en "Nuestro amor", precisamente, "Pícnic", "Proceso", "Fugacidad" o "Muerte", que son los que prefiero del conjunto. "Amar nos reconcilia con la muerte", escribe. O "al escribir y amar somos inmunes". 
Con esa sabia mezcla de abstracción y realismo, verso a verso (y los hay magníficos), con muchas lecturas detrás y un sentido lírico sumamente preciso, Álvaro García logra dar un paso más en su ajustada obra, una de las más rigurosas y congruentes del panorama. Todo un ejemplo. 

En Madrid

























El próximo 23 de octubre, jueves, a las 19:00 horas, estará uno en La Casa del Libro de Alcalá 96 de Madrid, dentro del ciclo "Lorca vivió aquí", para presentar Más allá, Tánger.
Estaré acompañado del joven poeta y traductor Andrés Catalán, que tendrá la amabilidad de presentarme.
Además, leeremos poemas del libro. 
Estáis invitados. 

28.9.14

Adonis dixit

© Màrcia Folleto / O Globo
A primeros de octubre está previsto que la editorial hispanomexicana Vaso Roto ponga a la venta Zócalo, el último libro del famoso poeta sirio, nacionalizado libanés y residente en París, Adonis. 
En esa ciudad conversó con Javier Rodríguez Marcos. La entrevista fue publicada ayer en Babelia, el suplemento cultural de El País. 
Entre otras cosas interesantes, uno de los eternos candidatos al Nobel, dice: “la gran poesía siempre es laica. La poesía es la pluralidad, la unidad de los contrarios. Es lo opuesto a la religión incluso en términos históricos: en nuestra historia de musulmanes no ha habido ni un solo gran poeta que fuera creyente. Nunca”. ¿Ni los místicos? “Son un caso aparte”, responde un autor que ha dedicado a las relaciones entre sufismo y surrealismo una obra de referencia. “Cambiaron la noción de realidad y de Dios. Por eso se les rechazó. Para el monoteísmo Dios es una fuerza que dirige el mundo desde el exterior, para el misticismo es inmanente, forma parte del mundo. Dios es el mundo”.

27.9.14

El punto K

Como recuerda Margarit, en los mapas del tiempo de nuestra infancia, lo representaba un barco meteorológico anclado en medio del Atlántico donde uno imaginaba a toda la tripulación mareada y, por supuesto, en constante peligro. Nada que ver con el libro que, con ese sugerente título, nos presenta el segoviano (de la cosecha del 77) David Hernández Sevillano.
Si uno estuviera al día en lo que al panorama poético se refiere, ya habría leído, por lo menos, sus dos obras anteriores: El peso que nos une y Anonimario, siquiera sea porque con el primero consiguió el Premio Hiperión y con el segundo el Jaén, que no es poco. Si he leído El punto K es gracias a Javier González, coordinador de la editorial que lo ha publicado, la ourensana Eurisaces, y lo menciono porque se lo agradezco horrores. 
Para empezar, el libro está primorosamente editado. Para seguir, lleva no sólo un prólogo, según costumbre, sino además un epílogo. Los dos, por cierto, pertinentes. Firmados, respectivamente, por dos poetas: Daniel Casado y Ben Clark, que se nota que aprecian y conocen la obra del poeta. Con el segundo estoy de acuerdo, sin conocer lo anterior, en que estos versos marcarán un antes y un después en la trayectoria de su Hernández Sevillano y bien pudiera ser que un hito en la poesía española de estos años.
Los suyos son poemas breves, certeros, lúcidos, inteligentes, sugerentes, bien construidos, elegantes... Poemas de una sencillez y una naturalidad extraordinarias, si se me permite la paradoja. 
Que hablen del amor, del desamor, de la vida, de los deseos, del paisaje o de la infancia poco importa: son poesía, y de la más alta. Al fondo, Gil de Biedma (con homenajes explícitos), Ángel González, Machado... Por entre las citas del volumen encuentro dos que a uno le dan pistas seguras: de Luis J. Moreno, de Segovia también, y de Fermín Herrero, otro de Castilla. Sí, porque muy castellanos, en el mejor y más amplio sentido, me parecen estos versos escuetos, serenos y luminosos que parecen venir, como la claridad, del cielo. 
Clark tilda a Hernández Sevillano, en lo personal, de discreto y no otra cosa, sino mesura y equilibrio, destilan los precisos y preciosos poemas que componen El punto K, lo que no significa que no transmitan la debida pasión, no sé si fría.
El sello que lo publica, que toma su nombre de un panadero romano, no podía haber elegido mejor para mostrar el nivel de exigencia que su colección ambiciona. 
Todo un descubrimiento, sin duda. Y una honda alegría. 

26.9.14

El paisaje total

Carlos Javier Morales no es un poeta primerizo. Nació en Santa Cruz de Tenerife en 1967 y tras un largo periplo como profesor universitario por La Rioja y Madrid, en la actualidad lo de es de Secundaria y Bachillerato en su ciudad natal, a donde regresó (un aspecto clave para entender su poesía última) en 2011. Su última obra publicada (como las anteriores, en Biblioteca Nueva) se titula El paisaje total (Madrid, 2006-Tenerife, 2012)
Uno, tras leer los poemas allí reunidos, tiene la impresión de que Morales se guía a la hora de escribir por los sentimientos y que la verdad y la sinceridad (con perdón) son dos de sus virtudes evidentes. No hay trampa ni cartón aquí. El poeta se expresa con sencillez, en el mejor sentido, y no pretende sino mostrar con palabras lo que ve, le ocurre o piensa. Eso da al conjunto cierta frescura, algo poco habitual en el panorama poético de nuestro tiempo; de poesía, sí, tan elaborada; tan literaria, diríamos. Lugares (Madrid, Holanda, los molinos de Castilla, Bruselas, Islandia y, cómo no, la ciudad y la playa de su infancia), paseos que propician poemas que se llenan tanto de evidencias como de preguntas.
Los padres, la muerte, la niñez, la vida adulta o el amor conforman su "paisaje de fondo". Creyente confeso y patente humanista, Morales, autor de poemas tan conseguidos como "Identidad", puede afirmar sin temor a equívocos, que las suyas son "palabras / nacidas de tu vida". De la suya.

25.9.14

El Leopardi de Citati

Cuando Nuria Azancot, para su sección Rara avis, me preguntó hace unos meses cuál era el último libro que había comprado, mencioné de inmediato el Leopardi de Pietro Citati. Publicado por Acantilado en loable traducción de Juan Díaz de Atauri, es el perfecto ejemplo del tipo de obras que le gustaba editar a Jaume Vallcorba, fundador de ese sello modélico, muerto a destiempo el pasado 23 de agosto; "una tragedia humana y una tragedia cultural", como bien ha dicho su amigo Rafael Argullol.
Para uno, ha sido un placer leerlo, poco a poco, a lo largo del mes de agosto; en días, por cierto, de una intensidad y una delicadeza de lo más leopardianas. 
El viejo Citati (Florencia, 1930), que ya se había ocupado, entre otros, de Goethe, Tolstói y Kafka, no se limita a escribir una biografía del italiano, nuestro primer poeta moderno, "es decir, sentimental y melancólico" -ajeno, eso sí, a los tiempos y lugares de la modernidad y enemigo del progreso-, y construye con paciencia, erudición, numerosas lecturas y no poca sabiduría un análisis -un ensayo en toda regla, un alarde de ejercicio filológico y de comparatismo lector- que alcanza a la torturada y trágica vida del tímido preso de Recanati que vivió enfermo ("se había acostumbrado a vivir en la enfermedad como en una patria, dice Citati), en "una desesperación plácida", y, además, a su obra, tanto en verso como en prosa (distintas, tal vez por ese carácter "bipolar" de su pensamiento que el ensayista señala). Para ello tiene la ayuda insustituible del Zibaldone, "(algo así como 'miscelánea'), una especie de diarios, personales e intelectuales, de 4.200 páginas", en palabras de Andrés Trapiello, una obra aún sin traducir al completo en España.
Ya que lo menciono, animo a quien quiera hacerse una idea anticipada y cabal del volumen (528 páginas) a que se pase por las numerosas reseñas que han celebrado su recepción en España: las de Siles (en ABC), Colinas (en El Cultural), Toni Montesinos (en La Razón) o la citada de Trapiello en Babelia, un leopardiano de pro, como Colinas, que, por cierto, es traductor de su poesía y autor de la biografía Hacia el infinito naufragio (Tusquets, 1988) y, con anterioridad, de Leopardi (Júcar, 1974).
Tras dar buena cuenta de estas quinientas páginas, uno llega a la conclusión de que Citati nos habla de Leopardi (y de su obra) como sólo puede hacerlo alguien que lo conoce íntimamente. Quiero decir como si lo hubiera tratado o fuera su amigo, igual que Ranieri o Giordani.
Si a alguien, en rigor, se le puede aplicar la rarísima condición de genio, es al autor de "El infinito", uno de los poemas esencial de la poesía universal. Este hombre sistemático creía, sin embargo, que no había escrito una obra sino apenas hilvanado un puñado de ensayos. "Para Leopardi -comenta el estudioso florentino- leer era ya escribir y escribir era una forma de lectura". Ante todo, encerrado desde pequeño en la biblioteca de su padre Monaldo, su verdadero lugar, fue un fervoroso y capacitadísimo lector. No en vano amaba la soledad y el silencio ("conversar es inútil").
Confieso que si algo me ha interesado de manera especial, cosa difícil de delimitar, es la relación del poeta con su ciudad natal, Recanati. Ese problema, que uno ha hecho siempre suyo, queda muy bien expresado en el siguiente pasaje: "Casi se puede decir que de lo único que escribe es de Recanati; con la vista detenida en su tierra natal, como si no pudiera moverse de ella, o con la vista puesta, desde lejos, en el centro terrible de su existencia. Todo lo que escribía vivía en el centro y lejos del centro. En torno a Recanati, inmóvil, suscitaba un vastísimo juego de distancias temporales, de reflejos, de analogías, de ilusiones indefinidas. Siempre estaba allí y en otros sitios; en lo próximo y en lo lejano; en lo finito y en lo infinito, moviéndose rápidamente entre todos los sitios que había descubierto y todos los puntos de vista que había creado a lo largo de su vida."
Tras la demorada y placentera lectura de este libro, uno confirma su condición de partidario del poeta memorioso y soñador que tanto elogió a los pájaros y que se identificó con uno: el "pájaro solitario". Citati consigue, por añadidura, que uno quiera volver sobre sus poemas, sus prosas y sus pensamientos. Es una suerte, en fin, que a su obra en español, amplia y bien tratada gracias a espléndidos traductores (Unamuno, Alcalá Galiano, Fernando Maristany, José Luis Estelrich, Romero Martínez -recién rescatada por Renacimiento-, Nieves Muñiz, Eloy Sánchez Rosillo...) y no menos generosos editores, se una este estudio que le da un aire nuevo, hondo y diferente a las palabras y a los hechos de este clásico de nuestro tiempo.

23.9.14

Vinyoli, una antología

Joan Vinyoli nació en Barcelona hace ahora 100 años. Aunque esa celebración esté siendo significativa y haya habido ya numerosos actos en torno al poeta y a su obra, poco ha trascendido. Porque se trata de poesía, sí, pero también porque la dichosa vorágine independentista que nos ocupa (y preocupa) es lo único que llega desde Cataluña. Una pena.
El comisario del Centenari, Jordi Llavina, es precisamente el prologuista de La mano en el fuego, una antología de treinta y tres poemas suyos editada por Candaya en traducción al castellano de Carlos Vitale, digno sucesor en esa labor de José Agustín Goytisolo, Fernando Valls, Lourdes Güell, Vicente Valero, Carlos Marzal, Enric Sòria, etc. 
El libro es muy bonito por fuera y demuestra a las claras, en su interior, que tal vez estemos, como afirma Llavina, ante el poeta catalán "más influyente" del siglo XX y uno de los nombres fundamentales, no se olvide, de la poesía española de esa importante centuria. Sí, con este puñado de poemas basta. Lo explica Llavina en su sobria introducción, llena de seny. "Coherencia" es una palabra clave que sirve para definir el tono de estos versos y, más allá, la trayectoria del autor de Passeig d'aniversari.
Si uno tuviera que elegir un poema del conjunto, tanto de este libro como acaso de toda su obra, señalaría "Sóc home sol" ("Soy hombre solo"). "Segrego a vegades poesia" ("Segrego a veces poesía"), escribió allí. Creo que da, por decirlo con palabras suyas, la medida de un hombre. Del herido y melancólico ser humano que fue. Para este lector, un poeta de cabecera casi desde el principio; al que, además de robar algún título y alguna cita, debo no poco de mi lírica educación sentimental.
Mejor nos iría, ay, si leyéramos más a Vinyoli.

22.9.14

Plensa y el lugar

"Una tarde, mirando el lago Michigan, en Milwaukee, vi un poste de madera sobresaliendo del agua, como en Venecia. Aunque el lago estaba bellísimo, era un día de perros, con mucho viento, el cielo estaba gris y había grandes olas. De repente dos gaviotas se posaron encima del poste, y pensé: 'Tanto tiempo intentando entender qué es la escultura y tengo la explicación frente a mis ojos'. Todo estaba en movimiento, todo era de una gran fugacidad, y aquellas gaviotas buscando un lugar de reposo. Aquella imagen era el 'lugar' al que podía finalmente llamar 'escultura'. Aunque tenga esta enorme capacidad de diálogo con los dioses y con lo que nos sobrepasa, la escultura también es aquel viejo sofá en donde siempre te gusta sentarte, el libro que siempre retomas, o ese lugar al que sabes que siempre puedes volver." Jaume Plensa en conversación con Ángela Molina. Babelia. El País. 

21.9.14

Los trofeos efímeros

Román Piña Valls (Palma de Mallorca, 1966), profesor de griego y director de la revista La bolsa de pipas, publica en Sloper (editorial fundada por él) Los trofeos efímeros. No es un poeta que se prodigue; de hecho, esta es su tercera entrega poética.
En el "Epílogo" de la obra, escribe: "Este libro nació en enero de 2007. Me lo planteé como una colección de poemas fetichistas, inspirados por objetos que podía vincular a mi educación sentimental —de lector, de cinéfilo— y también a mis propias vivencias. Hubo objetos que me llegaron en sueños, como el bañador de Tadzio, el joven de "Muerte en Venecia". Los objetos me dictaban muchas veces simples homenajes a las historias o las personas relacionadas con ellos, pero en bastantes ocasiones funcionaron como garfios lanzados contra mi propia vida. No forcé la máquina y se fue escribiendo el libro durante siete años."
Por los títulos de los poemas podemos comprender a qué objetos se refiere. Así, por ejemplo, a la bufanda de Bolaño, las bragas de Liv Tyler, la txapela de Pinilla, el acordeón de Julieta Venegas, el pastillero de Whitney Houston, el abrigo de Woody Allen, el puro de Groucho, el sextante de Frank Worsley ("Cierro una primera edición de este proyecto en 2014 porque ahora se cumplen 100 años de la odisea de Ernest Schackleton, una de las hazañas que más honda impresión me han dejado en toda mi vida, a la que accedí por la lectura de La prisión blanca, de Alfred Lansing. A ella dedico varias alusiones en el libro y por eso Frank Worsley, capitán del Endurance, está en la portada"), la estufa de David Mamet, el panamá de Lowry, el testamento del Yeti, la silla de Superman, el birrete de Odiseo, el vellocino de Velasco (Miguel Ángel Velasco, el poeta prematuramente desaparecido, al que dedica uno de los mejores poemas del libro, con la muerte al fondo, sí, otra constante; como en el caso del poema "El reloj de Carmen Bertrand", su abuela, o "La cámara de Ricardo Ortega, su amigo), el zapato de Madame Bovary, el arpón de Ahab... 
En un tono narrativo, que no por eso deja de lado la poesía (algo más que métrica y ritmo), Piña ha logrado un abundante puñado de poemas elegantes y sugerentes que atraparán, a buen seguro, a cualquier bienintencionado lector.

20.9.14

Un poema de Álex Chico

© Salvador Retana










ENCUENTRO
                              a Álvaro Valverde

Somos el paisaje que ahora observamos.
Somos el agua intermitente creando bancales.
Somos un lugar remoto
y su proximidad al leerlo.
Somos el revés de una ciudad soñada.
Somos ese límite del mundo
que construyó murallas.
Somos su forma de aislarnos.
Somos un cementerio de Yuste,
con ciento ochenta tumbas de soldados alemanes.
Somos memoria común
y, por familiar, callada.
Somos la moneda que alberga
en una misma cara ida y regreso.
Somos un paseo a media tarde.
Somos cada uno de los palacios
que recuerdan un esplendor clausurado.
Somos ese instante perpetuo
a partir de unas pocas, sencillas verdades.
Somos el abandono y las ruinas,
la geografía de una naturaleza póstuma siempre.
Somos este entorno lleno de valles.
Su densidad cuando, al prevenirnos,
también nos expone.
Somos el río a su paso por una isla talada.
Somos esa encina solitaria que,
al llegar la noche, dialoga con el pasado.
Somos un territorio ajado del suroeste de Europa.
Somos lugares de tránsito,
sus estaciones y sus dársenas.
Somos los puertos desde donde zarpan barcos
hacia Nápoles.
Las vías de un tren avanzando
hacia Lisboa.
Las islas por siempre varadas
de los mares de Grecia.
Somos la fotografía que alguien olvida
sobre una mesa.
Somos la sombra de alguien que no existe,
mientras fija su perfil en los muros
desconchados de una ciudad del sur.
Somos esa luz que hacia dentro se dirige.
Somos amigos.
Eso nos basta.

(Poema inédito perteneciente al libro Habitación en W que se ha publicado en el número 20 de la revista Nayagua.)

19.9.14

Poetas andaluces de ahora

La colección Arrrecifes de La Isla de Siltolá cambia de aspecto e inaugura su nueva época con la Poesía Completa del arcense Julio Mariscal (todo un acontecimiento del que daremos debida cuenta), una antología del poeta roteño Ángel García López y, por fin, otra titulada Con&versos (Poetas andaluces para el siglo XXI), de la que es editor Antonio Moreno Ayora. 
No pretende ser, nos explica en "Criterios de base", una antología original, sino "un intento de reunir en bloque compacto lo esencial de nuestra poesía en estos últimos treinta y cinco años". Más adelante, precisa: "La finalidad de este volumen es proporcionar un prontuario de consulta de los principales o más significativos poetas que han publicado en los quince o viente últimos años del siglo XX y en los primeros lustros del XXI."
Los cincuenta poetas elegidos son: Juan Cobos Wilkins, Manuel Gahete, Luis García Montero, Carmelo Guillén Acosta, Alejandro López Andrada, José Lupiáñez, Francisco Morales Lomas, Eladio Orta, Francisco Ruiz Noguera, José Antonio Sáez, Fernando Sánchez Mayo, Juan José Téllez, Fernando de Villena, Isabel Bono, Álvaro García, Antonio Luis Ginés, Julio César Jiménez, Aurora Luque, Manuel Moya, Luis Muñoz, Rosario Pérez Cabaña, Charo Prados, Balbina Prior, María Rosal, Isabel de Rueda Rubiales, Javier Sánchez Menéndez, Juan Carlos Abril, Marga Blanco Samos, José Cabrera Martos, Begoña Callejón, Sara Castelar Lorca, María Eloy-García, Rocío Hernández Triano, José María Jurado, Raquel Lanseros, Francisco Onieva, Antonio Orihuela, Alejandro Pedregosa, Joaquín Pérez Azaustre, José Luis Rey, Eva Vaz, Álvaro Campos Suárez, Nieves Chillón, David Leo García, Patricia García-Rojo, Elena Medel, María Ramos, Tomás Rodríguez Reyes, Fernando Valverde y Diego Vaya.
Entre el mayor y el más joven median 37 años.
La antología está dividida en cuatro partes, una por década: "La fructífera década de 1950", "1960, el origen de la Posmodernidad", "Apuntando al nuevo siglo: poetas nacidos en 1970" y "La poesía del siglo XXI, plenitud de los años ochenta".
De cada poeta se ofrece una práctica nota biobibliográfica, se publica una breve poética y se añaden algunas opiniones críticas.
Una condición imprescindible para formar parte del florilegio era que los poemas a publicar fueran inéditos, de ahí que, según Moreno Ayora, falten nombres significativos. Uno, echa en falta, por ejemplo, a F. Benítez Reyes, J. Lamillar, E. Baltanás, J. Aguado, J. Bonilla, J. Mateos, Almudena Vega, etc. ¡Son tantos los poetas andaluces!
De los que sí están, que es lo que importa, podemos destacar la calidad general de sus poemas. Reconozco que unos cuantos autores son para mí desconocidos; vamos, que es la primera vez que leo versos suyos. Es el caso de algunas mujeres, pongo por caso, que aquí abundan, algo infrecuente en este tipo de aventuras. 
Me ratifico en algunas afinidades (de poetas que uno lleva leyendo y admirando desde hace tiempo) y confieso que me he encontrado con algunas agradables sorpresas entre los desconocidos. Para evitar enojosas nominaciones, citaré sólo dos casos, uno por categoría: Aurora Luque e Isabel Bono.
Compruebo, a título anecdótico, que los Institutos de Educación Secundaria de Andalucía están llenos de poetas, lo que a la fuerza redundará en beneficio de la pobre poesía, un arte inseparable de lo que quiera que sea el misterio de ser andaluz. 
Más allá de modos y modas, se alegra uno de haber leído una estupenda selección de poemas que vienen a demostrar que la poesía escrita por andaluces sigue gozando de excelente salud.

18.9.14

Las "divagaciones" de Doce

No es la primera vez que Jordi Doce (Gijón, 1967) reúne un puñado de ensayos en forma de libro. Y hace bien. Sus lectores se lo agradecemos, porque es uno de nuestros mejores ensayistas literarios, algo más que un crítico. 
La última entrega, anterior a ésta, fue Las formas disconformes. Y antes: Imán y desafío. Presencia del romanticismo inglés en la poesía contemporánea, Curvas de nivel La ciudad consciente. Ensayos sobre T. S. Eliot y W. H. Auden.
Doce precisamente son los ensayos agrupados en Zona de divagar (Cardinales. Vaso Roto), título tomado de la expresión rumana "zona de divagare", el lugar de confluencia de dos o más ríos. Los define, con la humildad que le caracteriza, como "fragmentos azarosos y vagamente ensayísticos". Son más que eso. No basta la casualidad para abordar, como él lo hace, el análisis de Historia de una vida, la impresionante autobiografía de Canetti, que es el texto que inaugura el volumen. Para muestra... Le siguen el resto de capítulos donde se entremezclan reflexiones personales sobre la poesía, la música y otros asuntos artísticos (que ha venido publicando en su blog: Perros en la playa) con reseñas -que son más que eso- sobre tal o cual libro y autor: Alejandro Rossi, Cortázar, Houellebecq, Tranströmer, Milosz (y la poesía polaca)...
Da igual que hayamos leído antes y en otra parte estos apuntes. El papel del libro los transforma. Por lo demás, soportes aparte, por lo que tienen de visión personal, parecen nuevos. 
Sin duda, además de un estupendo editor, poeta y traductor, JD es un excelente lector, de ahí que sean muy pertinentes las primeras palabras que aparecen en la contracubierta del libro: "Este libro nace pura y llanamente del placer de leer, de un trabajo gustoso de lectura que se vuelca no solo en la palabra impresa sino también en las impresiones que lo real despierta en quien lo recorre y lo sondea." 
Por eso da gusto leer, valga la redundancia, a este "distraído" (diría Rossi) que, a pesar de lo que supone, mantiene el rumbo como pocos. 

Obra póstuma de Emilio Antero


17.9.14

Cercas dixit

El placentino Salvador Vaquero da por concluido el ciclo de entrevistas reunidas bajo el título "Letras desnudas" que ha venido publicando El Periódico Extremadura. Lo cierra por todo lo alto. Con el novelista Javier Cercas. He aquí algunas preguntas y respuestas.

-¿Qué ha supuesto Soldados de Salamina en tu creación literaria?
-Para mi creación literaria no sé; para mí, bastante: gracias a ese libro dejé de ser un escritor al que sólo leía su madre, su padre y algunas de sus hermanas para ser un escritor profesional; dejé de ser un escritor posmoderno para ser un escritor post-posmoderno. Otro día te cuento lo que es un escritor post-posmoderno.

-¿Ha habido cobardía en las etapas socialistas a la hora de romper los famosos acuerdos con la Santa Sede?
-No sé si la palabra es cobardía, pero es evidente que, por culpa de esos acuerdos, España no es del todo lo que cualquier estado democrático debe ser: un estado del todo laico.

-Un recuerdo de tu infancia en Ibahernando.
-El día en que mi madre señaló en un mapa Gerona, que era el lugar donde estaba mi padre y adonde nos íbamos a vivir.

-Una reflexión ante la vida.
-Que sólo se vive una vez, como decían las de Azúcar Moreno.

-Un rincón donde sentir la paz.
-La casa de mi madre en Ibahernando.

-Un libro de cabecera.
-Borges, de Bioy Casares.

-¿Cómo te gustaría que te recordaran?
-Como una persona decente; es decir: como un tipo capaz de decir No cuando hay que decirlo.

Fe de errata

Fernando Flores del Manzano me aclara que ha usado también la forma 'valjerteños' en diversos libros (Mitos y leyendas de tradición oral) y artículos de revistas (por ejemplo en "De Castilla el trigo... de Extremadura el aceite...", Boletín Real Academia de Extremadura, nº VII, 1996). 

16.9.14

Lo que dejan los días

Lo que dejan los días, ópera prima de Pablo Núñez (Langreo, 1980), que vive en Gijón y ejerce como profesor-tutor de literatura en la UNED, ganó el Premio de Poesía Dionisia García-Universidad de Murcia en 2013, por eso el libro está publicado por Editum. Bonito, al menos por fuera, no es, a qué negarlo, pero lo que importa, los poemas que contiene, dicen bastante a favor de este nuevo poeta asturiano, tierra que ha dado y da vates de fuste. Algo que no se les debió escapar a dos miembros del jurado: los poetas Eloy Sánchez Rosillo y José María Álvarez, que no son, en ningún caso, malos avalistas.
Coordinador, juntos a otros, de la revista Anáfora, Núñez pertenece a uno de los sucesivos grupos de jóvenes tertulianos que se han formado y se forman alrededor del magisterio cafetero y conversacional de José Luis García Martín, poeta, crítico literario y profesor de la Universidad de Oviedo, donde muchos de ellos han estudiado. Alguien (como ya hizo Martín López-Vega en Tertulia Oliver) tendrá que estudiar este fenómeno que lleva varias décadas ocurriendo y del que han salido numerosos poetas dignos de mención (de Oliván y Piquero a Sevillano y Olay sin olvidar a Fueyo, Ugidos, Fernández o Almuzara); poetas reunidos en torno a revistas como OliverReloj de arena y, ahora, Anáfora
Aunque luego cada cual haya seguido su camino (de lo contrario, malo), a veces muy alejada de la estela poética martiniana, en sus principios líricos todos, como es obvio, se parecen. El de Pablo Núñez no es un caso aparte. La línea clara, el cosmopolitismo, los maestros escogidos y las lecturas que hacen de ellos (Borges, Pessoa, Machado, Auden, Ángel González, Jaime Gil de Biedma...), las menciones autobiográficas a la infancia y la adolescencia, el tono sentencioso (que, a veces, tiende al aforismo). la mezcla de pensamiento y emoción o los poemas breves son algunas de esas constantes grupales a que aludo. Habrá que esperar a nuevas entregas para ver cómo cuaja la voz poética de Pablo Núñez; un apellido, por cierto, que tanto y tan bueno ha dado a la poesía española contemporánea.

Hace 100 años

Se publica en mi sección de plan Ve (La guía de ocio del Norte de Extremadura) una reseña del libro Plasencia en el reinado de Alfonso XIII (1902-1931). Política, Sociedad y Cultura, de Fernando Flores del Manzano.

15.9.14

La Fiera

Con La Fiera, Ben Clark, ibicenco del 84, consiguió el Premio Ciutat de Palma 'Joan Alcover' 2013, y el libro ha sido publicado por la mallorquina Sloper
Aunque conocía de sobra a Clark (reconocido traductor, entre otros, del enorme Edward Thomas, una presencia capital de este libro, y ganador del Premio Hiperión y del de Poesía Joven de RNE con un libro, por cierto, escrito a dos manos con su amigo Andrés Catalán), confieso que es el primero de los suyos que leo por completo. Y me alegro. Confirma, en todo caso, mis expectativas, de antemano favorables. 
En la contracubierta, Vicente Valero destaca su ingenio, su humor y sutileza conceptual y Miguel Dalmau (miembro del jurado que lo premió) dice que "me devuelve a mi poesía predilecta, cierta poesía inglesa que es profunda, clara y verdadera".
Escrito en el extranjero, entre Escocia y Suiza (el cosmopolitismo de las nuevas promociones es proverbial), está dedicado al malogrado actor Philip Seymour Hoffman, algo que, más allá del homenaje a uno de los mejores, destaca el tono teatral, diría, de un libro cuyo protagonista, el personaje poético principal, no es Ben Clark sino un alter ego, La Fiera, que, como es lógico, se le parece muchísimo.
Desde el primer poema, "Quizá" (cosas por la que un neandertal, de volver, estaría satisfecho con su acto de amor), se demuestra que la voz de Clark suena alta y clara: perfectamente definida y mediante unos versos donde el ritmo es impecable y la técnica propia de alguien que conoce muy bien su lengua materna. 
Le siguen otros conseguidos también: ""¿Cómo se dice esto que no perdura?"; "La Fiera" (poema largo en cuatro cantos donde está el corazón de la obra); "Sed"; "Über den Prozeß der Zivilisation"(como el título del libro de Norbert Elias); "Animales perpetuos"; "Lo que voy a pedirte"; "El embajador"...
No faltan, es obvio, referencias "bichos", lo que convierte el conjunto en una suerte de bestiario; de los más humano, eso sí. Del hombre entendido como animal. El mundo descrito es más imaginario que real y, acaso por eso, resulta sugerente. La elección de un motivo de El Aduanero Rousseau para la cubierta no es casual. Como tampoco lo es que Clark sea un poeta isleño, si no estamos ante una redundancia: tal vez todo poeta lo es. 
Otro aspecto destacable es el de los finales de los poemas, que tienden a lo sorprendente. 
¿Temas? Los de siempre: el amor, la amistad (es precioso el poema que dedica al mencionado Andrés Catalán, donde alude a las traducciones que hacen, respectivamente, de Thomas y Frost y donde leemos: "comprendimos entonces que al final / lo único indestructible es un poema."), los objetos (pinzas, cucharas)... Y el humor, como señala Valero. En "La pareja extranjera", por ejemplo, "dos jóvenes gorrones que persiguen el sol". Y la inquebrantable sensibilidad de siempre: "Has llegado (Ante el primer almendro en flor)". Perfecto me parece el cierre, con "Borrador para el último poema" con cita, un guiño que este lector agradece, a otro ibicenco, Marià Villangómez.
El juego de palabras de Josep Pedrals me parece un buen broche: "Ben clar: Ben Clark". Pues eso. 

14.9.14

Poesía, ¿dónde?

Leía con gusto el artículo del escritor y cineasta chileno Rafael Gumucio sobre los primeros cien años de vida de su compatriota Nicanor Parra hasta que dijo eso de que "la poesía está en cualquier parte menos en los versos de los poetas". Puede que en sentido laxo, como vaguedad, o si entendemos la poesía como algo que impregna misteriosamente a los seres y las cosas y las dota de unas propiedades especiales, casi mágicas, a la manera romántica. Sin embargo, en sentido estricto, la poesía sólo está en los versos de los poetas. Cuando está. Lo demás...

13.9.14

Larkin

Ya anunció uno aquí atrás (en Facebook), con alborozo, la llegada de la poesía completa del bibliotecario Philip Larkin (Coventry, 1922 - Hull, 1985), aunque en realidad, una vez comprado el libro (que publica a todo lujo la editorial Lumen), comprobamos que sólo se reúnen tres libros suyos (de ahí lo de "reunida", por más que eso casi siempre signifique completa); los más importantes, es verdad: Engaños, Las bodas de Pentecostés y Ventanas altas. Se añade, también es cierto, seis más en el apartado final de "Otros poemas". 
Con el tercero empezó uno a leer a Larkin (mi ejemplar está fechado en abril del 90 y lo compré por 14 pesetas en la librería Quevedo de Cáceres). Al verano siguiente llegó Un engaño menor, que así lo tradujo Álvaro García para La Veleta (y que uno adquirió -y leyó- en Gijón, en la librería Paradiso al precio de 16 pesetas). También al poeta malagueño se debe la traducción de Las bodas de Pentecostés que publicó Pre-Textos al año siguiente y del que hay otra edición posterior en Lumen de 2007. La versión es de Damián Alou (ahora revisada), el que ha cuidado esta Poesía reunida, autor del eficaz prólogo (del gusto, por eso, de Larkin), de las no menos atinadas notas y del primero de los libros incluidos. Ventanas altas conserva la interpretación de Marcelo Cohen. En resumen, estamos, como Alou sugiere, ante "un buen doblaje", una manera práctica de entender la tarea del traductor.
A estos libros, para tener el mapa completo, sólo cabe añadir El barco del norte, del que tenemos una versión en español (Acuarela Libros, 1999), de Jesús Llorente Sanjuán.
Me gustó el artículo que publicó en El País Enrique Vila-Matas sobre la poesía de este inglés por los cuatro costados, discípulo del gran Thomas Hardy. "Una mente exigente pensando en voz alta", dice Andrew Motion (su biógrafo) que sintió Larkin al leer al novelista que devino poeta. 
Uno siempre ha admirado su poesía sobria, racional, contenida, de la cotidianidad (el matrimonio, la familia, Inglaterra, el jazz...), de "palabras sencillas", de "hechos observables", como resalta Alou, quien añade: "Lo que a él le interesa es la verdad". 
Hay poemas perfectos: "Deseos", "Aquí", "Mr. Bleaney", "Qué triste el hogar", "Las bodas de Pentecostés", "Dockery e hijo", "Referencia al pasado", "Una tumba para los Arundel", "Ventanas altas", "Los viejos bobos", "Sábado de feria"... En el mejor tono, el más genuino, de eso que por aquí llamamos "poesía inglesa" y que algunos -pocos- de los nuestros llevaron a sus versos y que, a veces, coincide con eso que se denominó "poesía de la experiencia". Uno prefiere remontarse más atrás y evocar a Cernuda o a Gil de Biedma, por ejemplo. 
Ningún amante de la poesía, creo yo, debería perderse la de Larkin. A uno, ya ven, le gustaría volver a descubrirla por primera vez. Algo que no se olvida.

12.9.14

El ahuehuete

Aquí atrás, viendo un programa que me gusta, de la 2, Paraísos cercanos, me encontré con un ahuehuete, el árbol más viejo y grande del mundo (tiene más de dos mil años). Árbol del Tule le llaman y según el diccionario de la Real Academia pertenece a la familia de las Cupresáceas, es originario de América del Norte y tiene una madera semejante a la del ciprés. Por su elegancia, añaden los académicos, se cultiva como planta de jardín. Éste está en Oaxaca, México.
Por casualidad, ojeando La Gaceta del FCE, me topé con otro, el de este poema inédito de Alberto Blanco, de su próxima obra: Libro de las plantas.

Este viejo
espíritu del agua
tiene los pensamientos
más poderosos de su especie.

Sabe de los otros
espíritus elementales
y de sus antiguas leyendas
en las corrientes subterráneas.

Ojo por ojo
el ahuehuete lleva
del descuido de los hombres
las cuentas perfectamente claras;

Hoja por hoja
con cada rama juega
con la lluvia y los vientos
como si fuera suya la eternidad.

11.9.14

El sorprendente Pinsky

Le sigue a uno asombrando, libro sí y libro también, la colección de poesía de la hispanomexicana Vaso Roto. Me consta que en el último año ha aumentado sus ventas en porcentajes muy altos, más si tenemos en cuenta de lo que hablamos y cómo está el panorama. No me extraña. Buena prueba de ello es Guinza samba, una amplia selección de poemas escogidos del norteamericano Robert Pinsky (New Jersey, 1940). Además de libros de poemas, ha escrito prosa, ha traducido (a Dante y Schiller, por ejemplo), fue elegido tres veces consecutivas Poeta Laureado de Estados Unidos (1997-2000), un hecho sin precedentes y fundó el Proyecto del Poema Favorito, una idea que manifiesta su fama como promotor público de poesía, de divulgador de los versos y defensor de "la necesidad histórica de la poesía en sociedad". No en vano se le ha denominado "el último de los poetas «cívicos» o «públicos» de su generación". Una defensa, por cierto, que no se limita al ámbito de las nuevas tecnologías (creó una revista digital y hasta un videojuego), sino también al del tradicional libro impreso con aportaciones importantes en el campo de la crítica y el ensayo. Por todo ello, este licenciado por la Universidad de Rutgers que luego consiguió una maestría y un doctorado en Filosofía por la Universidad de Stanford, ha sido considerado en USA un poeta-crítico de referencia.
Para cubrir el vacío de su obra poética en español, Luis Alberto Ambroggio se propuso la tarea de traducirla. Por el camino, y gracias a Pinsky, entró en contacto con Andrés Catalán, el joven poeta y traductor salmantino, que había publicado en la revista Cuadernos Hispanoamericanos una versión de su poema "Imposible de contar", el mismo que se recitaba (apenas un fragmento) en un episodio de Los Simpson. Los caminos de la poesía, sí, son inescrutables. Ahora, por fin, contamos con la antología que comentamos y con un prólogo de Ambroggio y un epílogo de Catalán (que traduce magníficamente once poemas de los treinta y cuatro del conjunto) que clarifican ante quien estamos, cómo concibe la escritura y qué escribe el autor de Gulf Music: Poems, quien, como se nos explica, hizo "propuestas de selección y orden de sus poemas para la antología". El desafío era peligroso; sin embargo, como quería Vallcorba, han conseguido una traducción casi "transparente". Porque, decía el editor, "una traducción debe poder leerse como si no lo fuera, como si hubiera sido escrita en la lengua que estamos leyendo". A pesar de Frost.
Lo que viene después, los poemas de Pinsky, es tan sorprendente que uno, a pesar de la edad y de las muchas páginas que ya lleva a sus espaldas, diría que ha descubierto ahora la poesía. Es una sensación extraña, sin duda, pero muy gratificante. Puede que todo esté escrito y hasta leído (a lo Mallarmé), pero, a la vista está, sigue siendo posible que un poeta nos lo vuelva a decir como si fuera la primera vez. Y eso hace, a mi modesto parecer, Pinsky. En "Canto samurái", un comienzo por todo lo alto, "Camisa", "La ciudad", "Comida", "A la televisión", "El olvido", "Imposible de contar" (que sería una manera de contar lo que uno siente), "Ballena", "Tenis" (que haría las delicias de mi amigo Miguel Ángel Lama, que lo juega), "Criterios de Alcibiades" (con unos versos finales memorables)... 
Guinza samba -que aunque alude a la música, pasión confesa de Pinsky, no me gusta como título- es un dechado de capacidad poética, de técnica sobresaliente y de imaginación desbordante. Esa "destreza combinada con lo mundano, rapidez deslumbrante del mago fusionada con inteligencia sutil, un gusto por las tareas y asignaciones para las que él elabora soluciones ingeniosas", de la que habló mi admirada Louise Glück, tras compararlo con el mismísimo Shakespeare. 
Acaso estos versos de "Las cosas más a manos" me sirvan para expresar mejor mis sentimientos ante la poesía de Pinsky: "El miedo del lector a acabarse un libro, la pérdida de un mundo, / y también el miedo del lector a empezar un libro, a resultar / secuestrado por un nuevo mundo, por un espíritu o espíritus desconocidos."

10.9.14

Carta de Gijón

Del blog de Paco Nadal
Hacía tiempo que nos debíamos un viaje a Gijón. La excusa de pasar lejos de Plasencia el Día de Extremadura era perfecta. Al lado del leopardiano Elogio del horizonte, fuera de esta atosigante pequeñez provinciana.
La última vez que estuvimos allí fue en 2010, con motivo de la boda de P. Esa ciudad es tan importante para nosotros que la visita era, sí, obligatoria. Por salutífera. Como estaba previsto, primó lo afectivo y sentimental. Sólo P. nos esperaba allí. Nos encontramos apenas un rato en una terraza. Iba camino de Taramundi. Para nosotros, parte de Gijón.
M. y M., y antes sus padres, murieron. Fueron nuestra familia gijonesa. Por mía la tuve y la tengo. Por eso nos alojamos en un hotel de la calle Manso, a un paso de aquella casa, en el barrio de La Arena, frente a la playa de San Lorenzo, en El Muro. (En ese paseo vivía un personaje de Las murallas del mundo, donde esa ciudad es también protagonista.)
El sábado pudimos pasar la tarde en la playa y hasta bañarnos. El domingo dimos un largo paseo en dirección a La Providencia, por la orilla del mar. Y hemos podido degustar los manjares norteños y beber sidra como si, en nosotros, eso fuera natural y caminar y caminar Muro arriba y Muro abajo, por el Paseo de Begoña (donde vimos el Dindurra cerrado por obras y una oleoteca de la placentina firma La Chinata en la cercana Covadonga) y por la calle Corrida y las que forman el centro comercial gijonés, por delante (era festivo) de las librerías La Central y Paradiso y, en, fin, por el barrio de Cimadevilla y el puerto deportivo. Precisamente allí nos topamos por sorpresa con una exposición de nuestro paisano J. Carrero, que expone en el Palacio Revillagigedo. Y con media familia al día siguiente, en la puerta de Casa Fernando (donde comimos de pena), poco antes de que descargara un tormentón de los que hacen época. Y siempre, acá y allá, la memoria de esos sitios donde fuimos felices. Con nuestros hijos pequeños, con las primas y los tíos, con los amigos (Jordi Doce, por ejemplo, a quien conocí allí). Y cuando no estábamos en ruta, mirábamos sin cansarnos por los ventanales de la habitación, viendo el infinito sucederse de la gente que por la playa o por el paseo iba y venía, donde vimos pasar, a pie de acera, la vuelta ciclista a España. 
Los recuerdos nos llevaron al mercadillo dominical del Molinón y no dejaron de hilarse anécdotas en todas partes; en el parque, por ejemplo. Cosa distinta fue la visita (¡lo que nos costó llegar!) al cementerio de Cenero, donde están enterrados los cuatro miembros de la familia Gómez-Castelao a los que tanto echamos de menos.
La vuelta no fue como siempre, carretera adelante. Y. propuso comer en León y visitar un lugar donde uno sólo había estado de paso. La reciente lectura de los diarios de Fierro (y antes, durante años y años, los de Trapiello), harían más grata esa tarea. Y así fue. Comimos estupendamente en Ezequiel y callejeamos por la catedral y el Barrio Húmedo como cualquier turista que se precie. También nos acercamos hasta el Parador de San Marcos, un edificio de impresionante planta.
Las tormentas nos recordaron después que el otoño se acerca y que el verano, con prórroga o sin ella (hacía años que uno no se bañaba tanto en septiembre), se termina. Al final, éste ha merecido la pena.

9.9.14

Poesía veraniega

Venía uno de leer un durísimo comentario de mi estimado Paco León sobre un poema de Luis Alberto de Cuenca (y acerca de la poesía de la experiencia -a la española- en general) que abre el número 4 de Cuaderno Ático, por lo que la lectura del nuevo libro del poeta madrileño, Cuaderno de vacaciones (Palabra de Honor. Visor) empezaba, sí, de aquella manera.
Nos acercamos a Cádiz y compré mi ejemplar en Quorum, en la preciosa y concurrida Calle Ancha. Aquella misma tarde, en la esquina de un banco de la popular Plaza del Palillero, con fresco viento de poniente y conversaciones de la más genuina experiencia (entre chocho va y chocho viene), lo leí casi entero. Son 85 poemas escritos en los veranos que van de 2009 al 2012 y está dividido en distintos epígrafes que no siempre coinciden con años completos. En la nota previa, Luis Alberto de Cuenca nos dice que "la poesía es un vicio, y de los más entrañables y deliciosos" y que "hacer versos es una fiesta, algo muy parecido a la felicidad". Luego, cuando vas leyendo, te vas dando cuenta de que afirmaciones tan sencillas como ésas dan frutos así, sencillos también, tan claros como la poética sobre la que se sustenta la poesía de este autor, al menos desde La caja de plata, cuando empezó a mezclar, según sus propias palabras, "clasicismo y cotidianidad".  "Si amas la poesía, amas la claridad", escribe. 
Estamos ante las viejas obsesiones de siempre: los clásicos ("Apología de los clásicos"), Borges, el culturalismo, los héroes -y los superhéroes-, el cómic, el cine, las sagas nórdicas, las mujeres, el mundo celta, la Biblia, la noche, pero también ante nuevas maneras de decir lo mismo. Y el amor, por supuesto, al que dedica toda la sección final ("Amor indestructible"), una de las correspondientes a 2012, del mismo modo que dedica la obra a su querida Alicia. Con novedades: la edad ("Vejez") impone un tono melancólico ("Melancolía"), donde aflora el miedo (por cercanía) a la muerte. Y a la vida, claro. Así, en "Plegaria de la buena muerte", donde el tono humorístico no oculta ese temor. El paradigma puede ser "¡Ah de la vida!", un poema que marca además una línea más introspectiva y hasta, digamos, metafísica que es, por cierto, la que más me ha interesado del conjunto. En poemas como "Caverna perpetua" o "Confesión general". 
Se insiste en la poesía como consolación, en "Consolatio ad se ipsum...", "Le jour sort de la nuit" y "Cuesta creerlo", por ejemplo
No falta, al revés, la frivolidad a la que esta poesía nos tiene acostumbrados, como en el poema sobre la Movida madrileña que dedica a su amigo Fernando González de Canales. 
Le cuesta, con todo, fijar la realidad, que duda que exista "al margen / de las cuatro paredes de mi casa".
Que De Cuenca pertenece al sector de poetas prolíficos es un obviedad. Eso ni suma ni resta a la hora de juzgar su obra. Hay buenos poetas -poetas, a secas- entre los que han publicado mucho y entre los que no. ¿Le sobran algunos poemas a este libro? Puede que sí. Es una opinión personal, por descontado. Porque no dejan de ser comentarios, acotaciones, notas de lectura, sólo por eso. No es fácil, tras una trayectoria tan cumplida como la suya, evitar ciertas repeticiones que, no lo niego, harán las delicias de sus entregados lectores, que son muchos. Siempre habrá alguien que empiece a leer a este autor por este libro y a ese lector todo le parecerá nuevo y distinto. Al final, de lo que, para bien o para mal, casi nadie duda es de la necesaria presencia de Luis Alberto de Cuenca y de su poesía en la historia de la literatura española contemporánea. Por lo que vale en sí misma y por lo que ha influido en los versos de tantos vates de la hispanidad. Siquiera sea por contraste, que de todo hay, por suerte, en la viña del Señor.

8.9.14

Javier Morales y su relato ejemplar

Javier Morales (Plasencia, 1968) publica Ocho cuentos y medio en la editorial Baile del Sol, dentro de la colección Sitio de fuego
Tras su primera novela, Pequeñas biografías por encargo, Morales vuelve al relato corto, donde me da que se siente más seguro. Hasta donde eso es posible en literatura.
El "medio" del título hace referencia a que son historias que el lector debe terminar, sin finales cerrados. La sugerencia, la fragilidad, la sutileza son marcas de la casa y eso agrada a este lector, que siempre camina inseguro por las sinuosas sendas narrativas. 
El delgado volumen, cargado de historias cotidianas, tiene un regalo añadido: "Caídos del cielo", un relato ejemplar, a modo de epílogo, un guiño cómplice entre colegas, de uno de nuestros mejores cuentistas, el santanderino de Palencia Gonzalo Calcedo.

P. D. Miguel Ángel Lama ha publicado en su blog una interesante reseña del libro. 

Nota: Esta reseñina apareció en planVe.

Los animales de Martí

No sé por qué no he leído antes este pequeño libro de mi admirado Orlando González Esteva, poeta cubano de Miami. Un misterio. Y una equivocación.
Animal que escribe (Vaso Roto) abrió la preciosa colección Cardinales. Era el único de los volúmenes aparecidos ahí que no había comentado en este rincón, aunque ya me espera la lectura de uno nuevo, Zona de divagar, de Jordi Doce, y la adquisición de otro más: Teresa de Ávila, de Kate O'Brian
En Animal que escribe, González Esteva analiza de una forma tan sagaz como entretenida la obra de José Martí y su relación con los animales, una presencia constante y sustancial, en cualquiera de sus formas: la poesía, la prosa, el artículo periodístico... La mariposa, la araña, la mosca, el caballo, la mula, el jabalí, la hormiga, la abeja, el elefante... Sí, "el animal de Martí es un mutante". Como bien decía el autor de Versos sencillos, "Cada hombre lleva en sí todo el mundo animal". Martí no hablaba el idioma de los animales (Esteva alude, en concreto, al de los insectos), pero, podemos generalizar, lo entiende. 
Pero hay mucho más que un profundo conocimiento de la obra martiniana en este tratado. Basta leer sobre los zapatos del poeta o el capítulo "Teosia" o, en fin, el dedicado al descubrimiento del micrófono (Esteva es un profesional de la radio), "No matarás". 
También son muy significativas las constantes reflexiones y comentarios sobre los cubanos, su patria (para muchos perdida) y la cubanidad (un término para englobar ese problema), como es fácil de imaginar en un exiliado de la isla que se refiere a la vida y obra del, acaso, mayor poeta cubano de todos los tiempos. El poeta nacional, digamos. 
El tono del ensayo es personal y eso ayuda al lector, que se inmiscuye de manera directa en lo que se canta y se cuenta en esas páginas.
Para finalizar, más allá de lo que la obra tiene de reivindicación y redescubrimiento de la literatura de Martí, destacaría una faceta del poeta que uno desconocía: la de defensor de los animales (en contra de las corridas de toros, por ejemplo), lo que le llevó no sólo a escribir páginas magníficas a favor de esos seres complementarios, sino a elogiar a Henry Bergh, creador de la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad contra los Animales, y su tarea proteccionista. Inspirado en él, dijo: "No se debería escribir con letras, sino con actos". 

7.9.14

Adelfas

Mil veces he comentado aquí que me considero un mal lector de novela (de narrativa en general) y otras tantas que adoro Sicilia, donde nunca he estado ("la otra Extremadura", al decir de Andrés Trapiello), y casi todo lo siciliano, en especial a algunos escritores de esa isla. Descubrí a Simonetta Agnello Hornby, que nació en Palermo y vive en Londres  desde 1972 dedicada a la abogacía, gracias a su ópera prima, La Mennulara, publicada aquí por Tusquets, como el resto de su obra. Con todo, no había vuelto a leer nada suyo hasta este verano, para el que reservé, anticipándome a ese deleite, El veneno de las adelfas, precioso título (en italiano también: Il veleno dell'oleandro) para una novela, ya dije, deliciosa. 
Conviene destacar cuanto antes la traducción de Carlos Gumpert, que ha conservado numerosas expresiones en italiano (con su consiguiente traducción al lado); sicilianas, para ser más exactos. Una de ellas, central para la comprensión de la obra, dice: "Nuddu ammiscatu cu nenti" (eres un nadie mezclado con nada, o, para nosotros, un don nadie).
Toda la historia transcurre en unos pocos días de mayo (que se consignan en cada capítulo con día y hora) y la narración no es lineal. Los narradores son dos: Mara y Bede, protagonistas fundamentales del relato. 
Al fondo, una casa de campo ("Aquel era el lugar de lo imaginario"), la mítica Pedrara, una villa perdida en la Sicilia del Monti Iblei y Ragusa, que SAH describe con maestría, y una familia (o dos: los Carpinteri y los Lo Mondo), de las que son infelices a su particular manera. Y, claro está, sus secretos (el "asunto"): "Saber, conocer, compartir, eso es lo que nos faltaba a todos nosotros". Y Anna, la tía, un personaje central.
Nada comentaré de la trama, que es ágil, bien trabada, que entretiene y engancha, sí, pero que, además, hace pensar, como a uno le gusta. 
Llegó tarde a la literatura esta londinense de Palermo, lo que no significa, ya se ve, que no lo hiciera a tiempo. Volveré sobre esos libros suyos que no he leído; sobre todo, Boca sellada y La monja y el capitán. Estoy seguro de que merecen ese viaje. 

6.9.14

Los diarios de Fierro

Debo a Manuel Vicente González, Manolo Cerebro para los amigos, el placer de haber leído este libro, ópera prima de un señor que nació en Chozas de Arriba (que no es mal sitio) en 1956; esto es, a mediados del siglo pasado. Aquél es el principal instigador de la apuesta, algo a lo que se alude con frecuencia a lo largo del relato. 
Una habitación en Europa, que es un título hermoso, reúne los diarios que este fiscal y dibujante leonés escribió entre 2010 y 2012 y lo publica Eolas Ediciones, ya que la editorial de Cerebro se fue al garete en el transcurso de su escritura. 
Como en el caso de su paisano Juan Carlos Pajares, Fierro es colaborador de la revista cultural Tam Tam Press, donde su sección se denomina "Querido diario". Así, aunque "ciberescéptico" (por usar un término usado por él), se puede afirmar que antes que en la tradicional (y mejor) forma de libro, sus diarios vieron la luz a través de la Red. Nadie escapa a su época.
Su amigo Julio Llamazares ha elogiado la publicación del volumen en un precioso artículo que apareció en Babelia bajo el rótulo "Escritores ocultos" y ha hecho bien en proclamar que es "uno de los libros más hermosos de cuantos se han publicado este año en nuestro país", advirtiendo que su amistad con el autor no condiciona ese juicio. Uno piensa lo mismo y, ya digo, desconocía la existencia de este hombre. Bueno, sí y no, luego he reparado que había leído algo suyo, unas páginas de este obra, "Diario before London", en el número 91 de la revista Clarín, del año 2011, las que abren ahora el volumen, que se divide en capítulos con título pero sin fecha.
En una entrevista con Eloísa Otero, Fierro ha declarado: “Si me preguntas qué contiene el libro te diré que es un ejemplo de esos géneros híbridos, una miscelánea: pequeñas narraciones o cuentos, breves ensayos, literatura de viajes, esbozos de poemas, conferencias y cartas, y también colaboraciones de otros; aunque predominan –ganan por goleada- las anotaciones de un diario personal.
Y hay citas de muchos autores, sobre todo poetas. Es el diario de un lector agradecido. Lo importante es leer. Y leer poesía la mejor gimnasia para la mente, la escritura, la vida. ¿Quién dijo aquello de ‘no leer poesía es como no enamorarse nunca’?” Tras lo dicho por Llamazares y por él mismo, poco puede uno añadir. Con todo, destacaría las referencias a la arquitectura, el cine, la música y la pintura (el libro está ilustrado con dibujos suyos), a los viajes (interiores casi siempre o a lugares cercanos, europeos y civilizados), a la familia (Mar, su mujer -crítica y mecanógrafa, a quien está dedicada la obra-, sus hijos, su nieta...); a la poesía (no le gustan los "poemas enumerativos" y sí la, digamos, poesía de la experiencia, basta ver los poetas que menciona)... Encontramos un par de poemas inéditos (uno de ellos versionado por Antonio Manilla) y algunos aforismos entreverados: "Quizá los académicos de la lengua sean los políticos de la literatura". O: "Darle vueltas a las cosas, igual que a las rotondas, mejora la circulación". Y mucha ironía y tanto o más humor. Abundan, en este sentido, comentarios acerca de lo que escribe, puesto siempre en cuestión. Así, "Este diario no es mentiroso; quien lo escribe nada novela, carece de imaginación". O: "Podría decir que escribo para mí". O: "Uno describe banalidades y poco más". O: "Lo importante es leer (o escribir)". De "pura rutina" califica este hombre su vida.
Por los autores que ha leído (a los mejores dedica un capítulo: "Diario de los nombres", donde están Azúa, Zagajewski, Brodsky, Camba, Tranströmer, Samuel Jhonson, Zweig, la literatura de Internet, Auden, González Ruano, Borges, Pla, Eugenio D'Ors, Steiner, Elie Faure y Ferlosio, ya se dijo), por los que nombra al final: García Martín ("No conozco para estos desvelos de escribir mejor tutor; yo lo nombraría mi ángel de la guarda"), Julio (Llamazares), (Andrés) Trapiello, Margarit y Mainer, y, lo fundamental, por el tono o estilo que gasta, en una prosa neutra y sin alardes, el libro no ha podido gustarme más.
Aunque vivamos en mundos distintos, ejerzamos profesiones contrarias (él se ocupa, según creo, de menores), habitemos en ciudades diferentes (ambas de la negra provincia) y poco o nada tengan que ver entre sí nuestras respectivas existencias -pasadas, presentes o futuras-, como lector encuentro similitudes (la hipocondría, la melancolía) y no puedo por menos que compartir, a debida distancia, apreciaciones, opiniones y demás puntos de vista, que, como digo, vienen a coincidir con los de uno. Las políticas, pongo por caso.
Comparaciones al margen (no sólo los lectores de narrativa se identifican con los personajes literarios), nada malo podría decir de alguien que ama la poesía como Avelino Fierro (Ave para los próximos), con ese fervor del que habla Zagajewski: "Con la cosas bien serias, como la poesía, hay que ser beligerante".
Reconozco, y termino, que soy un devoto de este tipo de libros. Me entretienen muchísimo. Más cuando a la confidencia se une la lucidez. Ah, éste lo he leído por entero en un sólo lugar: la piscina del Kilómetro 4 (en la Nacional 110. Soria-Plasencia, ahora Hotel Ciudad de Plasencia), un lugar de mi adolescencia y primera juventud que he recuperado este verano. Ha sido, pues, una lectura solar y piscinera que se ha adaptado muy bien a ese particular microclima. Apenas se ha mojado. 

5.9.14

La provincia

© Ariasgonzalo
Agustín García Simón ha escrito un libro que necesito leer: Retrato de un hombre libre: conversaciones con don Santiago de los Mozos. Lo publicó Renacimiento en 2012
Raúl Maícas cita en "La primera patria" (Turia, nº 111) el siguiente párrafo: "Hay un momento en que la vida de la provincia resulta sencillamente insoportable y la alternativa de las grandes ciudades, por su dureza, ya no es atractiva cuando se han cumplido unos cuantos años y uno se gana la vida razonablemente. La asfixia que produce la provincia en cualquier inteligencia sensible y desarrollada va estrangulándola con el paso de los años hasta producir el efecto del garrote vil. La provincia no sólo te ningunea si no aceptas su trágala cursi y casposo, envidioso y relamido, zafio como un esputo, sino que te somete a una especie de muerte civil, en la que, no obstante, te permite un mínimo resuello, los espasmos suficientes para que contemples todavía el triunfo perenne de la mugre, la prevalencia de la vulgaridad satisfecha." 

4.9.14

Moga: antología

Amargord Ediciones ha publicado, con un gran sentido de la oportunidad, El corazón, la nada (Antología poética 1994-2014), de Eduardo Moga (Barcelona, 1962). Es su primera miscelánea y el prólogo (un lujo que compartimos) es de Jordi Doce. Éste, que conoce muy bien la poética y la poesía de Moga, acierta de pleno en su indagación sobre los versos del poeta catalán (en castellano). Así, cuando señala "su acento apremiante, torrencial". O su "fuerza" y "exuberancia". También "el principio de contradicción" (tan humano) que alienta en cuanto emprende, vida incluida (basta con visitar su blog). Léase el título de la obra. O su "filiación barroca". O la importancia de la imaginación, en su más pleno sentido, y la obsesión por la muerte; "la gran enemiga", por decirlo "en barroco". Destaca Doce además el uso del poema en prosa (por llamarlo de algún modo: aquí las convenciones sobran) y el "impulso autobiográfico", "descenso al tiempo cotidiano", que observamos en su escritura. Moga, por lo demás, se declara autor de libros, no de poemas, por eso, dentro de ellos, los títulos huelgan.
Termina su análisis JD con algunos elogios al autor; por ejemplo, que "El actor principal de estos poemas, la voz que los enuncia, es alguien que no ceja en su tarea de percibir y comprender el mundo, de indagar qué se esconde o qué persiste bajo la superficie mientras se hace preguntas intranquilas sobre el lugar que él mismo ocupa –el papel que interpreta– en ese mundo. Es, en este sentido, un trasunto perfecto de su autor, una de las figuras más lúcidas y activas de su generación, que es la mía: crítico infatigable, traductor y editor influyente, todo un ejemplo para quienes le frecuentamos", y que nos ha dado "algunas de las páginas más vivas y veraces -más intensas- de nuestra poesía última".
A continuación, un puñado de poemas de sus libros: Ángel mortal (1994), La luz oída (1996), La ordenación del miedo (1997), Diez sonetos (1998), El barro en la mirada (1998), Unánime fuego (1999 y 2007), El corazón, la nada (1999), La montaña hendida (2002), Las horas y los labios (2003), Soliloquio para dos (2006), Cuerpo sin mí (2007), Los haikús del tren (2007), Seis sextinas soeces (2008), Bajo la piel, los días (2010), El desierto verde (2011 y 2012), Insumisión (2013), Dices (2014) y Décimas de fiebre (2014).
Las 29 páginas que ocupa el epílogo que firma Moga, "Una poética y algo de historia", es, sin duda otra de las razones por las que merece la pena acercarse a esta antología. En su prosa y en sus ideas, que son lo mismo, vemos retratarse al barcelonés residente en Londres con una claridad llamativa. Al poeta y, sobra decirlo, a su mundo, tan particular como potente, tan singular como provocador. No dejarán estas páginas a nadie indiferente. Para bien o para mal, que con los lectores de poesía nunca se sabe. 

3.9.14

Extremeñidades

Agosto es un mes cargante. Podría entrar en pormenores, pero prefiero dejarlo así. Bueno, no del todo. Daré un par de muestras de su presunta irritabilidad. Acaso las más llevaderas. Por ejemplo, esa rimbombancia de los Premios Ceres, un dispendio a costa del erario con el que cada año nos castiga, desde hace dos, el Gobierno -antes Junta- de Extremadura. Que con ese dinero gastado a lo tonto, en tiempos de penuria, y para nada se podrían hacer muchas otras cosas (editar algún libro más y mejor, pongo por caso) es algo que a los responsables de la cultura regional les importa sencillamente un pimiento. ¿O es que, como Parejo vino decir, creen que un festival de teatro y toda la política cultural de una Comunidad Autónoma son lo mismo? Más si tenemos en cuenta que la gestión, elogiada por todos, es privada; del empresario Cimarro, para ser exactos.
Pero hay que ver lo que luce. Y a uno, sin embargo, le da vergüenza ajena. Rarito que soy. Reconozco -otra rareza- que no me entusiasma el teatro (si acaso, leído) y tampoco los actores. A uno lo del fingimiento... No, no porque interpreten mal, al revés (aunque haya de todo), sino por lo bien que se adaptan al gobernante de turno y lo fácil que les resulta hacerle unas gracietas. Al bufonesco modo, incluso. ¿Y estos son los famosos de "la ceja", los vilipendiados del PP? ¿Los radicales de izquierda? Será de Izquierda Unida, por lo de la comparsa. ¡Cuánta hipocresía! ¡Y luego se quejan de lo del 21% del IVA cultural! Mis entendederas, lo reconozco, no dan para tanto. Para tanta impostura, quiero decir.
Lo de las pocas tragaderas de uno empieza a ser preocupante. ¡Con la de gente que disfruta con el evento!, ya digo. Mi madre, sin ir más lejos. "¿Verías lo de los Ceres? ¡Qué preciosidad!", me comentó encantada el otro día. Hasta Ana Belén le gustó.
En 45 minutos, nos cuentan las crónicas, se agotaron las entradas gratuitas para asistir a la gala que, un añito más, presentó el inefable Carlos Sobera, quien, según El País, dejó caer con sorna una hora después de empezar el espectáculo: "Este año os veo flojos, nadie me habla del IVA".
Sí, dirá alguno (y yo con él), pero cantó Poveda. ¿Y eso? Pues nada, lo dicho, que uno no lo comprende, ni más ni menos.
Por seguir con la cosa institucional, otro latoso asunto agosteño es el de las Medallas de Extremadura, tan devaluadas las pobres desde hace lustros, excepciones mediante. La verdad es que el asunto mueve, como mucho, a risa. Sí, porque carcajéate tú de la radicalidad de los actores que viajan a Mérida al lado de la Robe Iniesta, de Extremoduro, y ya ven: acaban de concederle una. Por su contribución al engrandecimiento de su patria chica, supongo. Bastaría con recordar la letra de "Extremaydura", aquello de "Hizo el mundo en siete días, Extremaydura al octavo, a ver qué coño salía, y ese día no había giñado. Cago en Dios en Cáceres y en Badajoz, cago en Dios en Cáceres y en Badajoz, cago en Dios en Cáceres y en Badajoz, cago en Dios en Cáceres y en Badajoz, en Cáceres y en Badajoz".
Como no podré asistir (a pesar de la amable invitación del Presidente, gracias), espero que la cante en el solemne acto de entrega. No es para menos. Por más que la derecha extremeña en general y algunos nominados en ediciones anteriores en particular, latón al cuello, tengan que disimular su disgusto y hasta taparse las narices ante tamaña mofa. ¡Jo, qué modernos somos!, dirán algunos. Rojos, rojos, rojos. De Podemos y más. Y no sólo el jefe. 
Uno, ingenuo que es, se pregunta para terminar: ¿tendrá esto algo que ver con que el gobierno de Monago (que es quien ha propuesto al medallista, que para eso es el que manda) haya subvencionado recientemente con fondos públicos al marginal grupo rockero del placentino? No me digan que no es para partirse de la risa. O de la pena, que de todo habrá. ¡Marchando una de himnos!

P. D. Ah, que vayan acuñando una medalla para Loquillo. El lumbrera se la ha ganado. 

2.9.14

Caronte vuelve

Hace apenas dos años que Jesús García Calderón publicó La mirada desnuda. La Isla de Siltolá recoge ahora en su catálogo, dentro de la colección TierraLas visitas de Caronte.
De mi fervor por la poesía calderoniana ya he hablado otras veces y este libro ahonda en ese entusiasmo porque no es, o eso me parece, un libro más en su trayectoria. No puede serlo cuando el autor se acerca al tema eterno, ah paradoja, de la muerte. Las citas que lo abren -elocuentes- son poderosas y clásicas: de Virgilio, Dante y Milton. Ya el primer poema, "Orfandad y torpeza" se nos introduce de lleno en el asunto a través de la muerte de la madre. No es la única del libro. A ésta, tan decisiva en la vida de cualquiera, hay que sumar la de una hermana y un amigo.
Se alternan en el volumen los poemas más personales, de tono autobiográfico (que nunca ha eludido García Calderón, santo y seña de su poética), con otros donde prima lo reflexivo y lo mítico, en torno, claro, a la figura de Caronte. Son meditaciones, se diría, de aire metafísico (ma non troppo), versos más abstractos que, sin duda, aluden, siquiera de lejos, a lo concreto. Versos de pensamiento que dan lugar a una poesía poco transitada antes por el poeta extremeño.
Si nos fijamos en los primeros, los escritos sin ambages en primera persona, podemos mencionar "Despedida", "El tiempo sin principio" ("mi alma son los seres que he querido"), "Tarde en el cementerio" (con palabras de Eliot: "Morimos con los muertos"), "El manto del olvido" (con un epígrafe de Vicente Sabido, nuestro añorado amigo muerto), "Las voces" (que empieza: "Recuerdo los consejos que me daba mi madre"), "La amistad", "Mi voz desde la orilla" (con su hermana al fondo), "La mascota" (un muerto más, de la familia también) o "La muerte" que, junto al primero, acaso sea el más emocionante del conjunto. Se abre el ataúd de su padre, fallecido prematuramente (el recordado periodista Antonio García Orio-Zabala), muchos años después, cuando el poeta era casi un niño: "Yo solo lo miraba y lo quería. / Nunca he querido a nadie como quise / aquel noble despojo."
Entre los segundos, destacaría "La orilla de los labios", "Caronte vuelve" ("ve tranquila, mi hermana más pequeña / y no temas los ojos de Caronte"), "Tránsito", "Derrota de la mirada", "Derrota de la ambición", "El alma detenida"...
Señalo un poema especial: "Silva sin nombre". Comienza: "Alguien que no conozco / me aconsejó que cantara a la vida". Y más adelante escribe: "No se puede cantar / que se quiere vivir". Y por fin: "Vivir es no saber porqué vivimos".
La lectura del poema final, "Una breve postal desde la vida", nos deja un regusto dulce. A pesar de los pesares, de "la nada feroz de los antiguos", los besos y la vida.