31.5.16

Balduque

Es una editorial murciana que nació en 2014 y de la que ahora me llegan algunas entregas. Como Cabalgar en las alas de la tormenta, del mexicano Efraín Bartolomé, con prólogo de Soren Peñalver, y donde encontramos vitales versos llenos de amor, sensualidad y erotismo. Noelia Illán anota en el epílogo que "Se trata aquí de la exaltación del amor en su sentido más puro, un canto a la mujer y a esa fuerza avasallante, casi destructora -a veces- que es el amor".
De Bartolomé tenía uno en la estantería Oficio: Arder. Obra poética 1982-1997, un grueso volumen de 545 páginas que publicó Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1999.
De la colección "Poesía", Mal, de José Daniel Espejo; Cantando en voz baja, de Héctor Castilla; y El mundo sin usted, de Francisco Vicente Conesa. El primero y el tercero son poetas naturales de Cartagena y el segundo, de Orihuela. Los dos primeros, del 75 y del 71, respectivamente. El tercero, del 94. Los tres, autores de una poesía cercana a la que aquí se denominó de la experiencia, de tono conversacional, figurativa, urbana y de línea clara.
Es de destacar la impecable factura de los libros, cuidados con el celo que, desde antiguo, suele distinguir a los editores de poesía. A los modestos y a los más grandes, que en esto suelen parecerse.

30.5.16

El lugar del poeta

Vimos desde el principio que la revista literaria Años diez, vinculada a la editorial granadina Cuadernos del Vigía y dirigida por Juan Carlos Reche y Abraham Gragera, iba en serio. Para empezar, porque ellos dos son poetas serios. Lo comentamos aquí cuando salió su primer número y volvimos a ratificarlo cuando lo hizo el segundo. El tercero les ha salido redondo y viene con intención de agitar, para bien y con sentido crítico, las tranquilas aguas de la lírica patria, cosa harto espinosa a tenor de la abundancia y diversidad de propuestas que pululan por el panorama. Y por la apatía y falta de autocrítica predominantes. No todo es crisis. Se trata, en todo caso, de un magnífico monográfico titulado "El lugar del poeta (Poesía española para el siglo XXI)" y el diseño, asunto nada baladí, es del uno de nuestros mejores y más acreditados tipógrafos: Alfonso Meléndez. 
No tiene uno tiempo ni puede dedicarle todo el espacio que merece al análisis, digamos, de los espléndidos textos que lo conforman y que uno ha leído, lápiz en ristre, con la pasión debida. Intentaré al menos ofrecer una impresión general donde no falte una pizca de rigor.
En su editorial, tan preciso, leemos: "Desde que con el nuevo siglo desaparecieran de nuestro panorama literario las tendencias dominantes y, con las nuevas voces de los poetas nacidos a finales de los sesenta, en los setenta y los ochenta, el paisaje se volviera demasiado complejo y rico como para simplificarlo, numerosas antologías y estudios críticos no han dejado de ofrecerse como guías de lectura en el mejor de los casos, o como plataformas promocionales en el peor". Y sigue: "En Años diez pensamos que la falta de estéticas dominantes no es un mal en sí mismo ni el reflejo de un periodo de transición. A nuestro juicio, la variedad, que siempre ha existido, es ahora más evidente y necesita lectores y críticos que sepan apreciarla. Aunque variedad, diversidad, no significa ausencia de rasgos comunes ni es garantía de calidad".
El lector avisado (y el que no) tiene oportunidad de comprender mejor esa rica complejidad gracias a los artículos, ensayos, poemas y poéticas de sus colaboradores. Abre el fuego, con un texto valiente y muy pensado, Juan Carlos Reche: "El cometido del poeta", ilustrado con unos esquemas muy didácticos. Me ha gustado su ponderada revisión de lo ocurrido estos años de atrás, su interpretación del presente y sus prospecciones de futuro. Termina: "Estamos en un momento de la historia en el que el poeta más actual tal vez sea el más clásico, es decir, el mejor informado, el más responsable".
Le siguen aportaciones teóricas: "Dos miradas sobre el referente", de Pere Ballart ("Mezquitas que eran fábricas, o el poder transformador de la poesía": "dime cómo llevarás a tu verso un simple limón y te diré cómo funciona, como apuesta semántica y estética, toda tu poesía") y Lorena Ventura ("Como un árbol que cae el fruto: sobre el sentido y la referencia en poesía", un asedio sobre espléndidamente tramado a partir de un poema de Juarroz donde queda claro que "la poesía reinaugura la realidad" y "crea al mundo diciéndolo"). Ballart y Ventura son profesores universitarios en la Autónoma de Barcelona y la UNAM de México, respectivamente.
En "Poética", una nueva sección de la revista, Abraham Gragera nos traslada su versión del asunto a través de una excelente serie de poemas titulada "Dos espaldas" y Juan Andrés García Román, que opta por la prosa, se explica de maravilla en "Neorromanticismo: una poética de la necesidad": "se impone que la poesía vuelva a ser lenguaje, y lengua y habla".  
En "Partes de la oración", los poetas Guillermo López Gallego (autor de Afro -que estoy deseando leer- y de un precioso texto a favor de la poesía y sobre la función del poeta donde no falta una inteligente meditación sobre la ironía), Carlos Pardo (también lúcido, como acostumbra, defiende el carácter "intempestivo" de la poesía y afirma, irónico: "El poeta es el tema de la obra o el único mensaje"), Fruela Fernández (que llama la atención sobre algo que uno viene recalcando: "la proliferación de abuelos y abuelas en la literatura reciente" y que aprecia en la misma "una preocupación creciente por lo heredado y lo compartido: las hablas, los gestos, las anomalías, las memorias regionales"), Martín-López Vega (que define la poesía como "el libro de instrucciones de la vida que no nos dan cuando nacemos" y que subraya, con la seguridad que le caracteriza, que los poemas "que prefiero leer y me gustaría escribir son los que exploran esos límites invisibles en los que estamos a punto de dejar de ser algo para ser otra cosa distinta") y Unai Velasco (autor de la frase: "La función principal de la poesía es tender ese puente de acceso al mundo, a su conocimiento y su mejora") se expresan a través de los elementos del sistema comunicativo. En este orden, al emisor, mensaje, receptor, contexto y código ("El nombre exacto de las cosas", añade Velasco). 
Sólo faltaría "canal", como hacen constar los editores. Se encargó, pero... Más allá de los rótulos y del juego lingüístico, cada uno de ellos se refiere a su obra y a lo que entiende que debe ser la poesía presente y aun futura de esta época. 
En "Las voces y los hechos" se recogen dos originales diálogos "intergeneracionales" entre Luis Muñoz y Ana Gorría, por una parte, y Álvaro García y David Leo García (el televisivo de Pasapalabra, sí), por otra, con la particularidad de que esta última conversación es... en verso (y rima).
Cierran la muestra un puñado de poemas inéditos de Mariano Peyrou (que acaba de publicar una novela), Luis Melgarejo, Juan Antonio Bernier (con rima y todo), Alberto Acerete (que me ha sorprendido, no recuerdo haber leído versos suyos), Martha Asunción Alonso (incluida en la antología Nacer en otro tiempo, como Velasco), Alberto Carpio y María do Cebreiro (traducida por Ismael Ramos).
Me da que habrá un antes y un después, en la revista y en el citado panorama poético español, a partir de este monográfico. Y que propiciará otros parecidos. Para eso, como dice Reche, la crítica tendrá que salir de su "letargo". Eso sí, será difícil acertar tanto y reunir a nombres capaces de hilvanar discursos tan rigurosos y sensatos. Tal vez porque pertenecen a una promoción brillante de nuestra lírica, aunque no estén aquí todos los que son. Un ejemplar para guardar, sin duda.

29.5.16

César Aira dixit

Isabel Permuy/ABC
Inés Martín Rodrigo y César Aira conversan mientras visitan las salas de la exposición de Wifredo Lam en el Reina Sofía.

- ¿Uno nace escritor o se hace escritor?
- No, los que nacen son los poetas.
- ¿Ah, sí?
- Sí.
- ¿Qué relación tiene usted con la poesía?
- Yo me hice escritor junto con un amigo, con Arturito (Arturo Carrera), mi gran amigo, y ahí yo vi, con los poemas que escribíamos a los 15 o 16 años, cómo él había sido poeta y yo no. Así que nos separamos los campos: yo me quedé con la prosa y él con la poesía. Y yo siento, ahora, que toda mi vida de escritor ha sido dar un largo rodeo para llegar a la poesía; creo que estoy llegando.
- ¿Está escribiendo poesía?
- No, no voy a escribirla nunca.
- Entonces, ¿a qué se refiere?
- Es que esa narrativa mía es una forma de poesía. Un joven escritor argentino, muy admirador, escribió una novela que se llama «La última de Aira», que es una novela imitadora de las mías; se publicó, y tuvo muy buenas críticas. Y es, exactamente, todo con mis trucos, mis procedimientos. La leí hasta la mitad y me salió un juicio espontáneo y natural: esta es una novela mía, pero escrita en prosa. Sentí que faltaba algo que yo no sabía que había en mis libros. Ahí me di cuenta de que estaba llegando.

28.5.16

Lunas de Oriente

En la estela de Luna de Poniente, la editorial emeritense De la Luna Libros inicia un nuevo proyecto, la colección Lunas de OrienteSi allí se pretendía recoger libros inéditos de poetas extremeños vivos y establecer, digamos, un canon, aquí el planteamiento es similar, pero con narradores. También veintisiete, tantos como letras del alfabeto. Las letras A y B se corresponden con las obras El mundo sumergido, de Alonso Guerrero, y Te tendré que matar, de Nicanor Gil. En lugar de poemas, relatos. Más o menos largos. No se ponían de acuerdo anoche en la presentación placentina del Verdugo, donde intervinieron, además de Marino González, uno de los directores de la colección (el otro, sentado en la sala, es Elías Moro), Gonzalo Hidalgo Bayal, Alonso Guerrero y Nicanor Gil, decía que no se ponían de acuerdo a la hora de decidir si El mundo sumergido era cuento largo o novela corta. Guerrero, el autor, era el único que defendía la primera opción. Poco importa eso si los textos alcanzan la altura literaria debida. Parece ser el caso y digo parece porque uno aún no ha tenido ocasión de leerlos. Por las palabras de GHB, presentador a su pesar (y a gusto de toda la concurrencia, que no deja de celebrar su perspicacia lectora), podemos deducir que la cosa empieza bien y quienes conocemos la pasión que los editores han puesto en la nueva empresa nos congratulamos de que así sea. 
Gil ha elegido continuar, a su manera, los crímenes ejemplares de Max Aub y Guerrero, en la misma línea de imaginación y de exigencia que le caracteriza, por encima de modas y modos al uso, pone en acción a Pepe Nirvana y "contesta a una cuestión que todo el mundo se ha planteado: por qué cuanto más nos elevamos hacia el absoluto, más caemos en el ridículo". 
Si en el caso de Luna de Poniente me tomé la licencia de opinar sobre cada uno de los títulos (salvo contadísimas excepciones), en esta ocasión me limitaré a leer esos libros con el interés que a buen seguro habrán de suscitar. Me consta que la lista de invitados es digna de elogio. Ojalá, en fin, les salga bien esta jugada a Marino y a Elías. Lo merecen. Están haciendo lo mejor que se puede hacer por esta pobre tierra: que quede escrita. 

Premio ÁCP























El jurado del II Premio Hispano-portugués de Poesía Joven «ÁNGEL CAMPOS PÁMPANO» ha acordado otorgar el Premio a la obra presentada con el título de Clepsidra, cuya autoría, una vez abierta la plica, ha resultado ser de JOANA ISABEL VENTURA CORTES, de la Escola Secundária Mouzinho da Silveira, de Portalegre (Portugal).
San Vicente de Alcántara, 26 de mayo!de 2016.

27.5.16

Una entrevista

“La de la poesía es una carrera de fondo” es el titular de la extensa entrevista que me hizo a finales del año pasado José Manuel Sánchez Moro, alumno de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Extremadura, editora de la revista Heterónima donde ahora aparece. En su número 2, que lleva, por cierto, un dibujo de Javier Fernández de Molina en la portada.
Aunque se publica en papel, en tirada reducida, ya se puede leer -en pdf. o en Issu, que cada cual elija- en la versión virtual de esa revista de creación y crítica que dirige el poeta Antonio Rivero Machina, profesor de la citada Facultad. Gracias. 

26.5.16

La Bernad

Sí, digo "la Bernad", en tono cordial, porque esta poeta zaragozana tiene algo de diva, y no por su "fama superlativa" (qué necesidad) ni porque vaya de estrella por la vida, sino por ese aire de cantante de ópera o de jazz que uno le encuentra cuando ve alguna fotografía suya, siempre con un aire de misterio, como la que le hizo María Teresa Gómez Puertas y que ilustra una de las primeras páginas de su libro Perros de noviembre (La Isla de Siltolá). Es el cuarto de poesía que publica, tras El mar del otro lado, Nostalgia armada y Caricias perplejas, de 2009. Fiel a sus principios poéticos y vitales, que aquí son una y la misma cosa, Olga Bernad apuesta por la pasión. Desde el principio, a partir de una cita de Bukowski: "Encuentra lo que amas y deja que te mate". No podía haber elegido mejor. De eso va este intenso puñado de poemas donde el amor es absoluto protagonista. Dos versos certeros inician el discurso: "Todos los héroes eran hombres solos". "Todos los héroes eran hombres tristes". El primero y el último de "Todos los héroes". Y más adelante, en esa línea de aciertos: "Seguí pensando en ti tan en silencio / que a veces ni yo misma lo sabía". 
De entre los muchos símbolos, la noche. En "Esta noche", por ejemplo. Noche donde se abisman los sentimientos, siempre encontrados. Sí, hay algo de oscuro y hasta de maldito en este libro. De amor, ya se dijo, y de desamor. "Alejarse de alguien es como irse del mar / cuando acaba el verano", leemos. O: "Dejar de amar a alguien se parece / tanto a perder la fe". En el filo de la navaja: "asombrado / de que al amor le guste parecerse / un poco al fin del mundo". 
Otra fidelidad: el ritmo, que ella consigue, sobre todo, a base de endecasílabos, aunque en este libro uno aprecie un cambio en la música, menos clásico. Como noto una mayor complejidad en el planteamiento de la obra (entendida en su conjunto) y en la resolución lingüística de cada poema en particular. La sintaxis ha cambiado. Hay una mayor elaboración y abundan los sutiles juegos de palabras.
Poemas destinados a un tú cernudiano y a un yo autobiográfico, sin que por ello estemos ante una poesía confesional o intimista, en su más rancio sentido. 
Y un poema paradigmático y logrado: "La vida extrema": "Soñé que un animal me perseguía", un verso de once sílabas que me recuerda a otros de nuestro acervo literario, aunque en clave contemporánea. De Martínez Mesanza, pongo por caso.
En "Los perros y la nada" leemos: "La luna y yo, los perros y la nada, / y la vida cayendo / como una absurda lluvia incomprensible". "Conozco lo que amo", afirma. Y luego, en "No fear": "No he crecido en valor sino en misterio, / esa forma poética y absurda / de nombrar lo escondido / para calmar el mar de la impaciencia".
"Spira Mirabilis" es un poema largo donde Bernad demuestra de nuevo su solvencia. Como en "Maldito duende", "La tristeza de los apátridas" o "Escrito para amar". 
Como dijo Antón Castro (que acaba de publicar El musgo del bosque), "Olga Bernad posee una voz personal. Es minuciosa, tiene capacidad para crear imágenes vigorosas e inesperadas. Su poesía posee clima y tensión, ritmo y evocación, aspira a la belleza, incluso a la terrible, se atreve a abordar temas dolorosos o exultantes con libertad. Demuestra una convicción absoluta en la fuerza de las palabras. Cree en la vida extrema del lenguaje. Siempre está en el camino, aunque haya estado la tormenta. Y es ahí, en pleno tránsito, donde la sorprende la inspiración".

25.5.16

Kenneth White

"He vivido mucho tiempo alejado y en silencio para poder hacer lo que considero el trabajo fundamental. Necesitamos una nueva base, un nuevo campo. La enseñanza ha sido para mí, como los recitales, una extensión de mi escribir en silencio", le dice Kenneth White, el poeta escocés y cosmopolita creador del término geopoética y autor de Atlántica y del poema "Labrador" (que damos en versión de Igor Barreto), al también poeta Álvaro García (Cuadernos Hispanoamericanos, nº 791), traductor del citado libro al español.

24.5.16

Mora y Marí

Renacimiento, Sevilla, 2016. 76 págs.15 €

La obra poética de Antoni Marí (Ibiza, 1944), que además es narrador, ensayista, editor, traductor y catedrático, coetáneo de los Novísimos y, entre los catalanes, de Parcerisas, Comadira o Gimferrer, es tan exigente como breve. Ha publicado El preludiUn viatge d’hivern y El desert. Los tres libros fueron reunidos en Tríptic des Jondal. En 2010, vio la luz Han vingut uns amics (Tusquets), ahora en castellano con el título Han venido unos amigos. Aunque tenemos noticia de una edición mexicana, en ésta no figura el traductor ni es bilingüe, lo que nos da a entender su voluntad de confiar al lector un libro distinto y no una mera recreación del original catalán. 
A lo expresado y lo inexpresable se refiere la cita que abre el volumen que, como otros suyos, se compone de quince extensos cantos que no son sino fragmentos de un sólido, único poema donde el protagonista evoca su solitaria y austera convalecencia en una casa familiar perdida en medio de la naturaleza; lugar retirado y “desierto” que ubicamos en la isla natal del poeta.
El tono de esta suerte de diario es conversacional y meditativo. Dialoga con sus visitantes y, sobre todo, consigo mismo (“tan ocupado estoy de mi persona”). Logra así que fluya la mezcla entre la descripción de las sencillas situaciones domésticas y cotidianas, de carácter contemplativo, con las hondas reflexiones sobre la vida en esa encrucijada que la compleja intervención quirúrgica de la que se recupera ha propiciado. Estamos ante un “experimento del pensar”. “Pero sé quién soy”, dice, y más adelante: “Sé quién soy y, sin embargo, me desconozco”. La identidad es el asunto. Y todo, insisto en un tono sereno que recuerda al Eliot de los Cuartetos, a los románticos alemanes y a Leopardi.
La memoria le traslada a su infancia (sus padres, el abuelo, su primo muerto) o a la juventud y al amor (en Provenza). Pero es a la poesía, ese “consuelo” que “rompe el hábito de la vida”, “la única forma posible / de comprender y expresar lo que une / a todos los seres y cosas del mundo” a la que dedica los versos acaso más intensos de este emocionante poema. La usa para “nombrar de nuevo las cosas”. Para recomponer lo astillado. Y todo con un “lenguaje propio”, porque “cada mundo tiene su lenguaje”. El final es perfecto.

Ángeles Mora
Bartleby, Madrid, 2015. 102 págs.  12 €

Vinculada al grupo granadino de la “la otra sentimentalidad”, Ángeles Mora (Rute, 1952) ha publicado Pensando que el camino iba derechoLa canción del olvido, La Guerra de los treinta años, La dama errante, Contradicciones, pájaros y Bajo la alfombra. Reunió sus poemas en Antología poética (1982-1995) y ¿Las mujeres son mágicas? Con su último libro acaba de ganar el Premio de la Crítica.
Según Prieto de Paula, AM “ha construido su mundo alrededor de una conciencia de sí inestable, cuya sustancia primordial es ese mismo proceso de constitución”. Su impronta es histórica, digamos, apegada a la realidad y al tiempo que le ha tocado vivir, muy significativa en este libro que, desde el mismo título, desvela sin ambages su intención: la de escribir una autobiografía que, como todas, está necesariamente filtrada por la ficción. Porque la memoria es infiel por naturaleza y recordamos no tanto lo que pasó exactamente, sino aquello que al cabo queremos o podemos evocar. “Las (...) piezas de este libro no requieren mayor elucidación”, dice con Borges. Y antes ha citado a Lejeune, “Toda autobiografía implica un pacto con el lector”. AM le facilita a éste las cosas. La claridad impera. Lo narrativo. Desde el “desajuste” inicial en el que “he vivido yo siempre”. Puede afirmar con Rich: este es “el poema de mi vida”. La de una mujer, ante todo, con plena conciencia de ello, que tiene “pocas cosas que guardar / realmente salvables”. Solitaria; que se desdobla: “Y no eres tú, pero sí eres”, porque nos habitan distintos “yoes”; melancólica (el tono, “un aire de bolero”); que contempla (el Sur es la atmósfera) y escribe porque ese “es un vicio que nunca se detiene”. Lo hace como si de un diario se tratara, de forma cotidiana, tal vez porque “la poesía, como el amor, / se escribe cada día”. Y ya que hablo de amor, a ese asunto dedica la sección “Palabras nuestras”. Allí, “Una forma de vida”, un poema central. Como “El ayer”. La infancia, que “dura más que la vida” (Matute dixit), es protagonista de la última parte del libro: el verano, un viejo, molino, la merienda, el cine, los amigos o el desván. Tiempo felices o crueles, “apenas entrevistos / ya en la distancia” que terminan de tejer la historia de una vida que “tampoco era”, como en el verso de Blas de Otero.

Nota: Las reseñas de los libros de Marí y Mora aparecieron publicadas el pasado viernes en El Cultural.

23.5.16

Genialogías

En la Asociación Genialogías de poetas mujeres, que recuperan el espíritu de encuentros en los que participaron, entre otras, Concha García, Olvido García Valdés, Aurora Luque, Juana Castro, Chantal Maillard, Chus Pato, Ángeles Mora, Ana Rossetti o Julia Barella, trabajan "por recuperar las voces de aquellas mujeres poetas de nuestro país cuyos nombres han quedado a la sombra" Según ellas, "Han sido y son autoras inmensas que, sin embargo, resultan desconocidas, pues sus obras no han llegado o no han permanecido en el canon literario predominante". Sí, a esa impronta femenina o feminista, que cada cual elija, obedece la salida a escena de la colección Genialogías, al amparo de la editorial Tigres de Papel. Para hacer justicia a esas voces silenciadas. Dos títulos abren el camino: Marta & María, de María Victoria Atencia, y Los cuerpos oscuros, de Juana Castro, dos andaluzas. 
Al primero le pone prólogo la segunda, todo un guiño cómplice. Su primera edición (no venal) vio la luz en la mítica Imprenta Dardo, de su ciudad natal, en 1976. Tardaría en llegar aún unos años el reconocimiento de la malagueña, cuando su extraordinaria poesía alcanzó los circuitos nacionales de la mano de Visor y Guillermo Carnero. La elección, así, me parece perfecta. No creo que haya, del 27 para acá, una poeta tan unánimemente celebrada. Tan canónica, diría.
Tampoco me parece inoportuno, al revés, el rescate del libro de Castro que ganó el Premio Jaén en 2005 y que, por eso, publicó Hiperión. Lleva un prólogo de Ana Mañeru y, a modo de epílogo, una entrevista con Yaiza Martínez. 
Las ediciones son cuidadosas, por dentro y por fuera. Me gusta el elegante diseño de las cubiertas. Clásicas en el mejor sentido. 
En ambas, bajo el rótulo de "Agradecimiento editorial", se menciona el nombre de los numerosos mecenas que han hecho posible que esos libros existan. 
Celebramos, en fin, la aparición de Genialogías y le deseamos, cómo no, larga vida.

22.5.16

Con Sergio del Molino

Cristina y Álvaro no paran. La Puerta de Tannhäuser, a pesar de sus horarios rigurosos, no se cierra. Por internet, de hecho, siempre tienen una ventana abierta. Quiero decir que pocas librerías más vivas, donde uno puede tomarse algo -un café o una cerveza- mientras localiza libros raros y hermosos -de la novela al cómic pasando por la poesía y el ensayo- que no suelen estar en cualquier parte, aunque en mesas y estanterías el lector curioso también encuentre ejemplares, digamos, normales, los clásicos en primer término, porque, en la medida de lo posible, tampoco ha renunciado a ser una librería de fondo. Donde nunca faltan, por cierto, autores de paso, en complicidad con ellos mismos, las reticentes y rácanas editoriales (sobre todo las grandes) u otras librerías, como la salmantina Letras Corsarias o la segoviana Intempestivos, que forman, junto a ella, la Conspiración de la Pólvora. Por lo demás, ¿o alguien lo duda?, parte del prestigio literario que ha adquirido esta ciudad se debe a que cuenta y ha contado con librerías dignas de tal nombre: Cervantes, El Quijote, La Puerta... Allí estuvimos la otra noche con Sergio del Molino que se acercó a presentar su exitoso ensayo La España vacía. Viaje por un país que nunca fue, publicado por Turner. Da un poco de pena que asistiéramos tan pocos porque, más allá del interés de la obra, los comentarios del autor, en conversación con el librero, dieron mucho de sí. No culpo a nadie, por supuesto. Soy el primero que evita más de lo deseable ese tipo de actos.
Celebrado, ya digo, por muchos (como Muñoz Molina, Manuel Jabois o Marta Sanz, que pasó por la ahí hace poco y con quien ganó Del Molino, ex aequo, el premio 'Tigre Juan'), el libro, que aún no he leído y no por falta de ganas (está en manos de mi mujer), marca ya un antes y un después en la bibliografía básica y esencial sobre lo que este país ha sido y es. Quedó muy bien explicado por su autor. Defensor de esa Tercera España de la que tanto habla Trapiello (que recuperó el término y la idea), ha tratado de analizar nuestra particular situación no a partir de la vieja y clásica dicotomía de las dos Españas políticas, sino de las dos sociológicas, diría, la urbana y la rural. La "vacía" es la segunda, la de tierra adentro, la de pueblos y ciudades provinciales alejados de la costa. 
Todo surgió de su última novela, Lo que a nadie le importa, de donde procede la frase del subtítulo, última de esa narración.
Me gustó su reflexión sobre los miembros de su generación, escritores como él, que, sin complejos, en positivo, vuelven a los asuntos de los abuelos y a sus lugares (del interior, sobre todo) para intentar construir un nuevo relato no tanto una nueva idea de España, con las nefasta experiencias anteriores nos basta, cuanto un país menos dañino, cainita y, en consecuencia, habitable. Sobre todo después de que la Dictadura franquista arrasara definitivamente con el concepto de patria, una de las pocas cosas que entre todos no hemos sido capaces de recuperar ni a este paso recuperaremos.
Si lo que dijo Del Molino tuvo sustancia, no se quedaron atrás algunas intervenciones del público (lectores, mejor). Como el periodista Jesús M. Santos, por ejemplo, que de este asunto sabe un rato y de Las Hurdes más, uno de los territorios visitados en el libro, o el narrador Nicanor Gil, que conoce de sobra lo rural. En todos los casos, gente que ha regresado a sus orígenes tras el éxodo a la gran ciudad, eso que Del Molino llama el Gran Trauma; "la migración tremenda que en muy pocos años dejó vacíos pueblos y campos para multiplicar la población de las grandes ciudades", al decir de Muñoz Molina.
A esa novedad en el enfoque habría que sumar la de su empeño por ofrecer un tipo de ensayo inusual en España, más divulgativo y anglosajón, al alcance de cualquiera y no sólo de los licenciados en Filosofía. 
Llena y no vacía, como él mismo comentó sorprendido, estaba la noche placentina (tan española) que, entre vinos, cervezas y otras viandas, paseó en compañía de los anfitriones, de Yolanda, María José y Gonzalo (que no deja de recomendar la obra hasta el punto de plantearse negociar una comisión y al que, muchos años después, vimos Y. y yo con un inédito ataque de risa), al amparó de la conversación, que se terminó en Las Cuevas, debajo del balcón donde vi mi primera biblioteca, y se prolongó más allá de lo que uno, ser soso y metódico por excelencia, acostumbra. Bien está.

21.5.16

De Ruiz Amezcua

Según la Wikipedia, Manuel Ruiz Amezcua nació en Jódar (Jaén) en 1952, se licenció por la Universidad de Granada en Filología Románica y en Filología Hispánica, fue asesor cultural de la embajada de España en Brasil y ha sido profesor de literatura en el instituto de bachillerato de Baeza. Uno ha recibido las casi seiscientas páginas de que consta Singularidad en la poesía de Manuel Ruiz Amezcua (Comares) y eso merece un comentario. Se trata de la sexta edición revisada y aumentada de ese libro y está prologada por José María Balcells, profesor de la Universidad de Léon. El índice es apabullante. Para empezar, por la cantidad: el autor ha reunido todos y cada uno de los estudios, reseñas, notas y cartas (a veces, meros acuses de recibo) que se han publicado (o no) sobre sus libros; para seguir, por la nómina de firmantes de esos textos, entre los que podemos encontrar a lo más granado del panorama patrio. A escritores famosos como Cela, Saramago y Lobo Antunes (la misiva de éste reza: "Caro amigo- Gracias. Usted es un poeta grande. Con mi admiración"), a antropólogos como Julio Caro Baroja o actores como Paco Rabal y Fernando Fernán-Gómez, así como a numerosos críticos de renombre: Víctor García de la Concha, Julio Ortega, Gabriele Morelli, Manuel Rico, Fanny Rubio, Juan Cano Ballesta, Pedro Martínez Montávez, Carlos García Gual... De entre todas las de la lista, destacaría la presencia de Antonio Muñoz Molina, principal mentor de Amezcua, prologuista de su antología Del lado de la vida, publicada, ahí es nada, por Galaxia Gutenberg, y donde se reúnen poemas de cuarenta largos años de producción. En ese mismo sello se publica ahora una segunda edición de su prosa completa Lenguaje tachado (la primera apareció en Comares) y en enero de 2017 saldrá toda su poesía bajo el título Una verdad extraña (1974-2017), también en Galaxia, con prólogo del citado hispanista italiano Gabriele Morelli. "El volumen de prosa se acerca a las 600 páginas y el de poesía a las 700", comentaba hace unos días a Javier López, de ABC Andalucía en Jaén.
A la vista de este despliegue de elogios y de las dimensiones, en consecuencia, de Singularidad en la poesía..., cualquiera podría preguntarse, ¿pero quién es este hombre? Sí, no creo que haya casi ningún poeta español vivo (o muerto) del que se haya publicado un libro de tales características y, sin embargo, ¿quién conoce a Amezcua, quién lo ha leído, qué poetas (jóvenes o no) citan sus versos (recientemente, por cierto, he visto un epígrafe suyo en un libro de Antonio Pilar), en qué obras de referencia aparece, en qué antologías y manuales, qué premios prestigiosos ha ganado?
El libro contiene, además de algunas entrevistas, una amplia antología de sus poemas, donde se aprecia con mayor claridad ​su amargo descontento con el mundo y proclama, con vena, ora doliente, ora satírica, su herida condición de poeta solitario preterido y ninguneado, a pesar del éxito de crítica que le precede, hecho que achaca, más que nada, a su independencia y a las maniobras llevadas a cabo contra él por la presunta "casta" poética de, al parecer, ascendencia granadina. "Esos que dicen que dicen / y nunca dijeron nada", leemos en su duro poema "Poetas oficiales o el régimen del pienso".
El citado Fernán-Gómez, académico de la Española, afirmó que Amezcua era un "poeta irremediable". Para mí que dio en el clavo. Lo digo porque, más allá de las supuestas conspiraciones y los fracasos más o menos ciertos, sus poemas están ahí, al alcance de cualquiera que quiera leerlos. ¿No es eso lo único que importa? Poemas escritos por necesidad y con perseverancia para que éste o aquél lector, que ignora o no esas hipotéticas conjuraciones y sus estancias en el desierto, les ponga voz. Lo demás, ay, no es literatura. 

20.5.16

Revistas

Clarín llega al número 122 y, entre otros textos interesantes, podemos leer allí un riguroso artículo de Juan Bonilla, que, insisto, sigue empeñado en sorprendernos, sobre el noble arte de ganarse la vida (que se recoge en el enlace anterior); otro de Rivero Taravillo sobre el Cernuda traductor; unas hermosas versiones de poemas de Franco Fortini debidas a María Bastianes y Andrés Catalán (cómo se nota su paso por Roma); unas excelentes "miniaturas" de Felipe Benítez Reyes (que arrasa con su novela El azar y viceversa y del que leo su nueva antología poética en Renacimiento); una entrevista de Martín López-Vega a Clara Janés; y un paseo por su Tetuán natal de la mano de Enrique Freyro. 
En Quimera, número 390, Daniel López conversa con Marina Perezagua con motivo de la publicación de Yoro, su primera novela (que, lo digo con pesar, aún no he podido leer); encontramos un variopinto dossier sobre "la disolución del yo" donde este pobre "yo" se ha perdido irremediablemente (salvo por textos como el de José Manuel Chico: "Yo olvido. Paradojas de la autoficción"); unos poemas de la rumana Ana Blandiana, en versión de Viorica Patea y Natalia Carbajosa; un artículo del poeta peruano residente en Ibiza Reinhard Huamán Mori sobre Kaddish, el libro de Ginsberg; y un texto sobre Buenos Aires de Álex Chico, primera parte del proyecto "Escribir, a pesar de todo". 
En su número 791, Cuadernos Hispanoamericanos dedica otro dossier a Cervantes, del que todo el mundo se ocupa (como La Gaceta, la revista del FCE) menos el gobierno, y donde escriben, en tono personal y a partir de su experiencia lectora, entre otros, Mariano Peyrou, Vicente Luis Mora, Sergio del Molino, Sara Mesa y la citada Perezagua; una entrevista de Carmen de Eusebio a Justo Navarro, un autor al que siempre hay que prestar atención (y que, como uno, pasó diez años en los Maristas); un extensísimo artículo de Antonio García Berrio sobre el último, premiado libro de Alberto de Cuenca (donde leemos: "Es así como en su inmensa mayoría (...) la veraz fe es el mérito y el riesgo, según y para quiénes, de los oficiantes de la poesía", entre los que no faltan los "voluntarios", que diría JRJ, y los "mediocres a secas", al decir del mismísimo Horacio); otro de José María Herrera sobre mi admirado Giorgio Bassani, en torno a Il romanzo di Ferrara (que está editando de nuevo Acantilado); un diálogo de Álvaro García con Kenneth White (que esperaba inédita desde 1997) en la que tampoco falta una reflexión sobre "la mediocridad convertida en un poder, lo cual es, junto a la demagogia, el peor enemigo de una democracia exigente". Como se ve, seguimos igual que hace veinte años.

19.5.16

Pere Rovira en la March

Pere Rovira (Vila-seca de Solcina, Tarragona, 1947) es el poeta número treinta y tres en la lista de cuantos han participado en el ciclo de la Fundación Juan March Poética y Poesía. Junto a Joan Margarit, el segundo poeta en catalán de la muestra, algo que no debería ser noticia en un país plurilingüe. 
En la página web de la Fundación se pueden leer tanto su conferencia como la lectura de poemas. Y el cuadernillo también está a disposición del lector. 
"Memoria de la poesía" tituló su charla sobre la poética que sostiene sus versos. O al revés, no lo sé. Me ha gustado la lucidez expositiva, algo coherente en un poeta de línea clara. "Se trata de escribir lo mejor que se pueda aquello que necesitamos escribir. Pero escribir lo mejor que uno pueda es difícil, como también lo es necesitarlo. Estos son, creo yo, los principios que cuentan para un escritor", leemos. Y: "Escribir poesía te ayuda a veces a ver venir las cosas que han pasado y a creerte que las entiendes mejor escribiéndolas que viviéndolas. De joven, tiendes a apostar por la versión literaria de los hechos; cuando envejeces, eres más partidario de la vida. Pero lo que cuenta no es lo que la poesía puede cambiar o recuperar de las cosas vividas, que es poco, sino cómo va configurándote a ti mismo. Un día comprendes que eres como eres, amas a quien amas y vives donde vives, por haberte dedicado a la poesía. Es un asunto circular: tu poesía surge de tu vida, pero tu vida va como va gracias a la poesía, o por culpa de ella", palabras que ya recogimos aquí en parte. Y más adelante: "Un escritor tiene que escribir, y si no lo hace, allá él. Tiene que escribir, si lo necesita, claro está; pero es que, si no lo necesita, es poco probable que sea escritor". O: "La poesía suele ser inconstante, por eso quizá requiere bastante constancia". También he subrayado, entre otras, estas líneas: "El escritor debe estar atento a las cosas, únicamente desde esa disposición contemplativa llegará a la más compleja expresión de la intimidad, una expresión que relaciona la vida íntima con el mundo". (...) "Como mínimo, la poesía sirve para leer, y leer es una forma de ser feliz" (...) "A juzgar por su insistencia en querer cambiarla radicalmente, hay poetas a los que parece que la poesía no les gusta demasiado. Yo soy partidario de la poesía, de la poesía de siempre, y me gusta que esté bien escrita y que se deje entender. Dos cualidades que, según he podido constatar, provocan a veces dudas y nerviosismo".
De los poemas de la antología -traducidos por Celina Alegre, sobre todo, Francisco Díaz de Castro, Vicente Gallego, Álvaro García, José Agustín Goytisolo, Antonio Jiménez Millán y Carlos Marzal- prefiero no decir nada. Que cada cual decida. Pero por si acaso, ahí va uno:

EL RELOJ DE SOL

Ya no hace caso nadie de mis horas,
ni de la raya negra que pongo sobre el tiempo,
ni de mi nombre, el más altivo y raro
que se ha dado a una cosa.
No puedo ser exacto, como los hombres piensan
que lo son sus instantes; yo marcho con el sol,
y me gusta pararme cada tarde,
no medir el fulgor de las estrellas,
descansar en lo oscuro, ser reloj de los muertos.
Caminante que ahora estás mirando
unas cifras antiguas en la piedra dorada:
yo no soy una lápida. También tu luz
se apaga cada día, y sueñas con fantasmas,
y en el corazón tienes un corazón de tierra.
Te deseo que el sol conforte tu vejez,
que caliente a tu sombra desvalida.
Y cuando un día muera tu nombre en una piedra,
que alguien quiera leerlo con piedad.

(Traducción de Celina Alegre)

18.5.16

Ignacio del Dedo

En el último número, por ahora, de la revista educativa Cáparra, el 14, dedican, en la sección Obra Gráfica, un dossier a Ignacio del Dedo Rodríguez, maestro de escuela (recién jubilado), escritor y algunas cosas más. Desde la página 112 hasta la 122. Incluye dos textos: uno de Isabel Leo y otro mío que copio a continuación. Ayer me alegró la mañana. Se acercó al colegio a llevarme un ejemplar y pudimos darnos un abrazo. 

Conocimos a Ignacio del Dedo Rodríguez en el colegio "Ramón Cepeda" de Jerte, allá por la segunda mitad de la década de los ochenta del siglo pasado. Hasta su feliz y merecida jubilación, ha sido uno de los maestros más creativos con los que uno se ha cruzado en su ya larga carrera profesional, además de una de las personas más interesantes y con mejor sentido del humor que uno ha conocido en su vida.
Inquieto, curioso, capaz, lo mismo interpretaba una canción a la guitarra que escribía un cuento. De hecho, la Editora Regional de Extremadura publicó en 2007 un libro suyo dentro de la colección Vincapervinca: Pozos del silencio. En ese mismo sello había visto la luz, justo diez años antes, Un arca de palabras.
Aunque nacido en un pueblecito de la provincia de Ávila, Zorita de los Molinosreside desde hace años en Jaraíz de la Vera. Miembro de la asociación cultural verata Cálamus, ideó una interesante experiencia educativa titulada “Cartas de Yuste” que, con el subtítulo “Una experiencia de creación literaria”, fue publicado en forma de libro por la Consejería de Educación de la Junta de Extremadura en su colección Programa de Cultura Extremeña. De éste y de otros proyectos concebidos por él, se nos da noticia en su blog La memoria en el camino.
Ignacio del Dedo había sido alumno de José María Valverde en la Universidad de Barcelona, donde se licenció en Filosofía, y a uno le gustaba mucho escuchar anécdotas de aquellas clases magistrales del profesor y poeta de Valencia de Alcántara.
Aficionado a los ordenadores desde que aparecieron por nuestras casas, es máster en Informática Educativa por la UNED.
Fue, en fin, responsable del Taller de relato y poesía de Jaraíz, vinculado a la Asociación de Escritores Extremeños, localidad donde trabajó hasta hace tres años como asesor de formación del Centro de Profesores y Recursos.
Una de sus facetas creativas más interesante es la de dibujante y pintor. También en el referido blog hay muestras de su destreza en ese campo. Y ahora aquí, en la revista Cáparra, donde han tenido a bien resaltar ese significativo aspecto.
Casado con Virginia, maestra de Infantil, cuando nos encontramos tenían un hijo, Abel. Llegó el siguiente pronto, al que, machadianamente, le pusieron Martín. Algunas mañanas, eso sí, tras una mala noche, en el colegio se refería, entre risas, a Caín, que ha dado en músico.

17.5.16

Dos novedades

Pero no por eso, por ser simple y llanamente novedades, sino porque son un par de libros importantes, destinados a durar. O eso cree uno. A la espera de que se publiquen las respectivas reseñas, que todavía tardarán, me adelanto y llamo la atención sobre dos obras de calado que acaban, ya digo, de aparecer. De dos poetas muertos. Ciudad del hombre (Edhasa), de José María Fonollosa, en edición, completa al fin, de José Ángel Cilleruelo, autor de un prólogo estupendo, y Poesía Completa (Pre-Textos), de César Simón, uno de nuestros imprescindibles, rescatado ahora (algo que sus lectores estábamos clamando al cielo) en una preciosa edición al cuidado de Vicente Gallego que, leído lo leído, acierta de pleno en su profunda, minuciosa e íntima introducción. Una alegría, vamos. 

16.5.16

Sombra de bonsái

De "prominencia" del género aforístico en nuestros días habla en su espléndido prólogo Marta Agudo, el que antecede a los aforismos de Azahara Alonso (Oviedo, 1988), reunidos en el libro Bajas presiones, que publica Trea, la ejemplar editorial asturiana donde ya apareció, por cierto, una de las antologías más seria y completas del género: Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos (1980-2012), de José Ramón González García.
Son 226 y, según creo, se adaptan al concepto más clásico y riguroso de esa forma breve y certera de pensar, lo que no quiere decir que sean rancios o antiguos, sino todo lo contrario. Siquiera sea, me explico, porque remite a sólidos y veraces autores de ese tipo de expresión; Pascal, por ejemplo.
Esta es, seguimos a Agudo, una escritura "lúcida e inteligente", con máximas de "carácter proteico", que da en un "libro fragmentario" y, por eso, complejo, de una "lectora no inocente y de formación filosófica". El fin del libro: "deletrear un mundo personal" donde algunos aforismos podrían denominarse poemas. En suma, "un decir inteligente" y "con clara voluntad literaria".
"Quién habla de victorias? Sobreponerse es todo" es la cita inicial, de Rilke. Y ese es el tono; por suerte, nada empinado o pedante. En "La receta más indigesta es la reducción al absurdo" ha encontrado uno la piedra angular, digamos, la clave de bóveda, de este libro necesario, el primero de su autora. Otros también me han llegado especialmente: "Nunca distingo entre un atormentado y un complaciente". "Todas las maletas arrastran vidas" (que no deja de ser un poema). "La memoria es el paraíso perdido". "Mi sitio preferido son los mapas". "La gramática es la metafísica de los pueblos". "Sciascia deja un gusto a alcaparras". "Escribir es traducir".
Me han gustado los que dedica a la lectura y a los libros. Y muchos más. Este, por ejemplo, es precioso: "Un aforismo da sombra de bonsái". Y el más contundente, el último: "No".
Si en una entrada anterior criticaba, con perdón, la avalancha aforística que se nos ha venido encima, reconozco de nuevo que libros así justifican de sobra ese copioso alud. Porque con él viene lo mediocre, sí, pero también lo excelso. La literatura, al cabo, gana. Y el arte de pensar, matizaría Neila.

15.5.16

Una cuarta vía

Pablo d'Ors publica una Tercera de ABC en torno a la cultura y el misterio donde concluye:



Por su parte, Javier Yuste entrevista al sacerdote y escritor para El Cultural con motivo de la nueva edición, corregida y aumentada, de El estreno. O, como dice EFE, del "reestreno" de esa novela.
Con este libro, Galaxia Gutenberg inicia la reedición de toda la obra narrativa de Pablo d'Ors. La editorial barcelonesa ya publicó su último libro, Contra la juventud.

14.5.16

(Casi) todo Pessoa (y más)

Manuel Moya acaba de publicar una traducción de los Cuentos de Fernando Pessoa en Páginas de Espuma. Se suma a La educación del estoico (Isla de Siltolá), los Poemas completos de Alberto Caeiro (Baile del Sol), las Odas de Ricardo Reis (Visor) y Ficciones del interludio (Alianza), libros del poeta portugués -y sus respectivos heterónimos- que también se ha encargado de traducir el de Fuenteheridos. Por si a alguien le pareciera poco, recuerdo que tiene una versión del Libro del desasosiego publicada en Alianza.
Dejando a Pessoa a un lado, Moya llega a las librerías con otra novedad. Se trata de La deuda griega, "una recopilación de microcuentos de tema heleno", según el autor, que también podría llamarse, según él, "Grecia revisitada".  

13.5.16

¡Aforismos van!

Hasta uno, que no los escribe, publica algunos en el libro Aforismos contantes y sonantes. (Antología consultada), del crítico, traductor y poeta Manuel Neila, publicado por las cacereñas Letras Cascabeleras. Se ve que en este país llamado España no tenemos término medio. Pasamos de todo (o casi) a nada en un abrir y cerrar de libros. Nos ocurrió con los diarios, una tradición ajena, decían, y de un tiempo a esta parte con los aforismos, que van para plaga. No es que me parezca mal, pero admítaseme al menos una pizca de ironía.
Ésta, volvamos al principio, es una "muestra de aforistas en castellano, apresurada y provisional a todas luces", dice Neila en el prólogo, y se editó con motivo de la reciente Feria del libro de Trujillo, ciudad de la que aparecen en la obra numerosas fotografías (tratadas por el editor) de Marciano Martín Manuel. Entre los numerosos autores, Isabel Bono, Jordi Doce, García Martín, Carlos Marzal, José Mateos, Benjamín Prado, Benítez Reyes, Andrés Trapiello o el propio Neila, todos ellos reconocidos aforistas. Los cito, además, porque son poetas y este género, digamos, cruza a veces la frontera y pasa a ser lírico.
En otra colección de libros aforísticos, la de La Isla de Siltolá, aparece Hablando solo por la calle, del poeta Javier Salvago, que con su habitual desparpajo despacha asuntos de actualidad (la política, por ejemplo) y de los de toda la vida en un librito (aquí las distancias suelen ser cortas), a su modo, edificante. No faltan la ironía (marca de la casa), la lucidez, el humor, la experiencia, las paradojas, el juego de palabras con lugares comunes y frases hechas y la poesía, a la que dedica ocurrentes y agudos comentarios. Poesía en sí mismo sería este: "Ya ni la lluvia suena como antes", que habría hecho las delicias de mi amigo Vicente Sabido.
En el catálogo de La Isla está también, por cierto, del mencionado Neila, Pensamientos desmandados
No son ni mucho menos los únicos. Ya digo que la moda crece. Enrique García-Máiquez ha escrito recientemente, y no sin razón: "En cuanto un género alcanza un mínimo esplendor, el crítico literario atento se pregunta por qué, sabiendo que ahí se agazapa una clave de la época. El tonto protesta automática y airadamente contra la moda, autoerigido en guardián de las puras esencias de la originalidad. Lo estamos viendo ahora que el aforismo español vive un auge felicísimo. Responde, sin duda, al espíritu de nuestro tiempo y viene a sanarlo con su propia medicina de intensidad, velocidad y dispersión, como un tratamiento de choque. Aparentemente es homeopático, pero añade profundidad, amor a la tradición y una visión personal del mundo". Sin pretender pasar por "tonto", uno, como humilde lector, y con permiso del poeta García-Maíquez, confiesa que me pierdo en medio de ese género híbrido. A ratos, cansa, que diría Pavese. Sí, agota un poco, y no tanto por la avalancha de títulos y de pensamientos, que también, cuanto por esa condición líquida que soporta toda "máxima o sentencia que se propone como pauta en alguna ciencia o arte" (DRAE dixit). Y por su intensidad, claro, que en este arte lo es todo. La lectura de aforismos ha de ser, en consecuencia, lenta, de lo contrario empachan. En eso también se parece a la poesía. Por eso, en fin, cuesta a veces distinguir lo valioso de la ganga. Con todo, uno persevera. Y hasta se deslumbra. Motivos no me faltan. Por ejemplo, con los "dichos" de mi admirado Rafael Cadenas, recién aterrizado en España y al que estos días leo y releo por razones obvias. O con los de Azahara Alonso, que acaba de publicar un libro de aforismos en Trea, Bajas presiones, del que me propongo dar cuenta aquí muy pronto. A pesar de lo que escribe Salvago, no siempre es verdad que "Todos los aforismos suenan a ya dicho".

12.5.16

Otro sueño

El Diario Montañés
Se ve que esto de recordar ahora mis sueños tiene relación con lo mal que viene uno durmiendo últimamente; al saltillo, como si dijéramos. El caso es que una de las veces que me desperté la otra noche pude rememorar lo que acababa de soñar. Estaba con Jordi Doce en un salón donde diría que había más gente. En la casa del poeta Guillermo Carnero (que, por cierto, nunca apareció en escena). En Alicante, por tanto. O eso imagino. Desde las ventanas, altas y alargadas en vertical (a lo Larkin), se veía el mar. Bueno, no tanto el agua, que también, cuanto un edificio de pisos que estaba delante, con la fachada de acero corten, lo que le daba ese aspecto oxidado que tanto gusta o ha gustado a los arquitectos y los escultores de estos últimos años. El mar, de pronto, empezó a agitarse. La luz se fue, o casi. Aquello, en unos momentos, dejó se ser el Mediterráneo. La tempestad parecía una galerna del Cantábrico, cuyas aguas bañan el Gijón natal de mi amigo. Ni Jordi ni yo (un hombre de secano) dábamos crédito. Las olas batían contra la playa, ya invisible. Su altura era inusitada y daba pánico ver la escena, más propia de un tsunami. Así siguió hasta que, por suerte, me desperté. Fuera llovía copiosamente y el viento golpeaba con mucha fuerza contra el cristal de la ventana. Fui a la cocina, bebí un vaso de agua y, en el rollo de papel donde apuntamos la lista de la compra, anoté algo acerca de la pesadilla, para que no se me olvidara. Ya son ganas.

11.5.16

Algunos del 50

En mayo de 1987, se reunieron en el Teatro Campoamor de Oviedo los poetas Carlos Barral, Francisco Brines, José Manuel Caballero Bonald, Ángel González, José Agustín Goytisolo, Claudio Rodríguez y Carlos Sahagún. No estuvieron solos. Les acompañaron un puñado de críticos que al tiempo ejercían como profesores: Emilio Alarcos, Víctor García de la Concha, José María Martínez Cachero, Fanny Rubio, José Luis García Martín, Luis García Montero y Alejandro Duque Amusco, así como un público entregado que pudo hacer algunas preguntas. 
Lo que allí sucedió quedó recogido en un libro, que también es una joya bibliográfica (perdida entre los estantes de mi bliblioteca), Encuentros con el 50. La voz poética de una generación, que ahora el coordinador de aquel invento, Miguel Munárriz (impulsado por la Fundación Municipal de Cultura y la asociación cultural Tribuna Ciudadana) vuelve a publicar en una edición no venal a cargo de El Corte Inglés y que uno ha tenido la suerte de recibir. 
Munárriz es también el autor del prólogo, donde traza las líneas fundamentales de este puñado de poetas unidos por la amistad y el antifranquismo (y el alcohol y la noche) que cambiaron con sus obras el curso de nuestra historia poética, además de recordar aquel acontecimiento (uno de los tres encuentros literarios importantes de ese grupo o generación, que sobre el término nadie se pone de acuerdo). Allí explica, por ejemplo, las ausencias de Valente, Gil de Biedma y Gloria Fuertes, y otros intríngulis recogidos en la parte titulada "Los Encuentros con el 50 por dentro".
Son muchas las cosas interesantes que charlas y conversaciones contienen. Por algo los integrantes de esa promoción (de una generación irremediablemente se es por simples razones cronológicas, a un grupo se pertenece por propia voluntad), ausentes y presentes, del canon y periféricos, son auténticos maestros de la poesía. Me quedo con las opiniones, controvertidas casi siempre, de Claudio Rodríguez, empeñado en hablar de lo único que importa cuando a la poesía nos referimos: "se trata de libros, se trata de poemas" (que no faltan en el volumen), y no de componendas, colecciones (Colliure) estrategias y circunscripciones: que si los de Barcelona, que si los de Madrid... También con la lucidez de Brines, equilibrada e inteligente. Y no es que los demás desmerezcan cuando se pronuncian en los coloquios o en las entrevistas, al revés. Hablo de preferencias, sólo eso. Menudo era Barral, pongo por caso. O Caballero Bonald.
Los críticos tampoco se quedan atrás. Hay un docto y breve rifirrafe entre Alarcos y su discípulo De la Concha muy divertido. La agudeza de Martín brilla como suele, entonces y ahora.
A modo de epílogo, se incluyen dos entrevistas, a Gil de Biedma (me encanta cuando dice: "porque la gente tiene la manía de que la poesía hay que leerla despacio") y Ángel González, además de textos críticos de Carme Riera (que hizo célebre el rótulo generacional de "partidarios de la felicidad"), Prieto de Paula (que escribe sobre Sahagún, rara avis de un grupo de aves raras), Felipe Benítez Reyes (que rescata la memoria de María Victoria Atencia, otra extraña, única mujer en medio de esa cuadrilla) y Susana Rivera.
De preteridos como Gamoneda, rescatado al cabo del tiempo para el medio siglo, nada se dice, aunque JLGM sí cita a otros coetáneos olvidados, como César Simón y Aquilino Duque.
Se menciona mucho a Gabriel Ferrater y menos a Costafreda. Por no hablar de poetas inmediatamente anteriores, hermanos mayores de los protagonistas de este historia: Blas de Otero, Hierro y Celaya.
Me da que esta nueva salida del libro a escena volverá a quedarse corta y se convertirá, más pronto que tarde, en codiciado objeto de coleccionista. O de joven o maduro letraherido interesado en leer y escuchar algunas de las palabras más relevantes que se puedan decir sobre la experiencia de la poesía. Realizadas por gente que sabe, y cuánto, de lo que habla. ¡Grandes estos del 50! Los de la quinta de mi padre.

En Colliure, 1959.
De izquierda a derecha, Blas de Otero, J. A. Goytisolo, Á. González,  J. Á. Valente y A. Castellón.
Debajo: Gil de Biedma, Costafreda, Barral y Caballero Bonald.



10.5.16

Con Cadenas


Lunes, 30 de mayo de 2016
19.00 h. 

Presentación del libro Basho y otros poemas y recital del poeta 













Participan 
Jordi Doce, poeta, crítico y traductor
Antonio López Ortega, narrador y ensayista
Manuel Rico, poeta y editor
Álvaro Valverde, poeta y crítico

y lectura de poemas de 
Rafael Cadenas 

Modera y presenta: 
Marina Gasparini Lagrange, ensayista y crítica

Rafael Cadenas nace un día de abril de 1930 en Barquisimeto. Cerca de esta ciudad terminan o comienzan Los Andes, según se mire. Sus libros de poesía y prosa están recogidos en Obra entera. Hay traducciones de sus poemas en francés, italiano, inglés, alemán y búlgaro. Gracias a invitaciones ha hecho lecturas en Estados Unidos, España, Portugal, Italia, Francia, Inglaterra, Austria, Alemania, México, Santo Domingo, Costa Rica, Colombia y Argentina. Reunió sus traducciones en El taller de al lado. Es profesor jubilado de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Allí dio clases sobre todo de poesía española y norteamericana. Ha recibido el Premio Nacional de Ensayo, el Premio Nacional de Literatura, el Premio San Juan de la Cruz y el Premio Internacional de Poesía J. A. Pérez Bonalde, el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances y el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada, Federico García Lorca en 2015. Así como una beca de la Fundación Guggenheim. 

En poesía y en su vida le importa la veracidad. Lo asombra el misterio inexpugnable de la existencia. Tiene mucho interés en la filosofía, en el estudio de la psique y desde muchos años en concepciones como el zen, el taoísmo, el hinduismo y en la figura de algunos místicos occidentales. En política, rechaza los nacionalismos, las dictaduras de cualquier signo y las ideologías. Defiende, por contra, la democracia, la pluralidad y la convivencia, factores civilizatorios imprescindibles. 

Entrada libre hasta completar aforo 

Casa de América 
Plaza de Cibeles s/n 
28014 Madrid 
Tel: (34) 915954800 
www.casamerica.es 
@casamerica



ÁCP

Elías Moro, amigo fidelísimo, recupera un poema de Ángel Campos Pámpano, que publica en su blog Concha Rodríguez, con motivo del cumpleaños de nuestro común amigo, hoy 10 de mayo. Porque a uno también le gusta conmemorar ese imposible, lo traigo también aquí. Porque es suyo, sí, y porque tuvo la delicadeza de dedicármelo. En forma de sutil acróstico.
En la fotografía, Ángel lee a Eugénio de Andrade en los alrededores de su casa de La Codosera.

LAS AGUAS DETENIDAS

AHORA procuras
la alquimia de los nombres,
su otra forma.
Territorio plausible,
en calma, hacia lo hondo.

VALE decir
que el agua es la frontera
y todo un símbolo
de cuanto nace nuevo,
escrito en el poema.

Ángel Campos Pámpano
(De Siquiera este refugio)

9.5.16

Destilaciones

Se alegra uno al comprobar que comentamos aquí la lectura de otro nuevo libro de un autor al que en su día leímos, alguien que vuelve a este rincón con todos los merecimientos. Por desgracia, no abarca uno todos los libros y los escritores que querría, pero esa es harina de otro costal. El caso es que estoy encantado con Destilaciones (Pre-Textos)de Juan Peña (Paradas, 1961). Lo mismo que lo estuve tras dar buena cuenta de La misma monotonía (La Isla de Siltolá), una antología poética que abarcaba poemas escritos entre 1989 y 2011. De la misma manera que después de disfrutar de Dura seda (siltoliano también), al que el azar cerró el paso a este cuaderno. Dije entonces que la poesía de Peña estaba a buen recaudo y lo mantengo. Quienes se acerquen a estos versos por primera vez se llevarán una sorpresa. Agradable, imagino. Los que ya hayan leído antes poemas de este autor volverán a encontrarse con su particular tono asordinado, digno de quien transita por la poesía (y por la existencia, claro) con la delicadeza que su fragilidad exige. Lo que sí está claro es que la sustancia obtenida de la destilación es poesía. No siempre ocurre. Por cuidadoso que sea el proceso. Ayuda que sea la vida lo que se destile, como hace al caso. Dos poemas del libro, uno de ellos el primero, llevan el título del libro, en singular y en plural, que comienza: "Eres destilación de polvo y óvulo, / de un ansia, de un amor". Lo milagroso, sí, es que de secreciones, defecaciones, putrefacciones y magmas se obtenga almizcle, ámbar o incluso, si de la tierra se trata, pan, como se evidencia en "Milagro cereal". Lo cierto es que ni el invierno es capaz de impedir la alegría: "Que no sólo en la muerte sea posible / vivir en esta paz y este silencio". Por eso a los cobardes, humillados, menesterosos o tristes les dice (nos dice): "dejaos de lamentos, / no envenenéis el aire".
Preciosos resultan los poemas romanos, uno de ellos dedicado al Papa Francisco. O a los mármoles de Villa Borghese: "Haber vencido al tiempo los prestigia". En "Las máscaras de Keats", Peña se decanta por el clasicismo. No sólo el de las formas, también por el moral: la verdad, la belleza. En "Ad vitam, ad mortem" leemos: "Todo fue y será presente, / y nada termina. Dura / para siempre lo que muere".
El tono melancólico no impide, ya se dijo, que la vitalidad aflore, e incluso predomine. "Hay algo grato en estar triste", es un verso de "Incendios", un poema que, sin embargo, termina: "qué poco la tristeza". La presencia del amor fundamenta esa apuesta decidida por la vida. Como en "Beso" o "Amor y geometría". La enfermedad aparece, para volver sobre lo mismo, en "Parálisis de Bell" o "Habitación 411", Más aún en "Convalecencia" y "Herida". De este lado, el de la esperanza, se ponen los poemas dedicados a la infancia y la primera juventud: "Ritos de paso" ("Eres al fin el que ya ha sido"), "Foto en el corral", "Niños", "El tiempo" ("este jardín sin nadie, tan lejano"), "Visita al que tengo 10 años"...
La familia está detrás de "Siesta en los jardines del valle" ("Quise quedarme aquí, / en la intacta quietud de esta mansedumbre"), "Las tareas del campo" o "Nochebuena".
"Lisboa" se titula una serie que agrupa seis preciosos poemas relacionados con esa ciudad del alma y de la poesía que sigue asumiendo, como la citada Roma, los solventes versos de cualquiera, a pesar de lo que dijo Miguel d'Ors.
El paso del tiempo es otro tema tan eterno como Roma o Lisboa y aquí no falta. En "Llegar a viejo", pongo por caso, o en "Balance".
Al oficio, digamos, de escribir dedica "Poema" (una suerte de poética), "Lector" y "La palabra". Este verso lo resume todo: "Y no ser el que escribe. Ser lo escrito".
Entre albas, atardeceres, jardines o estrellas, discurre sereno el río de esta poesía vital que alcanza en "Una vida" su paradigma, y que concluye en la "hermandad / con pájaros que sufren / y celebran su canto". Tal nosotros.

8.5.16

Agamben dixit

En Gerona / Pere Duran
Cuando abrió la copia mecanografiada, a Octavio Paz le extrañó mucho que uno citara a Giorgio Agamben. Fue en París, en la primavera del 91, y él leía Una oculta razón. Por lo que luego me contó, creo que ese detalle no fue un mal comienzo para que reparara en ese libro, uno entre tantos. Apreciaba el pensamiento del autor de Idea de la prosa, que por aquí también había sorprendido a algunos. 
«Desde esta perspectiva -escribe Francesc Arroyo en su entrevista con el filósofo italiano-, Agamben se plantea la relación entre ética y política. “La ética moderna, desde Kant, se constituye como una ética del deber, dominada por el imperativo. He intentado criticar la ética del deber y sustituirla por una doctrina, procedente del mundo clásico, que valore la idea de felicidad, la vida buena. En un sentido político. El deber es una idea de origen cristiano. El hombre es un ser en deuda. Eso significa deber: estar en deuda”.
La idea del deber no sólo regula la ética kantiana, también se extiende al mundo de la economía. “La economía de hoy está basada en la idea de la fe y del deber, del crédito y del débito. Son dos conceptos que provienen del mundo de la fe. ‘Fe’, en griego se llama ‘pistis’. Hay una anécdota muy bonita. Un historiador de la religión, profesor en Jerusalén, estaba trabajando sobre el concepto de fe (‘pistis’). Pretendía entender qué es. Un día estaba en Atenas, levantó los ojos y vio escrita las palabras: ‘Banco de pisteos’. Banco de la Fe, leyó, pero en realidad lo que ponía era Banco de Crédito. Fue su iluminación: fe significa crédito. Es el crédito que se otorga a la palabra de Dios. Y, para nosotros, es el débito hacia Dios. Es muy esclarecedor: la economía y la ética están basadas en los mismos conceptos: débito y crédito. Porque ¿qué es el dinero sino un crédito? Sobre todo después de que Richard Nixon separara el dólar del patrón oro. Lo que queda en los billetes es un puro crédito sin contenido. Tenemos crédito en un débito que no está garantizado por nada”».