28.5.16

Lunas de Oriente

En la estela de Luna de Poniente, la editorial emeritense De la Luna Libros inicia un nuevo proyecto, la colección Lunas de OrienteSi allí se pretendía recoger libros inéditos de poetas extremeños vivos y establecer, digamos, un canon, aquí el planteamiento es similar, pero con narradores. También veintisiete, tantos como letras del alfabeto. Las letras A y B se corresponden con las obras El mundo sumergido, de Alonso Guerrero, y Te tendré que matar, de Nicanor Gil. En lugar de poemas, relatos. Más o menos largos. No se ponían de acuerdo anoche en la presentación placentina del Verdugo, donde intervinieron, además de Marino González, uno de los directores de la colección (el otro, sentado en la sala, es Elías Moro), Gonzalo Hidalgo Bayal, Alonso Guerrero y Nicanor Gil, decía que no se ponían de acuerdo a la hora de decidir si El mundo sumergido era cuento largo o novela corta. Guerrero, el autor, era el único que defendía la primera opción. Poco importa eso si los textos alcanzan la altura literaria debida. Parece ser el caso y digo parece porque uno aún no ha tenido ocasión de leerlos. Por las palabras de GHB, presentador a su pesar (y a gusto de toda la concurrencia, que no deja de celebrar su perspicacia lectora), podemos deducir que la cosa empieza bien y quienes conocemos la pasión que los editores han puesto en la nueva empresa nos congratulamos de que así sea. 
Gil ha elegido continuar, a su manera, los crímenes ejemplares de Max Aub y Guerrero, en la misma línea de imaginación y de exigencia que le caracteriza, por encima de modas y modos al uso, pone en acción a Pepe Nirvana y "contesta a una cuestión que todo el mundo se ha planteado: por qué cuanto más nos elevamos hacia el absoluto, más caemos en el ridículo". 
Si en el caso de Luna de Poniente me tomé la licencia de opinar sobre cada uno de los títulos (salvo contadísimas excepciones), en esta ocasión me limitaré a leer esos libros con el interés que a buen seguro habrán de suscitar. Me consta que la lista de invitados es digna de elogio. Ojalá, en fin, les salga bien esta jugada a Marino y a Elías. Lo merecen. Están haciendo lo mejor que se puede hacer por esta pobre tierra: que quede escrita.