30.4.13

Chico lee a Pámpano

Dicen que no hay dos sin tres. Tal vez por eso llegó ayer un tercer número, el 755, de la revista Cuadernos Hispanoamericanos donde, entre otras cosas (por ejemplo, un sugestivo ensayo de Mario Martín Gijón sobre Jacinto-Luis Guereña o una reseña de Adolfo Sotelo Vázquez sobre la nueva edición de El quadern gris de Pla), aparece un perspicaz texto de Álex Chico titulado: "La luz perpetua. Siete notas sobre Ángel Campos Pámpano". Bien.

Office hours

Ya podemos desvelar el resultado del Certamen de Poesía Joven “Premio Miguel Gutiérrez García”, que concede, como dije, el exótico Liceo Poético de Benidorm. Víctor Martín Iglesias ha ganado el primer premio con este poema, que, como primicia, mostramos aquí.  






OFFICE HOURS

                                             Para Andrés González y Carlos Yushimito

Para llegar aquí partimos: este momento
en que levanto el lápiz del papel y me detengo
pensando sin querer en estos versos,
los pasos que a esta zona me han traído.

Desconozco coordenadas y parámetros,
así que no podrá pedir ayuda
y sé que, si me pierdo,
nadie me echará nunca de menos:
no se extrañan las palabras nunca escritas,
las que quedan en el alma del grafito,
en el ser agarrotado de las teclas
que no quieren ser pulsadas por mis dedos.

Buscaron siempre otros, me doy cuenta,
y miro hacia mis manos indefensas:
esas que tanto placer me dieron
y tanto se empeñaron siempre en dar.

Las que ensucian el papel son las que quedan,
las que tejen la maroma que me tiene
esperando terco y necio en este puerto.
Las que muestran a las claras mi bandera
si decides que hoy también me quedo en tierra.

Para llegar aquí no hubo camino,
no hubo planes o estrategias. No hubo nada.
Solo está mi lapicero, con su peso,
evitando que la mesa eche a volar.

Hoy comí en el campus, saludé y me saludaron,
hablé con Carlos, Andrés subía la escalera.
Dejé en la biblioteca algunos libros.

Y a su hora como dice mi contrato di mis clases,
expliqué a los estudiantes el futuro:
qué sencillo conjugarlo y qué complejo
saber lo que nos tiene reservado.

29.4.13

CHA

Me llegan de golpe dos números de la veterana revista madrileña Cuadernos Hispanoamericanos, que ahora dirige Juan Malpartida. En el 753 hay un ilustrativo dossier sobre la literatura venezolana de hoy y, por ejemplo, un ensayo sobre el poema largo que firma Eduardo Chirinos o un artículo muy interesante de las relaciones del editor Giulio Einaudi y España, centrada en su amistad con Carlos Barral. También destaca una conversación de Carmen de Eusebio con Javier Cercas.


Del 754 destacaría una nueva entrega de Cuidados paliativos, los diarios de José Antonio Llera (que me reafirman en lo ya dicho acerca de su alcance e importancia); un diálogo de Andrés Catalán con el poeta norteamericano Robert Pinsky (sí, el que apareció en un capítulo de los Simpsons leyendo su poema "Imposible de contar"); un estudio de Guillermo Sheridan sobre la estancia del joven Octavio Paz en la ciudad mexicana de Mérida; y siete deslumbrantes poemas inéditos de Luis Alberto de Cuenca, entre lo mejor que uno ha leído -y no es poco- del autor de La caja de plata.

27.4.13

Cuaderno Ático

Es una nueva revista de poesía. No una más. La dirige Juan Manuel Macías (Cartagena, 1970), filólogo, helenista, traductor y tipógrafo. Por esto último, su calidad sobresale. Llama la atención, para bien, su cuidada tipografía. Y no sólo eso. También las colaboraciones son dignas de aplauso. Por suerte, se puede ver y leer aquí. ¡Larga travesía, amigo!

Feria del Libro de Plasencia


26.4.13

Turia

Ya está aquí el número 105-106 de la revista Turia y, como acostumbra, cargado de lecturas interesantes. Por destacar algo, ensayos sobre Tabucchi y Wiesenthal; relatos de Erri de Luca o
y Louise Erdrich; un puñado de excelentes poemas de Siles, Olvido García Valdés, Cumbreño, Olga Bernad, Juan Marqués o Fernando Sanmartín; una de esas densas erudiciones de César Anrtonio Molina (ésta vez sobre Diderot); conversaciones con Auserón y Lara Almarcegui, una de las artistas más interesantes, a mi modesto entender, del panorama...
Lo mejor, acaso, el Cartapacio dedicado al novelista zaragozano Ignacio Martínez de Pisón. Escriben sobre él, que lo merece de sobra, Pozuelo Yvancos, Fernando Valls, José-Carlos Mainer, Ayala-Dip, Vila-Matas, Jordi Gracia, David Trueba, Conget y muchos más. Estupenda la entrevista que le hace Fernando del Val y muy útil la biocronología de Pedro Moreno Pérez. Me ha encantado, por cierto, el texto del maestro Melero: "La Zaragoza de Ignacio Martínez de Pisón", tan preciso como cercano.
Hay una coincidencia general en señalar no sólo su valía como escritor, sino su condición de buena persona. No deja de extrañar (quienes le hemos tratado, siquiera alguna vez, podemos dar fe de ello) su trato cordial y la extraña naturalidad con la que se conduce por la vida (resaltada por lectores y amigos), en comparación con la actitud altiva que caracteriza a no pocos colegas.
Se suma al dossier una nueva entrega de los diarios de Maícas (Doisneau, los jóvenes, la música...), asuntos aragoneses (y, por eso, universales) y, en fin, un montón de reseñas, de las cuales uno firma dos. ¡A leer!

25.4.13

La casa de Amalia Bautista

Ya dije hace poco que Renacimiento llevaba un ritmo imparable en lo que a libros de poesía, y no sólo, se refiere. Anuncié, además, la llegada de Falsa pimienta, la última entrega de Amalia Bautista (Madrid, 1962), número 115 de la colección Calle del Aire. 
Tengo desde hace tiempo en alta estima su poesía y este libro no viene sino a confirmarme en esa fidelidad lectora. Digamos que por contraste. Me explico. Es un lugar común, o eso me parece, creer que alguien que escribe lee aquello que se parece a lo que él (o ella) hace, lo más afín literariamente hablando, lo que, a la postre, comulga con su presunta poética. No es mi caso. Dentro de un orden, aprecio incluso más aquello que me resulta extraño o diferente, entre otras razones porque uno se imagina incapaz de escribirlo. La admiración, por otra parte, es un sentimiento, por lógicos y estupendos que nos pongamos. ¿Y qué admira uno de esta poesía? Muchas cosas, la verdad. Por ejemplo, y para empezar, el elegante ritmo de sus endecasílabos blancos. Para seguir -porque éste es ante todo y por encima de todo un libro de amor-, por la capacidad de AB para escribir poemas amorosos con la debida naturalidad, sin afectación, falsa retórica ni ñoñería, algo que suele ser norma en este tipo tan afamado de versos. Tal vez por eso, uno les tiene tan poco afecto y respeto. Que los nerudianos me perdonen.
El título da una pista sobre el talante del conjunto, lleno de frescura. En más de un sentido, por cierto. No me convence, pero reconozco que le va bien, lo mismo que los tonos de la cubierta de Marie-Christine del Castillo. Una cosa y la otra proceden de uno de los poemas de libro, que lleva, claro, el mismo título.
Consta de tres partes: "Doméstica sede", "Fuera de casa" y "La pertenencia". ¿No son elocuentes?
Yo no sé si es políticamente correcto lo que voy a decir; sin embargo, me parece destacable y singular otro rasgo: esta poesía está escrita por una mujer, y se nota. Mucho, según creo. Para mí es positivo, no discriminatorio. ¿Poesía femenina? No sé si existe; no obstante, ésta lo es. Si no lean "Tríptico del espantapájaros", "Ne me quitte pas" o "Adivina adivinanza", un poema divertido en un libro en el que el humor tal vez no abunde, pero donde hay mucha alegría. Sí, ya que la menciono, conviene señalar que la vitalidad es aquí evidente, y la celebración de la vida, con amor o sin él. Hasta la amargura, que por algún resquicio se cuela, parece darse al final por vencida. Quizá porque estos poemas parecen escritos en estado de gracia, al amparo de eso que, no sin temor o cautela, denominábamos inspiración.
Hice alusión a la naturalidad, a la perfección rítmica y métrica (dos en uno), al vitalismo, a la femineidad (sin perdón), todas ellas marcas de la casa. La que ha ido construyendo Amalia Bautista, con discreción, paciencia y cuidado a lo largo de los años. A mi modo de ver, es amplia y luminosa. Está llena de ventanas. Es, en suma, habitable. Digna, como poco, de ser visitada, aunque lo mejor sería poder pasar en ella unas vacaciones o, todavía mejor, una larga temporada. Diré más. Con permiso de su dueña, cualquier lector puede entrar y salir de ella como si tuviera llave. Una suerte.

24.4.13

Una crónica

HOY / M. N.












Como decía en la intervención que publiqué ayer en este rincón, hacía muchos años que no entraba en el vetusto caserón de la Avenida Virgen de la Montaña de Cáceres levantado en tiempos de la II República, reconvertido en un flamante edificio que alberga el Instituto de Lenguas Modernas de la UEX. La última vez no fue con motivo de mis oposiciones, sino para participar en el primer curso de gestores culturales que coordinaron Carmen Heras y Chema Corrales.
La entrada, ya desde la escaleras, ha cambiado. También los jardines, aún con algunos árboles. El vestíbulo anuncia la radical transformación de esa casa. Enfrente, un ascensor de moderno diseño. A la izquierda, el paraninfo, antes biblioteca. Cerca, o eso creo, de lo que antaño fuera cafetería. La sala es bonita, forrada de madera en tonos claros. Y estaba llena, algo sorprendente si tenemos en cuenta que se presentaba un libro, que era víspera de fiesta local (y a poco de que comenzara el desfile del dragón de San Jorge) y, en consecuencia, medio puente. Ah, y lucía el sol, las terrazas estaban puestas y eran las siete de la tarde.
Tomó la palabra en primer lugar la alcaldesa de Cáceres. Siguió el citado Chema Corrales, uno de los coordinadores de la obra. Estuvo suelto, divertido y natural, como es él. Para referirse a sus compañeros de aventura, utilizó símiles zoológicos: la nutria (Soto), la golondrina dáurica (P. Parejo) y el oso pardo (Barcia). Explicó cómo habían procedido en busca de los expedientes clasificados de algunos escritores que habían estudiado en la antigua Normal de Magisterio, hoy Facultad de Formación del Profesorado.
Después de lo mío, tomó la palabra el decano, Víctor López Ramo que tras señalar que los prólogos no suelen leerse, leyó el suyo; que, por cierto, no lo parece.
Escamado tras años y años de asistencia a plomizos actos institucionales, me temí lo peor al escuchar que le llegaba el turno a la representante de la Junta (ahora Gobierno), doña Mª Ángeles Rivero Moreno, Directora General de Personal Docente de la Consejería de Educación y Cultura. Y no, leyó unas prolijas notas manuscritas, del todo personales, donde fue recordando a numerosos maestros de su familia (uno de ellos, su abuela, depurada en plena Guerra Civil y enviada al destierro, a una escuelina serrana de la provincia de Ávila), reivindicó su condición de docente y evocó, entre otras cosas, sus vinculaciones con algunos de los incluidos en el libro, bien a través de su padre, bien como persona atenta al devenir de los acontecimientos regionales o, en fin, como compañera de uno de los elegidos: Eugenio Fuentes. Ya que lo menciono, ausente, como su amigo Leal Canales.
Cerró el acto el Rector de la Universidad de Extremadura con unas palabras bien traídas, sumamente ajustadas, que sirvieron de perfecto colofón a un acto que en nada se terminó pareciendo a lo que uno, ay, preveía. Uno, añado, y otros, según confesión de algunos asistentes.
Saludé, una de las alegrías de la tarde, a Remedios, mi querida profesora de Didáctica, a Irene Sánchez Carrón (tan tímida y encantadora como siempre), a Marisa Curiel (la simpática nieta de don Marciano), a Adolfo Maíllo y a su mujer (ya que en Plasencia no nos vemos)... De lejos vi a José Luis Bernal, a quien no llegué a saludar porque se me perdió entre la multitud y porque, como siempre, salimos de allí corriendo.

Escuchando Plasencias

Luis Arroyo sigue con su programa radiofónico "La luz de las palabras", que presenta junto a Guadalupe Jiménez y que se emite los lunes dentro de "El Doblao" en NVO Radio, la emisora municipal de Navalvillar de Pela (Badajoz). Pues bien, el del pasado día 8 estuvo dedicado a Plasencias. Ya se puede escuchar aquí. Gracias.

23.4.13

Maestros de las letras

Hacía mucho que uno no entraba en este vetusto caserón que fue durante décadas sede de la antigua Escuela de Magisterio y hoy del Instituto de Lenguas Modernas. Cuesta, cómo evitarlo, no sentir nostalgia por el tiempo perdido, no evocar desvaídas jornadas juveniles con profesores y compañeros que están y que no están, encerrado entre estos muros donde algunos no sólo realizamos nuestros estudios superiores sino también las sufridas oposiciones que nos han permitido formar parte del benéfico Cuerpo de Maestros, si se me permite el feliz anacronismo.
Aunque en nombre de todos, hablo por mí a la hora de reconocer que si uno optó por esta carrera –entonces diplomatura, hoy grado- fue por vocación, la misma que llevó a mi bisabuelo Francisco Martínez Trejo a ejercerla de pueblo en pueblo, de Cerezo a Trujillo, donde abandonó definitivamente el desempeño de ese servicio público en favor de otras tareas mejor remuneradas. “Pasas más hambre…”. Un sueño cumplido que mi propio padre, aspirante a educador, no llegó a realizar.
Que ésta ha sido una tierra de maestros es tan cierto como que es una tierra pobre. A esa pobreza esencial le venía bien este trabajo gustoso, por decirlo con Juan Ramón Jiménez, modesto pero necesario; una labor a la que iban a parar no pocos extremeños a falta, es verdad, de otras posibilidades más inasequibles y lejanas. Al menos hasta que se fundó la Universidad de Extremadura, cuyo 40 aniversario celebramos, y empezó a contribuir a ese desarrollo tantas veces pospuesto, para redimir a esta región del secular atraso en el que estuvo sumida. A favor de la educación y la cultura: de la instrucción pública, como algunos preferimos decir. No han hecho poco por ello los maestros extremeños. Primero en las aulas, como es su principal obligación, y después desde lugares tan distintos como la política, la literatura o la gestión cultural.
Me parece un acierto que la contribución de la Facultad de Formación del Profesorado de la citada universidad, heredera de aquella vieja Escuela (de cuyo claustro, por cierto, forman parte, además de admirados docentes, mi hermano Jesús y mi cuñada Carmina), sea la edición de un libro. Una obra que debemos, sobre todo, a sus coordinadores, los profesores Barcia, Corrales, Pérez Parejo y Soto. Me gusta su aspecto: sobrio y bien maquetado. Como me atrae el título elegido, debidamente ambiguo: Maestros de las letras, donde “letras” aparece con minúscula, como debería aparecer, si no fuera contra las reglas ortográficas, la hermosa palabra maestro. Y ya que lo menciono, yendo al fondo de la cuestión que nos reúne aquí, para alguien que ama la lectura y los libros, ¿cabe un milagro más humilde, al tiempo que sorprendente, que el de enseñar a un niño a leer y a escribir? Sólo con eso… 

En clase, foto de Javier Juanáls
En este ciclo aciago en el que un amplio sector ideológico de nuestra sociedad parece empeñado en denostar la enseñanza pública, en un país que encuentra tolerable humillar a los profesores y maestros y en ridiculizar su preparación y conocimientos, no encuentra uno, sin menospreciar a nadie, un trabajo más digno, una ocupación más noble, ningún camino más cierto para nuestra regeneración moral y nuestra definitiva conversión en una nación plenamente democrática que el de impulsar la educación básica, igualitaria y gratuita, pues que sólo desde abajo y con medios suficientes se podrá garantizar una buena enseñanza secundaria y, llegado el caso, una formación excelente en la universidad. En suma, ninguna vía mejor para formar ciudadanos.
Por eso se siente uno tan honrado de formar parte de este selecto grupo de maestros que desde el magisterio, o no, mantuvieron o mantienen lo fundamental de su quehacer sobre la base de esos pequeños ideales, más allá incluso de las ideas personales de cada cual, deudoras de las circunstancias históricas; aquí, la Guerra Civil y la Transición, hitos que marcan las vidas, respectivamente, de los muertos y de los vivos. En todo caso, personas ejemplares, que diría Javier Gomá, con las cuales, porque esto es pequeño y nos conocemos casi todos, de una u otra manera me unen o me unieron lazos personales. Así, con Marciano Curiel (cuesta prescindir del “don”), natural de Garganta la Olla, como mi suegro, de la calle del Chorrillo, folclorista, recopilador de cuentos populares extremeños, libro que tuvo uno el privilegio de publicar en la Editora Regional gracias a sus nietas María Luisa y Pilar; Adolfo Maíllo, tan vinculado a la alta gestión política y pedagógica de la Educación española, padre del médico humanista placentino del mismo nombre, cuya opinión centrada y liberal tanto echamos de menos en la prensa extremeña; Jesús Delgado Valhondo, a quien tanto admiré y quise, uno de los poquísimos referentes “de dentro” que tuvimos los incipientes poetas de mi generación; Valeriano Gutiérrez Macías, galaniano de pro, que dejó en sus hijos Juan de la Cruz y Francisco de Borja la semilla de la inquietud cultural; José Canal, el elegante señor de la pajarita, que llevó a gala uno de los nombres más bonitos que alguien pueda atribuirse: “poeta provinciano”; el retórico Pedro de Lorenzo, por cuya calle placentina transito cada día camino del colegio, ciudad donde lo conocí siendo muy joven y de cuya vida se ocupa, con la misma lealtad de siempre, su biógrafo, Santiago Castelo, una de las perlas de este volumen; Mercedes Guardado, alma de uno de los mejores y más singulares museos de Extremadura, el que conserva la obra de su marido, el mítico artista Vostell, la única mujer de la muestra, lo que, siendo ésta la profesión de muchas mujeres, señala una anomalía: su tradicional apartamiento del mundo de las letras, una exclusión entre tantas; Eugenio Fuentes, vecino de puerta durante años, autor de novelas de éxito, dentro y fuera de España, que, para demostrar que, como género, la novela negra (a la que acaba de dedicarle un ensayo) le queda pequeño, publica estos días Si mañana muero; Leal Canales, con el que coincido en el convencimiento de que todo microcosmos –Cáceres para él, Plasencia para mí- es en realidad el mundo, que una ciudad es todas las ciudades; Serafín Portillo, paisano y amigo, poeta parco pero verdadero, ejemplo de extremeño que no se contenta con quedarse en casa escribiendo y que trabaja por el progreso de su tierra, como coordinador, por ejemplo, del Plan de Fomento de la Lectura; y Fermín Solís, precoz historietista de prestigio, autor de Buñuel en el laberinto de las tortugas, primera novela gráfica extremeña, cuya primera edición tuvimos la suerte de publicar en la mencionada Editora Regional. El círculo se cierra: de don Marciano a Fermín.
Constato, en fin, que soy el único maestro raso del grupo: todos mis colegas en activo, tras licenciarse, están en Secundaria y Solís con sus historietas. Concluyo destacando lo que, a la postre, más importa: los textos seleccionados de cada uno de nosotros. Es lo que justifica este emotivo homenaje que agradecemos. La prueba irrefutable o discutible de nuestra designación como sencillos maestros de las letras. Y ahí, una alegría, todos estamos vivos por ahora, los que se fueron y los que no. Larga vida a esta Facultad que nos convoca, a la Universidad de la que forma parte y a cuantos creemos que leer y escribir son destrezas primordiales para el ser humano y, en consecuencia, quienes nos las enseñaron, personas dignas de elogio.
Muchas gracias.

(Nota: Este texto fue leído ayer tarde en Cáceres con motivo de la presentación del libro Maestros de las letras, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura. Próximamente, la crónica del acto.)

22.4.13

Sentados o de pie

Sentados o de pie. 9 poetas en su sitio es el título de una antología de Antonio Piedra que publica la Fundación Guillén de Valladolid, en su colección Cortalaire, donde se reúnen poemas de "un grupo poético de afinidades coyunturales", como se le define en el prólogo. Los poetas convocados, nacidos entre 1951 y 1964, son, por orden de intervención, esto es, de edad: Luis Díaz Viana, Luis Alonso, Luis Santana, Luis Ángel Lobato, Luis del Álamo, Carlos Medrano, Eduardo Fraile, Javier Dámaso y Mario Pérez Antolín. (Sí, cinco Luises, como señala en su reseña Miguel Ángel Lama.) El ocurrente título se refiere a esta fotografía:














Aunque nacidos en nueve provincias distintas y uno de ellos, el último, en el extranjero, a todos les unen sus ancestros vallisoletanos y en esa ciudad castellana se iniciaron en la literatura. Son "herederos directos de la Transición", nos dice Piedra, no forman una generación sino un grupo (para explicar el distingo echa mano de otro paisano ilustre, Jorge Guillén, santo patrono de la Fundación que edita el libro), carecen de líder y van por libre y a su paso (con no poca obra inédita a sus espaldas). Ninguno se dedica profesionalmente a la escritura, viven ajenos al mundillo literario, sus referentes poéticos son múltiples (por más que puedan distinguirse ecos de, pongamos, Claudio Rodríguez o Francisco Pino, al que algunos trataron) y, en fin, podrían acogerse, a modo de lema general, a unas palabras de Juan Ramón: "Quisiera que me dejaran ser lo que soy".
Confieso que, salvo a dos, no conocía bien (otra cosa es "de oídas") a ninguno de los seleccionados. Ni de los que están sentados ni de los que permanecen de pie. De uno de esos dos, Mario Pérez Antolín, ni siquiera conozco sus libros, si bien hemos cruzado alguna que otra misiva. A quien sí conozco es a Carlos Medrano. Puede servir de paradigma a lo que esta antología de poetas, digamos, anómalos significa. Nació en Salamanca en 1961, vivió en Extremadura hasta 1979 y en nuestra universidad pasó el curso 1982-83, en la Facultad de Filosofía y Letras. Se marchó, pero volvió al cabo de los años como profesor de instituto, al de Jaraíz de la Vera. Aquí ha publicado el grueso de su obra: las tres primeras entregas de las cuatro de que consta su producción: Corro (1987), A lo breve (1989)  Las horas próximas (1990) e Imágenes, encuentros (1996).
En la antología se anuncia como inédito El asedio del agua, un libro del que forman parte poemas que ha venido publicando en su blog, isla de lápices, donde también rescata versos escritos hace tiempo, inéditos o no. 
Uno, como lector y amigo, le anima a que vuelva a la vida impresa. Por lo leído, justificadamente. Mientras, podemos contentarnos, no es poco, con los poemas incluidos en esta interesante antología. No sólo una más.

21.4.13

Críticas

© Leszek Paradowski
No acaba uno de acostumbrase a esto de la crítica. Quiero decir que me sigue sorprendiendo leer, pongo por caso, la reseña favorable de un libro que a los pocos días otro crítico desaconseja con idéntico fervor. Es verdad que los muchos años le recomiendan a uno, además de la consiguiente relativización de las cosas (no digamos en lo referente a las opiniones literarias), tener en cuenta numerosos factores. De los más sesudos a los más circunstanciales, sin olvidar la amistad o la inquina, tan humanas.
Extraña, con todo, que lo que uno valora como esencial el otro lo destaque como error. El lenguaje, por ejemplo, que en una novela es para A., por su esplendor, lo principal, y para B. lo que, por su simpleza, la hunde. En narrativa, por otra parte, uno cree que el terreno sobre el que se asienta la lectura es más firme. O más fiable. Lo mismo que en el ensayo. En poesía, es verdad, todo parece más frágil y complejo.
Uno, en fin, se pone en el lugar de ese hipotético lector que todavía se deja aconsejar por los críticos de referencia y lo ve crudo. Supongo que como siempre. Ya se sabe, para gustos... Aunque podría, no me atrevo a meterme en el campo minado de los ejemplos concretos. Ya tengo bastante.
Sin más presiones que las propias ni más dueño que uno mismo, comento aquí algunas lecturas. A mi aire. No con el afán de recomendar, allá cada cual, sino con el de transmitir la sencilla felicidad que esos libros me proporcionan. Por el placer de compartir, digamos, esa alegría asequible. Si luego alguien quiere comprobarlo... Igual soy sujeto de las contradicciones que señalo. Espero que no. Aunque ecléctico, me tengo por un tipo con criterio.

20.4.13

Tono

"Siempre he tenido el convencimiento de que la razón disminuye, e incluso puede huir de nuestro discurso, si no encontramos el tono justo para transmitirla". Francisco Javier Irazoki, Radio París. El Cultural.

19.4.13

Rosillo

Siempre el mismo, siempre diferente. Cada nueva entrega de Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) es, para sus lectores, un motivo de fiesta. Entra uno en la última, Antes del nombre (NTS, Tusquets Editores), título del primer poema del libro, y sabe de antemano lo que puede encontrarse; sin embargo, esta poesía que pone su acento en la perplejidad y en el asombro (nada más clásico en el mejor sentido, ni más griego ni más mediterráneo), te desarma apenas lo reconocido, incluso lo previsible, cede paso a lo novedoso, pues que el mundo no cesa en su cambio, lo mismo que quien se empeña en escribir los versos que dan fe de ese misterioso, circular movimiento.
Antes, la viñeta de Gaya, esa maceta con geranios, ya nos ha anunciado a su manera -sigilosa y sutil- la poética que viene: luz, claridad, transparencia. Sí, diurna, sobre todo, por más que no falte noche en este libro de un traductor, no se olvide, de Leopardi.
El mar, los árboles, los pájaros, las estrellas siguen siendo los sencillos símbolos predilectos de Rosillo que tiene en la mirada su principal método de conocimiento. Y todo, ya digo, en medio de la luz. La de su tierra murciana. La del verano, donde siguen habitando la infancia y la memoria.
O en su fronteras: el alba y el ocaso. 
Poemas, los de este hombre, limpios; escritos con una precisión de artesano, sin trampa ni cartón.
En un cuarto, donde todo es quietud, soledad y silencio, alguien observa cómo la vida vuelve, renovada, y ese milagro, repetido pero nunca idéntico, le permite celebrar este no siempre agradable seguir aquí. Aunque la melancolía, que rima con elegía, se deje caer a veces por entre los intersticios del tiempo, porque huye. Otra luz; parte, en todo caso, de un mismo tono.
Lo dijo muy bien F. J. Irazoki desde Radio París"Por fin disfrutamos con un poeta que no participa en los campeonatos de dolor. No necesita imitar el tono y las músicas marginales; no redacta textos con olor a serpiente muerta. Tampoco suelta ráfagas herméticas por las que el lector vuela con los ojos vendados. Nunca lo vemos caer en gestos comerciales de abandono y languidez. Los versos de Eloy Sánchez Rosillo transmiten la complejidad con expresión limpia, y la riqueza interna de su arte llega sin trabas a la superficie. Son páginas escritas por un hombre que se sabe efímero y ensalza la vida en que él se consume."

18.4.13

Clarines

Se me pasó comentar algo acerca del penúltimo número (103) de la revista Clarín y mira que lo merecía. Por "Facilidad de la poesía y otros impromptus", de Antonio Cabrera, adelanto de un libro que ya busca editor; los aforismos de Ramón Eder; los siempre curiosos e interesantes textos de Rosa Navarro Durán; los diarios de Manuel Neila por Túnez y las cinefilias de Benítez Ariza; por "Los barcos", una prosa de Cavafis; la entrevista con Maurizio Serra a propósito del inquietante Malaparte y la biografía que del escritor italiano ha publicado en España Tusquets; por las múltiples y esclarecedoras reseñas; y, sobre todo, por el "Autorretrato" del poeta milanés Giovanni Raboni, en edición de la que fuera su mujer, Patrizia Valduga, con nota de Luca Daino y traducción de Juan Carlos Reche. ¡Todo un descubrimiento!

En lo que respecta al último número (104), y a falta de leerlo al completo, otra agradable sorpresa: los poemas del norteamericano Joseph Stroud, de quien uno espera que Jesús Jiménez Domínguez (su traductor) nos ofrezca cuanto antes una antología. Por lo demás, una conferencia de Felipe Benítez sobre Ramón; noticias de Juan Bonilla (que saca novela, basada en la vida del poeta futurista Maiakovski), bibliófilo en crisis; tres miradas del heterónimo y fotógrafo Juan Ochoa; y un puñado de textos, relatos, diarios, entrevistas y reseñas que harán, como suelen, las delicias de los lectores de la revista asturiana.

17.4.13

Quimera

Fui lector asiduo de la revista literaria Quimera. Estuve incluso suscrito. La edad, la pérdida de algunos ímpetus juveniles y unas humedades que se llevaron por delante mi colección de números atrasados, me hicieron desistir. También que ha tenido etapas y etapas, directores y directores. Tal vez la nueva época que ahora se abre (que acaso recuerde la última brillante, con Fernando Valls al frente), me rescate como lector. Por lo pronto, colaboro en ella. En su blog se puede leer el índice del primer número de esa Quimera renovada. ¡Salud!

Noticias de La Plaga

Llegan noticias de los insignes miembros de La Plaga Lírica placentina; así, a la que anunciaba hace un par de meses la salida de Un lugar para nadie, el excelente libro de Álex Chico publicado en la colección Luna de Poniente, se une ahora que un libro de Fran Fuentes, Setenta y cuatro días sin mí, haya sido declarado finalista del Premio Ausías March al Mejor Poemario 2012. No me gusta nada lo de "poemario" y, en cuanto al blog que lo concede, tengo todas las reservas (no me gusta la impunidad del anonimato, por ejemplo, ni las mentiras que vierten a veces), pero me alegro, cómo no, de que el placentín haya conseguido poner una pica en Addison de Witt y que su obra sea reconocida, más si tenemos el cuenta la altura de los otros libros galardonados, Premio de la Crítica incluido.
De otro plaguense, Víctor Martín Iglesias, también tengo referencias. Pronto sabremos si un poema suyo ha quedado primero, segundo o tercero en el Certamen de Poesía Joven “Premio Miguel Gutiérrez García”, que concede el exótico Liceo Poético de Benidorm. Para terminar, su sosias Víctor Peña Dacosta estará en el colegio el próximo día 23 para celebrar con nosotros el Día del Libro. Ofrecerá una lectura de sus poemas a los alumnos de 6º y todo aquello que se le ocurra (dentro de un orden), que no será poco.
¿Y José Manuel Chico? Espero que siga bien. Y escribiendo.

16.4.13

Poeta en Nueva York

A pesar de que acaba de salir, ya se ha hablado largo y tendido en torno a esta primera edición del original de Poeta en Nueva York, de Ferderico García Lorca, fijada y anotada por por Andrew A. Anderson. De él son también la introducción y las numerosas notas de este libro excepcional publicado por Galaxia Gutenberg en edición de Jordi Doce, que sustituye al desaparecido Nicanor Vélez como director de esta acreditada colección de poesía.
Sí, todo un acontecimiento. No cabe duda de que nos encontramos ante un festín para filólogos. La tarea llevada a cabo por Anderson es exhaustiva. Al historial del libro que Lorca le entregó a Bergamín semanas antes de su trágica muerte -su evolución, la versión definitiva, la irrupción en escena de la guerra que tan nefastas y definitivas consecuencias tuvo para su autor, lo que complicó no poco que se publicara como es debido, y las dos primeras ediciones (en español y en inglés)- se unen otros pormenores: sobre los borradores, manuscrito y mecanoscrito, poemas "huérfanos", anticipos en revistas, ilustraciones, etc. de la nueva edición. Y, por fin, lo que atañe a la actual, que, no cabe duda, habrá de marcar un hito en lo que respecta al mítico libro y al no menos legendario poeta que lo escribió.
Pero no todo es filología. Además, cualquier lector del poeta granadino podrá volver a leer o a releer de la mejor forma posible -se nos presenta un texto limpio sin notas ni otros estorbos- una de las obras fundamentales de la poesía española de todos los tiempos. Tras dar buena cuenta de los mencionados detalles (casi una novela), es lo que uno, lorquista ma non troppo, ha hecho. Siempre es bueno volver a este intenso e imaginativo libro.

Como complemento a esa lectura, uno sugiere la de otro título recién aparecido también en una de las editoriales más prestigiosa del mundo del hispanismo, Edition Reichenberger. Me refiero a Lorca en Nueva York: una poética del grito, del profesor e investigador extremeño José Antonio Llera, poeta él mismo, que, como indica la nota del editor "aborda una lectura en clave comparatista de Poeta en Nueva York, mostrando las intersecciones entre la literatura, la pintura, la fotografía y el cine". Además, "trata de superar aquellas interpretaciones que contemplan esta obra sólo en la órbita del Surrealismo", "descubre su hondo calado expresionista y la relevancia de la cultura norteamericana de los años veinte, con especial atención a la sociedad de masas" y "propone, asimismo, un análisis de los textos lorquianos como representaciones del cuerpo y del deseo, como huellas de un eros atormentado donde confluyen lo individual y lo colectivo, proyectados sobre la pantalla de una de las ciudades emblemáticas de la modernidad por la que pasaron muchos escritores del siglo XX como José Martí, Juan Ramón Jiménez, Paul Morand, Julio Camba o Vladimir Maiakovski, a cuyas experiencias también se presta atención."
¿No es éste un buen plan?

15.4.13

ONE

El invento no es nuevo. Que los periodistas trabajen para las instituciones y los partidos políticos es algo muy antiguo. Comunicadores prefieren llamarlos algunos, para no confundir.
J. López-Lago publicaba ayer domingo en el diario HOY un extenso artículo titulado "El periodismo cede ante los gabinetes" donde se explica con claridad y datos este fenómeno en la actualidad extremeña. La Junta, por ejemplo, sigue contratando periodistas y "ya tiene 29 trabajando para las distintas consejerías".
Si bien la práctica es legítima y, en cierta medida, hasta necesaria, el problema empieza cuando, por culpa de la crisis (la económica y la que, sobrevenida, afecta a los medios de comunicación tradicionales), a medida que se reducen las redacciones aumentan los gabinetes. Que el profesional del medio no va, tranquilos, ya le facilitarán ellos la noticia; convenientemente maquillada, eso sí. Se sustituye la información por el marketing. Sufre, es obvio, la democracia.
Un reciente suplemento propagandístico de El Periódico Extremadura sobre Contempopránea, el conocido festival de música indie de Alburquerque, incluye sendas entrevistas con la consejera de Educación y Cultura de la Junta y su presidente, que en la vida se habrán pasado por allí, pero que parecen, a tenor de las respuestas, especialistas de Radio 3. Se ve a las claras que los negros (con perdón) han cumplido de sobra con su tarea.
Más allá de su erudición sobre el pop independiente, me ha llamado la atención esta perla encontrada en una de ellas, nada más empezar.
"Contempopránea se enmarca dentro de ONE, Estrategia de Innovación e Investigación para la Especialización Inteligente. ¿Cuál es el objetivo?", pregunta no sabemos quién a Monago. Y éste responde: "Es una estrategia general de especialización de nuestra economía con un único objetivo: alcanzar la excelencia en aquellos sectores en los que tradicionalmente hemos sido buenos, también en la Cultura. ONE significa Organizando una Nueva Extremadura, una región que se adapte a los nuevos tiempos, a un mundo globalizado y exigente. El nuevo modelo productivo de la economía extremeña tiene que situarnos en el mundo, visibles, inteligentes y excelentes. Y en la iniciativa Organizando una Nueva Extremadura debemos participar todos. Es una iniciativa propuesta por el Gobierno pero en la que caben las ideas de los líderes civiles, porque la Nueva Extremadura es responsabilidad y proyecto de todos los extremeños". ¡Uf!

14.4.13

Mussche


















Aunque uno lo que de verdad espera del escritor vasco Kirmen Uribe (Ondarroa, Bizkaia, 1970), autor del inolvidable Mientras tanto cógeme la mano, es un nuevo libro de poemas, no he resistido la tentación de leer su segunda novela, tras la exitosa Bilbao-New York-Bilbao (Premio Nacional de Narrativa), Lo que mueve el mundo, publicada también en castellano por Seix Barral y traducida del euskera por Gerardo Markuleta. 
Me gustaba más el título original, Mussche, por misterioso y sugerente. En todo caso, ése es el apellido del escritor belga, de nombre Robert, que protagoniza esta historia de niños de la guerra (los del País Vasco, que tuvieron que huir de la barbarie), cuyo sutil argumento no se me ocurre desvelar, en la que Uribe refleja sentimientos tan humanos como la pérdida de un amigo, el amor o el nacimiento de un hijo: "La felicidad y la ausencia. El hundimiento de un mundo y el comienzo de otro". Un relato real cuya génesis y justificación revela su autor, mediante un efectivo ejercicio metapoético, en las páginas 212 y 213.
Al fondo, la vida de un héroe de nuestro tiempo, "anónimo", tan humano y real como los sentimientos y las peripecias que sostienen la existencia de cualquiera, por aquello de que un hombre es, al fin y al cabo, todos los hombres. Existen, nos dice Uribe.
Por suerte, ésta no es otra maldita novela sobre la guerra. Civil, Mundial; de falangistas o de nazis, poco importa.
Escrita con un lenguaje austero y eficaz, a medio camino entre el reportaje y el diario, sin desatender su condición de artefacto narrativo, Lo que mueve el mundo se lee con la misma naturalidad con la que uno escucha un cuento, una fábula, una leyenda. O una sencilla conversación. Por eso, a mi modesto entender, el mérito de Uribe no es poco.

13.4.13

Un blog

Miguel y Juan son alumnos de 6º B, el curso del que soy tutor. Hace años fundaron un periódico artesanal en papel y ahora se han pasado al blog. Se llama como aquél: La Crónica del Alfonso VIII. Entre las últimas entradas, una de Miguel con un vídeo de los lugares secretos de la catedral placentina (descubiertos de la mano de Jesús López) y otro de Juan con un poema escrito por él y titulado "De infantil a sexto", un repaso a toda una vida escolar que llega a su fin, camino del instituto. La foto -de hace un par de cursos o tres, hecha en el patio del colegio- es otro poema. Mágico, porque en ella aparece la nieve.
Ah, Miguel es el primero de pie por la izquierda y Juan el del gorro, también de pie y a la derecha.

12.4.13

Siciliana

Como el título de la primera entrega de los diarios de César Simón. Sí, una de mis obesiones favoritas es Sicilia, la isla mediterránea que, por cierto, tanta y tan buena literatura ha dado. El pasado sábado, sin ir más lejos, dedicaba Juan Bonilla, en El Mundo, un artículo a El Gatopardo con motivo del cincuentenario de la película que sobre la inolvidable novela de Lampedusa realizó Visconti. La lista de autores que podríamos añadir al noble palermitano sería larga. En lo que a uno respecta, desde los clásicos Quasimodo, Pirandello, Sciascia, Verga, Consolo y Bufalino, hasta, pongo por caso, Simonetta Agnello Hornby. No me disgustó La Mennulara (Tusquets).
Nunca he estado allí. Pocas cosas me gustarían más. Aparte de los libros y los documentales, me han hablado de ella, en primera persona, Iñaki Abad, que fue profesor de español en la universidad de Catania, y mi hijo, que la visitó gracias a un intercambio de su instituto. El primero, claro, con más pasión.
Será interesante leer en su diario las impresiones de Trapiello, que anduvo por allí el año pasado. Por cierto, el poeta se refiere a Sicilia como "la otra Extremadura". Puede que de ahí...

Casco antiguo de Ragusa















Hace semanas que sigo la serie televisiva Comisario Montalbano, el personaje de Andrea Camilleri (a quien, ay, no he leído), y no tanto por las intrigas que propone cuanto por los paisajes que refleja, de ciudades y pueblos sicilianos y, no pocas veces, de interiores campestres y bonitas zonas costeras. Un Montalbano, por cierto, que se me parece bastante, en las hechuras, a mi amigo Miguel Ángel Lama, lo que le da a esa visión sabatina un añadido curioso.
No es ajeno a este fervor siciliano mi entusiasmo por Bagheria, el libro de Dacia Maraini que comenté aquí atrás.
Mientras llega ese figurado día en que uno pueda visitar Palermo, Racalmuto (la patria chica de mi admirado Sciascia) o Agrigento, me contentaré con seguir leyendo libros y viendo documentales sobre esa isla idealizada y luminosa donde la Mafia existe, el Etna sigue activo y sopla a veces el pertinaz siroco.

11.4.13

Portillo

Gracias a José Manuel S. Paulete y Quique García Fuentes recibo los cuadernillos del Aula Díez Canedo de Badajoz, la que fundara Pámpano y por la que a lo largo de las dos últimas décadas tantos poetas han pasado. Con el número 131, le toca el turno a mi paisano Serafín Portillo (Plasencia, 1961), que lee hoy en esa ciudad del Guadiana, autor de los libros de poemas Recóndito Trasluz (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1997), La misma sombra (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2003) y Mapa de las corrientes (Sevilla, Renacimiento, 2008), así como del ensayo De camino al silencio: (transversalidad y poema) (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2005). De 2008 a 2011 coordinó el Plan de Fomento de la Lectura de Extremadura y ahora, como antes de emprender esa tarea, se dedica a la enseñanza en el instituto "Alagón" de Coria. Leo (releo, mejor) los poemas de la antología y me reafirmo en mi alta consideración por su poesía. Me alegro, además, por el par de poemas inéditos que se añaden al conjunto, garantía de que ni ha bajado la guardia ni otros empeños le han desviado de lo que importa; a sus lectores, al menos. 
Tendré ocasión de saludarlo pronto en Cáceres. El próximo día 22 se presenta en la antigua Escuela de Magisterio de la avenida Virgen de la Montaña el libro Maestros de las letras, un volumen con el que la Facultad de Formación del Profesorado conmemora el 40 aniversario de la Universidad de Extremadura, a la que pertenece, y donde se da cuenta de la vida y las obras de algunos escritores extremeños que pasamos por allí, como el propio Portillo o Eugenio Fuentes.

10.4.13

Noticias de la ausencia

Se alegra uno del vigoroso ritmo de Renacimiento, la clásica editorial sevillana de Abelardo Linares. No hay semana que no comente en este chiribitil una de sus entregas. No es sólo una cuestión de número, sino de calidad. Ya estoy deseando leer, por ejemplo, otra obra de la colección Calle del Aire, Falsa pimienta, de Amalia Bautista, que acaba de llegar.
De Gil Bengoa (Bilbao, 1958) no había leído nada. Y eso que es de mi quinta. Se nos cuenta que es novelista, con tres novelas en su haber, un libro de poemas (también en Renacimiento, Los desiertos verdes) y la coautoría del guión de la película Agallas, que tampoco he visto.
La noche cerca contiene poemas que me han recordado a otro bilbaíno, Jon Juaristi. Por el tono. Tanto uno como otro, más allá de paisanaje, coincidencias o afinidades, gustan de una poesía directa, sin estorbos retóricos, realista y de línea clara. Irónica y, en el caso que nos ocupa, grave. Por el estilo, no por la grandilocuencia. Sobre todo en los poemas, que sostienen el andamiaje central de la obra; los dedicados a la enfermedad y muerte de su hermana. Con ellos, el dolor del poeta y, al fondo, de sus padres. A este respecto, cómo impresiona "Retrato", un poema breve, de emocionante intensidad. Una emoción que se presenta al natural, sin adornos, ya decía. A veces, sobre todo al principio, a uno le extraña el aparente desmañamiento con el que están escritos estos versos encabalgados, prosaicos incluso, sujetos a normas poco o nada convencionales; vamos, que se aferran a la idea o a lo que se quiere expresar con independencia de otras consideraciones. Tampoco quiero decir que no haya oficio, ni que, por otro lado, sean innovadores en su forma o, ya no digamos, vanguardistas. Licencias, sí, alguna, pero nada más. En función de lo que se tenga que decir. Es cierto que a medida que uno avanza en la lectura, esa sensación desaparece y acabas por leer lo que hay: poesía, y mucha, y honda, ya sea por culpa de esa tema central que, como explicaba, atraviesa la obra o por otros - la mujer, los hijos, los amigos (memorable su poema a Fernández de la Sota), el amor, los recuerdos...- que giran en torno a él como planetas sujetos a un mismo sistema. Sí, hay unidad en La noche cerca y, vayan donde vayan esos versos, un mismo aire de familia teñido de desolación, enfermedad y muerte, por más que la ironía, ya se apuntó, y hasta el humor, no dejen de percibirse entre líneas.
No falta en el libro la presencia de su ciudad natal, Bilbao (jardines de Taza), muy adecuado a esa gama de grises que domina la escena. Ni un poema ("Deuda") donde la violencia y la guerra se hacen carne: "también fui un niño adolescente llamado a filas / me gritan eres un gudari ponte firmes vas a empezar / a matar / o morir  / así de sencillo / he visto morir amigos en el campo de batalla..."
Terminaré destacando la conseguida narratividad de los poemas largos y la energía que transmiten los poemas breves, de una fortaleza llamativa, que golpean al lector con la sutil contundencia de lo logrado.

DESLUMBRE AFRICANO

                              A Maribel Cruzado y José María Conget

Digno sobre la tierra ocre
y seca que bordea el asfalto sofocante,
demacrado por el polvo y la arena,
bajo una foto del monarca un anciano aguarda
quizás en vano
un gesto de piedad.

9.4.13

Cernuda en Cáceres

A finales de mes tendrá lugar en Cáceres un interesante Coloquio Internacional titulado LUIS CERNUDA, 50 AÑOS DESPUÉS (PERSPECTIVAS EUROPEAS Y DEL EXILIO). Ha sido organizado por las Facultades de Filosofía y Letras y de Formación del Profesorado, ambas de la Universidad de Extremadura. 
La coordinación es obra de los profesores (y escritores) Mario Martín Gijón y José Antonio Llera. 
Patrocinan el Coloquio la Universidad de Extremadura, El Corte Inglés, el Departamento de Filología Hispánica y Lingüística General, el Departamento de Lenguas Modernas, el Departamento de Didáctica de las Ciencias Sociales, Lenguas y Literaturas y la Fundación Gerardo Diego.

8.4.13

Dos mujeres opinan

"La política, la economía y la sociedad españolas parecen embotadas, paralizadas, como si tras las crisis agudas del rescate total que nos angustiaron durante meses, hubiéramos pasado a una crisis “estable”, a largo plazo. Como si hubiéramos alcanzado una estabilidad en el malestar, en el que descontamos por anticipado todo tipo de frustraciones y desgracias, resignados y sin la menor capacidad, ni casi deseo, de combatirlos.
Pero lo que está sucediendo es que la crisis, trasladada a las instituciones, incluida la Monarquía, no se ha estabilizado, en absoluto. Que el deterioro continúa, que se está profundizando y que esa especie de muerte civil ciudadana en la que el Gobierno de Rajoy cree moverse con tanta seguridad es falsa y contiene un alto riesgo, un peligro de inestabilidad mucho mayor que el rescate". Soledad Gallego-Díaz, "Instalados en una manera miserable de ver las cosas", El País.

"Y los gobernantes deberían ser los primeros en defender el derecho de los españoles a protestar pacíficamente contra las medidas de cualquier gobierno, local, regional o nacional. Y es que hay un sector del PP que en cuanto alguien sale en manifestación y no es Rouco Varela defendiendo a la familia, ya lo tachan de perroflauta y antisistema. Aunque sea un médico que vota a Rajoy y protesta porque se quiere privatizar un hospital; o alumnos que se quejan de recortes y profesores que se han quedado sin trabajo. Como si el derecho de manifestación no estuviera consagrado en la Constitución". Manuela Martín, "Más cerca de la explosión", Hoy.

7.4.13

El manual de Melero

El inquieto bibliófilo y bibliógrafo zaragozano José Luis Melero acaba de publicar en la preciosa colección Papeles de Trasmoz (de la Editorial Olifante) un libro no menos exquisito (da gusto: papel, tipografía...) titulado Manual de uso del lector de diarios. Una selección bibliográfica, minucioso recuento de diarios o dietarios (donde no faltan los que recopilan artículos literarios, otro género híbrido); literatura memorialística y autobiográfica, en suma, de autores tanto españoles como extranjeros. Para quienes leemos con placer ese tipo de obras, hasta hace poco tan escasas por estos lares, el volumen no tiene desperdicio. Todo lo contrario.
A las numerosas referencias conocidas (los autores están ordenados alfabéticamente y se añade un capítulo final titulado "Algunos apuntes sobre otros diarios", fechado en febrero de 2013) añade uno otras desconocidas u olvidadas que lo único que suscitan en el lector son ganas de leer más y más. Sin que Melero pretenda ser exhaustivo en su selección, o eso dice (estos sabios...), me da que falta poco. Y eso que sólo menciona, según confiesa, los libros que tiene por casa.
Faltan, eso sí, los blogs, tan cercanos en algunos casos a este tipo de literatura del yo, aunque sí se alude a ellos en el prólogo que, no se ha ponderado todavía, es otra de las joyas de este útil manual.
Tal vez lo más importante resida en haber dado el primer paso. Luego, como Melero reconoce con humildad, vendrán otros que llevarán a cabo la tarea de perfilar y completar.
"He sido siempre un apasionado lector de diarios", confiesa el estudioso aragonés en la primera línea del citado preámbulo. Ese entusiasmo se nota. A la legua. Sobre todo en alguna de las fichas. Como se nota que en estos últimos años han surgido en España un puñado de diaristas (o dietaristas, a la catalana, por más que la palabra tenga su origen en Aragón) dignos de elogio. Otra alegría.

6.4.13

Dos revistas

S. H. / Felix Clay
En el Centro Niemeyer de Avilés se celebró el pasado jueves, dentro del ciclo Palabra, un encuentro entre el poeta irlandés Seamus Heaney y el poeta español (y asturiano) Jordi Doce, que lo coordina. Con ese motivo, El Cuaderno (nº 44) publica un dossier muy interesante donde, además de poemas y prosas de Heaney en versión de JD (que ensaya sobre su poesía en "Fuerza ligera"), se incluye un bonito inédito, "De una pluma que recibí como regalo".
Fernando del Busto ha publicado en El Comercio una crónica del acto.
No conviene perderse la selección de aforismos de Martín Mercader. Pertenecientes a numerosos autores, han sido entresacados del libro Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos. Antología, 1980-2012 (Trea), de José Ramón González.

A. S. R. / Diego Moneva
Ya ha salido el número 2 de la revista digital Piedra y Cielo. En el sumario, poemas de Alberto Lacerda, traducidos por Thiago Medeiros, y una reseña sobre la antología de sus poemas en versión de Luis María Marina. Además, varios textos sobre la poesía de Andrés Sánchez Robayna (no he comentado aquí la lectura de su antología El espejo de tinta, publicada por Letras Hispánicas de Cátedra en edición de José Francisco Ruiz Casanova), así como una breve entrevista con el poeta canario.

5.4.13

Jazmines de Bagheria

De mayúscula puede uno calificar la sorpresa de leer Bagheria, breve novela autobiográfica de Dacia Maraini (Fiesole, 1936), publicada por Minúscula, editorial ejemplar donde las haya, en traducción de Juan Carlos de Miguel y Canuto.
1947. Tras dos años en un campo de concentración japonés, país donde vivía con sus padres y sus dos hermanas, Yuki y Toni, Dacia vuelve a Bagheria, ciudad siciliana cercana a Palermo, a Villa Valguarnera, posesión familiar de los Alliata de Salaparuta, donde ocuparán lo que ella denomina los "exestablos". Un regreso posterior al mismo lugar, en compañía de su amiga Bice, ahora habitado por la tía Saretta, servirá para que la escritora evoque su vida en aquel paraíso, el final de su infancia y su apasionada adolescencia lectora.


















Esta visita va entrelazándose en la narración con esos recuerdos del pasado. Aunque Maraini creía haber arrojado fuera de su vida todo lo que tuviera que ver con sus antepasados maternos (una familia "antigua y noble" por la que sentía vergüenza ("yo estaba a favor de mi padre"), que le resultaban "extraños y desconocidos", "privilegiados por la gracia de Dios, y amén"), cuanto la rodea -estancias, cuadros, jardines, palmeras, etc.- se empeña en revivir lo olvidado.
La ciudad destruida y "mafiosa" -no deja de citar, sí, a la Mafia y sus enjuagues urbanísticos- y la que fue; las veladas literarias y juveniles en casa de Bepuzzo Lo Monaco; la relación con su padre (acaso lo más significativo y descarnado del relato, de un interés psicológico y humano digno de elogio, donde alude a "aquel hombre amado y perdido", "deportista y trotamundos" por el que sintió un amor sin límites, sujetos los dos al mandamiento: "Era lícito escribir, no hablar"); las evocaciones de la chilena abuela Sonia y de la tía Felicita (autora de un libro sobre la familia), así como de Marianna, la del retrato, o Sicilia ("Hablar de Sicilia significa abrir una puerta que había permanecido atrancada" (...) "Una vez abierta, me asomé al mundo de los recuerdos con recelo y una ligera náusea") son algunos de los capítulos que uno destacaría de este libro breve y punzante, escrito con un estilo que anima al lector a buscar otras obras de esta siciliana del norte. Es de justicia, en fin, que se haya traducido a tantos idiomas y que en Italia cuente con distintas ediciones.

Villa Valguarnera. Vista áerea

















 "Hay un momento en la historia en que cada familia aparece feliz a sus propios ojos". En ese instante parece detenerse especialmente "esta nueva Minerva", Dacia Maraini y, como sólo la poesía es capaz, lo fija para siempre. Y mejor que en aquellos poemas del 68 publicados por Feltrinelli donde por primera y única vez se había referido a Palermo y Bagheria. Lo último que se pierde, dice, "el olor". A jazmines, por ejemplo.

4.4.13

Extravagante tripulación

Con este sugerente título ha reunido el librero, crítico, traductor y poeta Martín López-Vega un puñado de entrevistas con escritores, un elenco en el que destacan los poetas y donde se deja caer un humorista que es mucho más que un chistoso, El Roto, acaso el mejor editorialista de este país.  
Extravagante tripulación ha sido publicado por Impronta y no deja de ser un libro raro por estos lares. Uno de esos libros, lo confieso, que a uno tanto le entusiasman. 
La nómina es muy atractiva. Los poetas: Andrade, Zagajewski, Simic, Heaney, Cadenas, Hierro, González, Brines, García Martín, Aguado, Muñoz y Bello. Bueno, Hertmans, autor de Ciudades (Pre-Textos), es también poeta (disponemos de una antología en Calima) y cuesta determinar si no lo es Lobo Antunes. Además, Fo, Semprún y Tabucchi. Cierran el listado el citado dibujante y Arrabal, el más exótico de los nominados, la única entrevista que no he leído.
Ya que lo menciono, la mayor parte ya las conocía uno. Porque fueron publicadas en su día en medios que uno sigue; tan distintos como los suplementos El Cultural y Babelia, así como en las revistas Clarín y Suroeste. Pero una cosa es que las hubiera degustado en su día y otra muy distinta que las recordara. Como nuevas y distintas las he saboreado ahora y con un entusiasmo creciente, sobre todo algunas.
Amigo de libros peculiares, como éste, o de antologías atípicas, como Equipaje de mano y Raíz de fresno infeliz. Una antología de poesía primitiva, ML-V vuelve a prestigiar el poder de la imaginación.Y de la literatura, of course.

3.4.13

Jóvenes

Rosa Regás gana el premio Biblioteca Breve, Luis Goytisolo el Anagrama de ensayo... ¡Cómo vienen los jóvenes!

La casa de Pureza














Tuve hace años una áspera discusión con Pureza Canelo en el Parador de Mérida, durante la comida del jurado del premio de poesía que se celebraba allí, y todo a propósito de las casas de los poetas; algo más que meras residencias en la tierra. Me recriminaba, en mi condición de presidente de la Asociación de Escritores Extremeños, con esa pasión que ella siempre ha gastado, que Extremadura, tan atrasada, no tuviera ninguna acogida a Acamfe, esa otra asociación que las agrupa. (Ya lo está la Casa-Museo Gabriel y Galán, en Guijo de Granadilla, pero de eso hace poco.) Uno le recordaba una verdad incuestionable, o eso creo: "Somos pobres, Pureza -debí decirle-, y más los poetas. Los de aquí han vivido en pisos, y gracias. Mira Pacheco. Y cualquiera, cabría añadir por aquel entonces. No era sólo ironía. Es verdad que estaba la suya, la casa familiar de Moraleja (y sus fondos bibliográficos, antes de que fueran generosamente donados por ella a la Diputación de Cáceres). Hace poco busqué en internet alguna imagen, que creí inexistente, para ilustrar la nota sobre Oeste, un libro que no se entiende sin esa casa, y di con una página en la que se recogían varias. Mi sorpresa ha sido saber que ese edificio tan singular ya no existe. Que en octubre del pasado año fue derruido por razones familiares que no conozco, pero que puedo imaginar. Me consta que Pureza Canelo no ha podido pisar desde entonces su amada Moraleja. El duelo llevará su tiempo. Está muy afectada, y lo comprendo. Por lo demás, destruida o no, esa casa, y su espíritu, permanece en sus versos. Y contra eso, ¿quién puede?

2.4.13

La vuelta de Zapater

En 1989 un joven llamado Juan Pablo Zapater ganaba el Premio a la Creación Joven de la Fundación Loewe y en 1990 se publicaba en Visor su libro La coleccionista.
Valenciano, como el ganador senior, Jaime Siles, de la cosecha del 58, era conocido en los ambientes poéticos por sus aventuras literarias junto al precoz Vicente Gallego y algunos ya le habíamos saludado en el primer encuentro importante de la Generación de los 80: el polémico congreso de Valencia que organizaron los dos a finales de aquella década el autor de Santa deriva junto a otro futuro Loewe, Carlos Marzal, y a José Miguel Arnal.
Pues bien, 23 años después, que se dice pronto, Zapater publica su segundo libro, La velocidad del sueño, en Renacimiento.
Como reza en mi dedicatoria, "es un puente entre el poeta que fui y el que seré". Está compuesto por poemas largos de tempo lento, escritos con mirada serena y honda melancolía, que seducen por su ritmo, acompasado al latir de un corazón que acusa el inevitable paso del tiempo, las enseñanzas de la edad. Y todo sin estridencias en lo formal ni dobles saltos mortales líricos, clásico a su modo, más celebratorio que elegíaco, en la estela de una manera poética de proceder que, acaso, profesores futuros analicen como marca indeleble de cierta poesía escrita por valencianos en este fértil, espléndido período de entresiglos. (Por las dedicatorias los descubrirás.) Una poesía de tono metafísico, digamos, de sesgo meditativo, pero muy apegada a la tierra y a la experiencia terrenal. Una poesía, en fin, que uno sitúa en la órbita del gran maestro de esa promoción, y aun de otras (por arriba y por debajo, de dentro y de fuera del levante español): Francisco Brines.
La familia, los amigos, el amor, los recuerdos, la naturaleza y, en suma, los "milagros cotidianos" (título de un poema) vienen a ser los asuntos sobre los que se deslizan los versos de este hermoso libro que tanto, ay, se ha hecho esperar. Para bien, añado. Se ve que es fruto de la necesidad y no necesidad de dar fruto para hacer carrera. Como muestra, un poema: "Rosas para otras manos", publicado en el blog de Susana Benet.

1.4.13

Pobre enseñanza

Fotografía / archivo ccch












Le cuesta a uno entender el afán de la derecha (madrileña, sobre todo) por emporcar el prestigio de los profesores y maestros de la enseñanza pública. Una labor tenaz y concienzuda a favor, claro está, de la enseñanza privada y concertada. Y del adoctrinamiento. Y del negocio.
Apenas unos días después de que la encuesta del CIS calificara la docencia como la segunda profesión mejor valorada por los españoles, han vuelto a la carga. Esta vez a propósito de unas pruebas de oposiciones que vendría a demostrar, una vez calificadas, la infame categoría de los aspirantes a enseñar a sus hijos, por más que los dirigentes de ese partido y la mayor parte de sus militantes no lleven a los suyos a un centro público. ¡Bah, funcionarios! Le recuerda a uno esa expresión tan castiza (lo mismo da para la pintura que para cualquier otro empeño artístico o no) de "eso lo hago yo". Y mejor, por supuesto. Dar clase, por ejemplo.
Hasta Juan Manuel de Prada lo reconoce en XLSemanal : "No entraremos aquí a juzgar las razones por las que se han divulgado datos tan oprobiosos. Puesto que vivimos en una sociedad enferma, en la que el rifirrafe ideológico es el pan nuestro de cada día, no me extrañaría que su intención no fuese otra sino justificar ante la opinión pública los recortes de la escuela pública, perjudicando así las reivindicaciones profesionales de los maestros, y la consideración que a los buenos y heroicos maestros debe tributarse".
A la educación se refiere también, desde otra vertiente, Antonio Muñoz Molina en su último artículo de El País. El final es excelente. Hablar de este asunto, ya se ve, imprescindible.
La caída en los gastos de personal ha ocasionado que este curso haya habido 62.000 profesores interinos menos, justo cuando aumentaba la población escolar. Si a eso le unimos la drástica bajada de las partidas a colegios e institutos, ¿a quién le extraña que la enseñanza pública de este país se vaya a pique? Si no lo hace es, precisamente, por la profesionalidad de los denostados docentes, capaces de capear cualquier temporal a costa de profesionalidad, vocación y no poco entusiasmo. A pesar de las bajadas de sueldo y la consiguiente pérdida de valor adquisitivo.
Lo que da verdadero asco, insisto, es que día sí y día también las presuntas autoridades educativas, en un ejercicio de irresponsabilidad que raya lo insultante, se empeñen, en ensuciar el buen nombre de quienes tienen la suprema resposabilidad de educar (y de enseñar, sí) a los futuros ciudadanos españoles.
Alguno, en un alarde de desvergüenza digno de nota, ha llegado a decir que lo importante, en contra de lo voceado por culpa de la citada prueba, no es tanto haber aprobado una oposición como empatizar con el alumno y ser cercano a él. Sí, de acuerdo, pero ¿en qué quedamos? Antes, ahora y siempre, un maestro de Primaria o profesor de Secundaria que haya pasado una oposición estará más acreditado para enseñar que uno que no lo haya hecho, excepciones mediante. Y ello sin necesidad de poner en cuestión la capacidad de cuantos trabajan en la privada o concertada.
Aun siendo verdad aquello de que no humilla quien quiere, cuesta mucho no desazonarse ante tan persistentes y dañinos ataques. Tanto como ponerse cada día delante de nuestros alumnos -a los que les llegan, sin duda, esas milongas-, y, por añadidura, enfrente del escrutinio de sus padres y madres, no siempre dispuestos a razonar la verdad y a no dejarse llevar por esa maldita, terca propaganda. No será Wert quien nos defienda. Ni su inminente, nefasta ley. Eso sí, quienes trabajamos en la enseñanza pública seguiremos luchando a favor de la dignidad, que nadie lo dude. A los hechos me remito. Por eso quiero terminar esta ingenua pero indignada reflexión, que coincide con la vuelta a las aulas, con un caso de mi propia experiencia. Hace unos años, en 2009, formé parte de un tribunal de oposiciones y este próximo julio estaré (sin remedio) en otro. Pues bien, lo que encontré fue a gente joven muy preparada que, por desgracia, aspiraba a pocas plazas (este año, ni les cuento). Gente que da sopas con ondas a muchos mequetrefes de los que ahoran sacan pecho a falta de sentido común e inteligencia. Gente, ay, muy mal educada.