29.2.12

Poesía para niños (o así)

Juan Nieto Martín ganó hace unos meses el V Premio de poesía para niños "El Príncipe Preguntón" (que patrocina la Diputación de Granada) con su libro El paso desordenado del corazón, que ahora publica la editorial Hiperión en su colección Ajonjolí. Hasta aquí, nada nuevo. Antes de entrar en materia, leo que el autor es filólogo, especialista en promoción de la lectura, literatura infantil y edición; de hecho, en la actualidad, es editor de esa literatura destinada a niños y jóvenes. Me entero, además, de que se interesa por otro tipo de lenguajes: musical, plástico, visual... Abro el libro, muy cuidado, y veo que en el jurado que tomó la decisión de premiarlo estaban, además de Munárriz, Antonio Carvajal o Ángeles Mora, y que el fallo fue por unanimidad. Luego, voy a los poemas. Y a los dibujos, que también son del autor. ¿Y qué me encuentro? Pues con poesía. De eso se trataba, dirá alguno. Sí, contesto yo, pero ya sabemos a qué llaman poesía los autores de esa literatura (mal) llamada Infantil y Juvenil. No es el caso. Quiero decir que Nieto Martín publica un libro de poemas donde lo que hay es poesía y que esa poesía se ve subrayada, sin aspavientos, con naturalidad, por unos dibujos muy acordes al tono del conjunto, todo sutileza. Lo que uno se pregunta, a la luz de su experiencia, es si realmente es poesía destinada a niños o adolescentes. En todo caso, será a niños mayores y jovencitos que sean lectores avezados o, en su lugar, a los que alguien oriente, digamos, en la lectura. El jurado ya destacó en el acta "el planteamiento original de la obra, que crea un mundo misterioso y sugestivo con una escritura de ritmo fluido, alejada de las formas habituales de la poesía escrita para niños". El título de la obra se aleja de lo convencional en este tipo de empeños. Ya lo dice, por lo demás, el rótulo de la colección donde el libro se publica: "Ajonjolí. Poesía Hiperión para niños de todas las edades".
Lo que está claro, por encima de estas y otras consideraciones, es, por una parte, que como repite mi amiga Isabel Sánchez (que de esto sabe un rato), la Infantil y Juvenil es (o debe ser) Literatura; por otra, que se trata de un excelente libro de poemas que, incluso sin dibujos y en un premio de poesía "a secas", habría dado mucho juego a cualquier jurado. La bonita historia (porque hay un delgado hilo narrativo) de Nguma y Palé, vecinos de Makele.
El próximo día 8 de marzo, a las 19:30, se presenta en el Museo ABC de ilustración. Intervendrán, además del autor, Jesús Munárriz y Federico Martín Nebras, todo un lujo.
El libro empieza así:
Yo soy Nguma y vivo en Makele.
Mi nombre, cuando nací, brotó del oído de mi madre.
Como una flor.
Una semilla que el viento sembró nueve meses atrás.


28.2.12

Trueba dixit

Rafael J. Álvarez. Madrileño, ¿la ley de la Botella es constitucional? 
Fernando Trueba. Ana Botella no representa... Es que me he pasado media vida metiéndome con la gente y luego... Por una cosa que dije en El Mundo mataron a mi perra. Le tiraron carne envenenada y apareció muerta. El mismo día. A Botella no la ha votado nadie. Yo, que en mi puta vida fui socialista, que el PSOE me echó de TVE, Candau y aquéllos, he tenido que aguantar en mi casa una pintada: "Socialistas de pesebre". Estoy cansado de estar todo el día a hostias. Es que los españoles somos una puta mierda. Me gustaría irme lo más lejos posible de este país a vivir tranquilo. Es agotador. Se deforma lo que eres. Yo intento hacer películas hermosas y discos bonitos".
(De El Mundo, 25 de febrero de 2012. Doce más una.)

27.2.12

Tres aragoneses

No viene uno aquí a descubrir nada. Que Aragón en general -y Zaragoza en particular- es tierra de escritores puede considerarse todo menos un hallazgo. (Bien podría haber hablado de ello, largo y tendido, el añorado Félix Romeo.) Por eso no me ha extrañado que Javier Siltolá (¿no existe Chus Visor?) publique de golpe tres libros de tres autores de allí. En la colección Poesía, El llanto de los boxeadores, de Fernando Sanmartín; en Inklings de Siltolá, El mar del otro lado, de Olga Bernad, y Versión Original, de Antón Castro. Ni del primero ni del último había leído libro alguno. Eso no significa que desconociera su literatura. De Sanmartín persigo desde hace años sus diarios (como bien sabe su amigo Elías Moro, que me envío el excelente cuadernillo de su lectura emeritense). En vano, eso sí. Desconocía, ya digo, su poesía y me ha gustado. Se ve a las claras que es un letraherido, un hombre de libros, viajes y ciudades que escribe poemas sutiles y delgados, de una atrayente fragilidad destinada a durar.
A Castro, gallego de nacimiento, le sigo a través de su acreditado e influyente blog. Le tenía ganas a su penúltimo libro, El paseo en bicicleta, y no precisamente por mi afición ciclista, pero tampoco pudo ser. Al menos me he quitado el gusanillo con los poemas que publica en Versión original (antología con inéditos) de esa obra. Si califiqué a Sanmartín de letraherido, a Castro no creo que le venga mal otro viejo y cariñoso rótulo: el de animal literario. Bueno, literario, periodístico, cinematográfico, fotográfico...  
Caso aparte es el de Olga Bernad, conocida de los lectores (si no miente sitemeter) de esta bitácora. De hecho, en El mar del otro lado se recoge nuestro comentario sobre Caricias perplejas. Ese libro, bien tramado, incluye una breve nota de la autora, una poética, poemas de la citada obra, lo que se dijo sobre ella (como una esclarecedora entrevista con Antón Castro), poemas de Nostalgia armada, lo que se dijo sobre ella, y, para terminar, un adelanto de una próxima entrega: Mirafondo. Vamos bien.

26.2.12

Las cosas en su sitio

Me alegro de que la placentina Pilar Armero, como buena periodista, haya puesto algunas cosas en su sitio. Lo del tal Leyva lleva años clamando al cielo. Cuánta ignorancia. Y todo ante el sonoro silencio general. Esto es Extremadura. Puro teatro, sí.

Entre plumas y veras

"A finales de 1987 Juan Guerra, era contratado para trabajar...". Así empezaba el último artículo de la mejor pluma del suroeste español. Es lo que tiene ser académico (de Argamasilla), que uno puede poner las comas donde le venga en gana, aunque sea a costa de separar el sujeto del predicado. ¿No, profesor Senabre? Por cierto, de un compañero de corporación, otra pluma famosa allende los cerros de Tentudía, vuelve a hablarse en los mentideros emeritenses para la dirección de la Editora. Un viejo rumor resucitado. Me cuentan que renunció hace tiempo a ese temprano ofrecimiento. Como rehusó ese otro -éste sí escritor-, que, al parecer, quería una dirección a distancia. Se ve que está costando. Casi un año lleva sin director/a la Editora. Lo preocupante, al fin y al cabo, es la manifiesta incapacidad de nuestros dirigentes culturales para abordar la tarea que tienen por delante. Ésta y las demás, que cada vez son menos. Qué triste desidia. Basta comprobar lo que está pasando con el Festival de Mérida, a punto de ser de nuevo privatizado. Suerte que la crisis sirve lo mismo para un roto que para un descosido. ¡Y eso que íbamos a estar en manos de "los mejores"! Este Monago...

25.2.12

Eielson conversa

 
Me gusta mucho leer entrevistas. Es un género difícil, sí, pero cuando el periodista acierta... El periodista o quien corresponda. Prefiero las de escritores, pero también disfruto con las opiniones de los arquitectos, por ejemplo. En el caso que nos ocupa, se trata de la escritora uruguaya (de Montevideo), nacionalizada italiana, Martha L. Canfield, quien conversa con el poeta y artista peruano Jorge Eduardo Eielson, muerto en Milán en 2006 y que residió gran parte de su vida en Italia. En España podemos encontrar, entre otros, ediciones de sus libros Poeta en Roma (Visor) y Del absoluto amor (Pre-Textos). El diálogo infinito. Una conversación con Martha L. Canfield ha sido publicado en la Biblioteca de Poesía en Español de Sibila/Fundación BBVA y reúne, por suerte, tres largos diálogos entre Eielson y Canfield que tuvieron lugar en 1990, 1995 y 2006, respectivamente. El primero se celebró en la casa de Cerdeña, propiedad de su íntimo amigo Michele Mulas, donde el poeta pasaba los veranos; la segunda, entre Milán y Florencia, y la tercera en su adorada Roma, cuando el poeta ya estaba fatalmente enfermo. Como es lógico, ese infinito diálogo entre personas que se conocen, se respetan y hasta se admiran da para mucho. De todo o casi todo se habló y eso quiere decir de poesía (Eielson abandonó la forma tradicional, la poesía escrita, a favor de otros medios de expresión visuales o plásticos); del arte en general: la pintura, la música ("La música está en el origen de todas las cosas"); de la ciencia y la cibernética; del budismo (de Oriente) y todo lo relacionado con la cultura precolombina; del cuerpo y su desnudo; de los hombres (del mundo de los perros) y las mujeres (del mundo de los gatos); de nudos y sillas; de Lima y la tristeza limeña; de genialidades e imposturas; de la amistad y el amor; del vacío y la nada, etc. Y todo en tono pleno de humildad, sabiduría y coherencia, que da gusto escuchar. "La escritura, dice, es parte de mi vida de todos los días. No establezco casi diferencia entre lo que escribo y lo que vivo. (...) Cualquier ambición personal es un estorbo y un peso que destruye o pervierte la visión interior. Escribir es como respirar, y cuando se respira realmente bien...se respira solamente".
(En la imagen superior, uno de sus nudos)

24.2.12

Siempre Tánger















"¿Qué lugar siendo próximo guarda tanta cautivadora extrañeza? Solo aquel que pudiera entenderse como una de las pocas llaves que abren las puertas del mundo". Jesús García Calderón, Panorama exterior: La ciudad huérfana. 
(El cuadro es de Matisse)

23.2.12

Leopoldo Panero, al fin


Va uno a la librería en busca de un título concreto y vuelve a casa con un hallazgo. Eso me pasó la otra mañana con En lo oscuro, la antología de poemas de Leopoldo Panero que ha publicado, en edición de Javier Huerta Calvo, la benemérita colección Letras Hispánicas de Cátedra que encontré por casualidad en un rincón de El Quijote. Ya lo decía aquí atrás: forzar la lectura de poesía es cosa inútil. Eso le ha pasado a uno con Panero. Con Panero padre, cabe precisar. Sí, un poema por aquí, un comentario por allá, pero la falta de ediciones asequibles, los prejuicios, la famosa película de Chávarri (El desencanto) y otras zarandajas me habían impedido llegar a sus versos con la atención debida. En fin, más vale tarde...
No haría falta volver sobre la famosa frase de Trapiello (gran valedor y aun editor del astorgano) sobre los escritores que ganaron la guerra y perdieron su lugar en los manuales. Con prevención, sí, pero sin anteojeras, abrí el libro y ya no lo cerré hasta que llegué al final. La introducción del profesor Huerta, que se ocupó de editar la Obra completa, es ejemplar. Clara, amplia, razonada, nada pedante; propia, en fin, de alguien que conoce bien el paño.
Acogida al aserto maireniano de "sencillez y naturalidad", la poesía de Panero se abre paso a través de las tres claves de la poesía que fijó el preclaro Wordsworth: lenguaje conversacional (cotidiano), naturaleza (contemplación del paisaje) y sentido moral. Quiere esto decir que, como Cernuda, la suya es una poética de perfil anglosajón, lo que no obsta, al revés, para que también pueda incluirse en la que Huerta denomina nuestra "espléndida tradición estoica": la de Manrique, Aldana, Quevedo, A. Machado y Cernuda. La misma, o parecida, que nombró Unamuno como "de la meditación". Cabría añadir, además de éste, otros maestros: Fray Luis, Juan Ramón... Con todo, es Machado, Antonio (por más que dedicara un poema a Manuel), su referente poético por excelencia. Como Cernuda, al que trató en Londres, accede a la modernidad a través del Romanticismo, del que fue genuino representante el citado poeta lakista. Como el autor de La realidad y el deseo, tradujo a poetas británicos, lo que hizo también otro de sus amigos, José María Valverde. No en vano los dos, Panero y Valverde, pertenecen a la denominada Generación del 36, algo a lo que Huerta, por cierto, presta la justa atención. Cada poética es personal o no es.
"Oscuridad, soledad y silencio" son tres palabras que definen muy bien esa poesía. Su "tema estrella", la muerte. Su tono -íntimo y confidencial-, triste. Angustiosa -acaso unamuniana- en lo religioso. "Arraigada", según Dámaso Alonso.
Se dijo (se dice) que fue el poeta oficial del franquismo. No lo sé. Es verdad que, después de apoyar a la II República y de coquetear durante su juventud con ideas izquierdistas, en la guerra (donde murió su hermano Juan en accidente de coche) y lo que siguió, fue un defensor a ultranza de Franco y las ideas falangistas y nacionalcatólicas, con ínfulas patrioteras, que dieron cobertura ideológica a su régimen; a diferencia de algunos de sus amigos que sí evolucionaron hacia posiciones democráticas, como Dionisio Ridruejo. "Resulta que ahora voy de fascista", escribió con ironía en "Por lo visto", tan del 50. Eso sí, poemas como "A mis hermanas", "La estancia vacía" ("la biografía de mi alma"), "Escrito a cada instante" (título, además, del único libro que publicó en vida), "Quizá mañana" o "El peso del mundo" justifican acaso que Huerta afirme al final de su extensa y documentada introducción que esta poesía es "una de las aventuras más hondas y sinceras de la poesía del siglo XX".
"Porque lo que vale es lo real / escrito con el vaho de lo real", dejó dicho. También que la poesía es "lo invisible". Algo que me sirve para elogiar la inclusión, a modo de apéndice, de su conferencia "Unas palabras sobre mi poesía", tan esclarecedora.
Más allá de mis debilidades "anglófilas", no puedo por menos que rendirme a una poesía humilde y austera llena de encinas y murallas. Una poesía con su ciudad provinciana al fondo. La poesía de alguien que admiró la pintura metafísica de Ortega Muñoz.
Leopoldo Panero "dejó sobre su escritorio la noche antes de morir, en agosto de 1962", el poema que cierra la antología, "Epitafio", que dice:

Ha muerto
acribillado por los besos de sus hijos,
absuelto por los ojos más dulcemente azules
y con el corazón más tranquilo que otros días,
el poeta Leopoldo Panero,
que nació en ciudad de Astorga
y maduró su vida bajo el silencio de una encina.
Que amó mucho,
bebió mucho y ahora,
vendados los ojos,
espera la resurrección de la carne
aquí, bajo esta piedra. 

22.2.12

Ya canta de nuevo

EL MIRLO

                … the blackbird is involved
                In what I know


               Wallace Stevens
               (Trece maneras de mirar un mirlo)


No es un pájaro
al que los ornitólogos
ni los aficionados a las aves
destaquen por su brillo o su belleza.
Es redondo y pequeño,
con sus plumas lustrosas
de intenso color negro,
y su pico, en contraste,
y el cerco de sus ojos,
de un tono amarillento.
No imagino su vuelo
lento y majestuoso,
ni siquiera muy hábil
procurándose aquello
que será su alimento.
Sin embargo, su canto,
que se levanta poderoso
antes del alba,
detrás de mi ventana,
como un tenue milagro,
hace del mirlo
la más maravillosa criatura.
Posado sobre el muro,
su trino da sentido a la mañana.

(Publicado en el nº 37 de la revista Sibila)

21.2.12

A propósito de Montobbio

Es inútil forzar la lectura, al menos la de poesía. Uno había recibido en los últimos tiempos varios libros de Santiago Montobbio (Barcelona, 1966) que, lo confieso, no habían logrado abrirse paso en la selva de papel donde, a ratos, me pierdo. Sin embargo, entre el sábado por la tarde y el domingo por la mañana (que son jornadas que uno dedica a otras cosas, rara vez a leer libros) entré, no sin cautela, en La poesía es un fondo de agua marina, publicado por la mítica colección El Bardo y, por seguir con la cosa acuática, pude nadar entre esas aguas, bucear incluso en ellas y salir, al cabo, confortado de la zambullida.
El título, por cierto, es buena prueba del exceso que, a mi modo de ver, acompaña la poesía de Montobbio y que, cree uno, lastra su singladura poética. Vayamos al prólogo y se entenderá mejor lo que digo. Nos cuenta el autor que "en 2009, y después de veinte años de silencio poético (porque el arte es misterioso), vi que volvía a escribir algún poema". Es más: "En tres semanas de marzo y unos días de abril" escribió 438, y ese mismo verano, otros 500, "hasta alcanzar un total de 942". De estos, con todo, no hay muestras en el libro que nos ocupa. ¿Se comprende mejor lo que decía, no? Bien, aunque no me he molestado en contarlos, las 339 páginas de la obra reúnen un buen número de esos poemas que Montobbio anotó en cualquier papel o libreta, en cualquier situación, de modo compulsivo. Lo malo: que tamaña avalancha poética tumba al más cauto y preparado. Lo mejor: que dentro de ese volumen torrencial este lector, quién si no, ha encontrado un pequeño tesoro sin ayuda de Odyssey. Lo forman una serie de poemas (98, 107, 129, 133, 141, 145, 165, 169, 182, 186, 199, 220, 245, 254, 315, 326, 351, 352, 354, 355, 356, 375, 381, 406, 413, 415, 420, 422 y 423), largos de factura, que giran en torno a la memoria (de infancia, sobre todo) y a una ciudad, Barcelona (con escapadas al campo del Ampurdán y a Girona) que, como digo, constituyen un libro en sí y, a mi parecer, notable.
Poemas, conviene añadir, que uno habría dispuesto formalmente como el 27: en prosa. O como poemas en prosa, si se prefiere. Sí, ya sé que da igual, pero su tono, versicular y como desmañado (sólo en apariencia: no cabe hablar de prosaísmo), se me antoja que hubiera quedado mejor vestido así. Es sólo una opinión.
Las viejas casas familiares (céntricas, enormes y elegantes, como corresponde a apellidos tan linajudos: Montobbio y Balanzó), los habitantes de esas casas (el poeta, ante todo, y padres, abuelas, tíos...), los muebles, objetos y cuadros que las llenaron o las llenan; los edificios, calles, avenidas y paseos que los rodean, y, más allá, la memoria que esos seres y cosas destilan van conformando un mundo, éste sí, plenamente montobbiano, que bien merece ser leído y apreciado. Quedan fueran los citados "excesos": el del yo del poeta (cuando uno se nombra a sí mismo como tal, malo), sus elucubraciones sobre la poesía y otros asuntos personales, quizás en demasía, que dificultan, paradójicamente, el acceso a lo sustancial.
Me gustaría, en fin, tener entre mis manos ese libro rescatado del fondo del otro. Da fe de un decadente y melancólico mundo propio, por encima de lujos y otras exageraciones (verbales o no); el de alguien solitario, tímido y poco amigo de los viajes (aunque visite Brujas o Venecia) que se aferra a la poesía como el náufrago a una tabla capaz de llevarle hasta una isla. En realidad, uno no ha hecho otra cosa que leer el mensaje que envío en una botella desde allí.

20.2.12

Del Caudillo

Cuesta trabajo creerlo, pero es cierto. Un pueblo de la provincia de Badajoz, hasta ahora entidad local menor del ayuntamiento de la capital, ha sido declarado -el pasado día 17- municipio independiente con el nombre de Guadiana del Caudillo. La anterior administración socialista se negó a que eso fuera posible basándose en la Ley 52/2007 de Memoria Histórica, pero, una vez instalados los populares (e Izquierda Unida) en el poder, todo ha sido coser y cantar. Uno, estupefacto ante el acontecimiento, sólo acierta a preguntarse: ¿se imagina alguien que en Alemania le pusieran a un pueblo el nombre, pongo por caso, de Neckar del Führer? ¿O en Italia a otro Arno del Duce? El franquismo no ha terminado. A los hechos me remito. Ya lo decía el otro día El Roto: "Vuelven las esencias, sacad las boinas". Lo peor es que nunca se han ido. Una pena.

19.2.12

Noción de lugar

"La suposición habitual, cuando hablamos de escritores y lugares, es que hay un vínculo directamente expresivo o interpretativo entre el escritor y su milieu. El escritor (o la escritora) se convierte en voz del espíritu de la región. La escritura está imbuida de la atmósfera, física y emocional, de cierto paisaje terrestre o marino; y, si bien el propósito inmediato del creador puede no guardar relación directa con sus raíces regionales o nacionales, tales raíces se perciben como un elemento distintivo de la obra".
Seamus Heaney, "W. B. Yeats y Thoor Ballylee" (traducción de Jordi Doce), en Minerva, nº 19, Círculo de Bellas Artes, Madrid.

(Nota: no deberían perderse la versión de Purgatorio, una pieza dramática de Yeats -que también vierte Doce- o, pongo por caso, las reproducciones y comentarios que abren el número, dedicados a una reciente exposición de arte magrebí, o la entrevista con la fotógrafa Cristina García Rodero, o...)

18.2.12

Una antología de Ángel

Miguel Ángel Lama nos da noticia de la inminente aparición de Cercano a lo que importa, una antología de poemas de Ángel Campos Pámpano, editada por la Diputación de Salamanca (de la mano de Aníbal Lozano), que se presenta en la universitaria ciudad del Tormes el próximo miércoles. El prólogo es de Lama y la selección, según creo, suya y de Tomás Sánchez Santiago. Todo queda entre amigos, como la cubierta del libro, obra de Javier Fernández de Molina, según costumbre. Ya es casualidad que, tras dos días festivos por los dichosos Carnavales, tenga uno jornada completa, de mañana y tarde, y, por tanto, no pueda asistir al acto. De cualquier forma, allí estaré.

Poemas, poemas, poemas

No es fácil seguirle la pista editorial a José Luis García Martín. Lo mismo sale en Renacimiento (Sevilla) una antología de su poesía (que no conozco), que otra de poesía nacional y extranjera en La grúa de piedra (Torrelavega), la colección que dirige Luis Alberto Salcines. Arena y nada. Poemas de vario tiempo y lugar se titula. Una delicia, anticipo. Aficionado a estos experimentos desde los albores de su carrera literaria (uno de los últimos es Jardines de bolsillo. Tres mil años de poesía, publicado por Trea), debemos añadir que no siempre los poetas elegidos han existido o existen. Quiero decir que otra de sus aficiones es inventarse heterónimos, digamos, algo natural si tenemos en cuenta su fruición lectora. Su facilidad para la escritura es también proverbial. Mentiras para decir la verdad, por usar sus propias palabras. Aquí nos presenta versiones de poetas europeos, americanos, chinos o tamiles; apócrifos gallegos; haikus japoneses, y hasta poemas de presuntos escritores reales, como Jean Cocteau o John Cheever (acaso lo mejor del libro). "He conservado siempre el hábito de ir formando, junto a la biblioteca real, otra imaginaria, que sueño en las noches de insomnio". Estas son algunas de esas "ensoñaciones".
Otro que gusta también de estas o parecidas investigaciones es Martín López-Vega, un poeta que nació a la sombra de las ovetenses tertulias martinianas. Leyó el otro día en el Aula Díez-Canedo de Badajoz y me ha gustado mucho el cuadernillo que ha tenido a bien enviarme Paulete. Por los poemas, of course.

17.2.12

Mano invisible, de Zagajewski

De la sabia mano traductora de Xavier Farré llega a Acantilado, su editorial española más fiel, Mano invisible. Farré, en su ensayo "Breves apuntes sobre la poesía de Adam Zagajewski" escribió acerca del poeta de Lvov: "El tono y la voz poética, el carácter epifánico combinado con los elementos de carácter histórico o de carácter moral en otras ocasiones, la ironía perfectamente dosificada, el equilibro entre la cotidianeidad y el estilo elevado, la celebración y también el tono elegiaco que se transforma en canto, en celebración de nuevo, caracterizan y hacen inconfundible la poesía de Adam Zagajewski". Y también: "La voz poética de Adam Zagajewski destaca por su serenidad, por su tono conversacional que en cualquier momento puede desembocar en una súbita iluminación. Es una poesía epifánica (...) en el sentido y la función que le otorga Czeslaw Milosz: "la epifanía interrumpe el fluir del tiempo cotidiano y se adentra como un momento privilegiado en el que se produce una comprensión más profunda, más esencial de la realidad contenida en las cosas o en las personas". Esos momentos epifánicos no están para Z alejados, ya se dijo, de la vida diaria. Así, aparecen con sus recuerdos de infancia ("Primera comunión", "Clases de piano"), en sus paseos por las calles de sus ciudades del alma (Lvov, Cracovia, París), en la evocación del padre (muy presente en el libro, al que dedica varios poemas), en los viajes (Rávena, Siena, las orillas de los ríos Garona y Ródano...), en los cafés de la vieja Europa y en sus jardines... Y ya allí, en la luz, en los pájaros, en el agua... Nada menos rebuscado que la poesía de Z compuesta con una gran economía de estilo a partir de elementos comunes, de situaciones corrientes, de cuanto le puede pasar y de hecho le pasa a cualquier mujer o a cualquier hombre.
Porque en su vida diaria hay libros y cuadros, sus maestros (como él los llama) aparecen con naturalidad en sus poemas. Ya sean los pintores flamencos (tan cerca del espíritu de su poesía, como ha destacado Farré) o escritores como Milosz (al que dedica el memorable "Un gran poeta nos deja"), Seferis, Cavafis... No cabe aquí hablar de culturalismo. Como tampoco cabe denominar pomposamente metapoesía a sus reflexiones de poeta en torno a la poesía, tan frecuentes en sus libros y, cómo no, en éste. "Escribir poemas" se titula uno; "Nube", otro: "Los poetas construyen una casa para nosotros, / pero ellos / mismos no pueden vivir en ella. (...) Los poetas, invisibles como los mineros, / escondidos en las excavaciones, / construyen una casa para nosotros: / levantan habitaciones / con ventanas venecianas, / fantásticos palacios, / pero ellos mismos no pueden / vivir en ellas." En un tercero escribe: "el poema debería terminar / mejor que la vida. Para eso es", lo que da a entender, ya se dijo, cómo lo elegíaco tiende a lo hímnico, cómo el carácter del poeta propende, sí, a lo bueno y lo bello. "Hay que hacerse cargo de todo el peso del mundo / y hacerlo ligero, soportable", leemos en "Improvisación".
Pocos poetas me han impactado tanto en los últimos años como Zagajewski. Ninguno, acaso, de los extranjeros, he sentido tan cercano. Algo que siempre agradeceré a Elzbieta Bortkiewicz y Martín López-Vega (autores de la primera antología de su obra poética publicada por Pre-Textos en España), y, sobre todo, a Xavier Farré, traductor de siete libros del del autor de En la belleza ajena. Por eso me ha hecho ilusión leer, hace apenas unos días, estas palabras suyas recogidas en el mencionado ensayo sobre su poesía, que se publicó en Revisiones, Revista de crítica cultural (Universidad de Navarra. nº 3), en 2007: "Si nos centramos en el ámbito de la producción en España, el primer nombre que considero que persigue elementos comunes a los de Adam Zagajewski es el de Álvaro Valverde, con su voz serena, con sus paisajes (muy diferentes, por otra parte, de los del poeta polaco) que acompañan en la reflexión, y la hondura moral que trasluce su poesía". Como se comprenderá, todo un honor.
(Fotografía: dzieje.pl)

16.2.12

Años lentos, de Aramburu














"Escribo desde la compasión", ha dicho Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) y eso se nota, y mucho, en su última novela, reciente premio Tusquets. Eso y que a este hombre, que se inició en la literatura de la mano del Lazarillo de Tormes, le gusta el celebrado Dickens, por aquello de que une la conmiseración y la lástima al humor, que tampoco falta en Años lentos, tan sutil como la ternura que envuelve esta breve historia ("La novela será corta o no será", escribe el narrador) concebida de una manera muy particular: el citado narrador (un niño en la época en la que transcurre: entre los años 1968 y 1971) cuenta al "señor Aramburu" una historia, la de su primo Julen, que vive junto a sus padres, Vicente y Maripuy, y su hermana Mari Nieves en un piso modesto de un barrio a las afueras de San Sebastián, y el escritor va intercalando, en ese fragmentario relato, unos "apuntes" (39 en total) destinados a la posterior escritura de la novela, que son, claro está, arte y parte de la misma. Ni que decir tiene que lo importante es lo que se cuenta, sí, pero no cabe duda de que las anotaciones, más allá del interesante efecto metapoético que traman (que tanto juego dará en los talleres de escritura), forman parte sustancial de lo narrado y son narración en sí.
La novela está escrita con una prosa dúctil, llena de matices, de una naturalidad oral pasmosa. Sí, todo es "de verdad" en la novela de Aramburu (por más que en el Apunte 32 se diga, con ironía no exenta de cinismo: "Primero la literatura; después, si queda sitio, la verdad"). Ah, ni es una novela autobiográfica ni sobre ETA. Es mucho más que eso. "Yo soy un hombre solitario que ha visto cosas", ha comentado Aramburu a Antonio Astorga, de ABC. Lo moral es aquí el tono. Y no añadiré cosa alguna. Lean este libro: les hará mejores.

15.2.12

Entreguerras

O De la naturaleza de las cosas, como reza el lucreciano subtítulo (Seix Barral, Los Tres Mundos, Poesía). Me ha sorprendido el último libro (por ahora) de Caballero Bonald. No debería. Al fin y al cabo son muchos años ya frecuentando su poesía, a la que siempre he tenido aprecio, como a la de buena parte de sus compañeros de viaje generacional, del núcleo duro (el famoso) o no, que eso al lector poco le importa, al menos a éste.
Que era un poeta barroco, en el mejor y más completo sentido del término, era cosa sabida. Que la vejez (con perdón) no le ha mermado sus condiciones poéticas, también. ¿Entonces? Hombre, supongo que no es fácil a los ochentaitantos escribir un libro así: tan torrencial, tan inspirado, tan poderoso en lo verbal y tan complejo en lo que atiende a su estructura (de ahí, sobre todo, lo barroco), tan lleno de memorias y de olvidos, tan juvenil incluso de aspecto (escrito con minúsculas y sin signos de puntuación) y tan rompedor en lo formal con esos versículos (salmódicos a su manera) que tanto se prestan a la lectura en voz alta, más si se tiene en cuenta la peculiar forma de decir sus propios versos que posee el poeta jerezano.
No faltan en esta autobiografía poética (igual pero distinta de la otra: La novela de la memoria) los lugares donde ha vivido (sus sucesivas patrias, que diría Borges); el ancho mundo por el que ha viajado; su confesa pasión por el lenguaje; el odio por la triste grisura de la posguerra y el franquismo; sus naufragios y navegaciones; las noches de alcohol y pesadilla (y las de alegría y alcoholes); las enfermedades (morales más que nada) y las esperanzas; los odios y los amores; los amigos y los enemigos, y, por poner coto, ese sinfín de obsesiones y realidades que, entre brumas y veras, ficción mediante, dan fe de una vida: la de un hombre.
Y todo envuelto en un clima de extrañeza, de duda, de incertidumbre y de perplejidad que acentúa la originalidad (perdón de nuevo) de su apuesta. Ya quisieran muchos jóvenes que vienen a comerse el mundo lírico (y, de paso, y cuanto antes, el otro) atreverse con lo que CB se ha aventurado. ¿Y el mito de Rimbaud?
Sí, más allá de los errores y excesos que conlleva un ejercicio de estas características, me ha sorprendido la fuerza literaria y vital de este superviviente al que tanto pasado le queda todavía por delante. Venga lo que venga, después de escribir algo así, cualquiera debería estar tranquilo. Y más.

14.2.12

Unos versos de Laura Campmany (que dedico a Efi Cubero y a la afición en general)

Cuando vi tanto tonto y presunciones tantas,
y tanta ostentación de poco vuelo,
tanta codicia, tanto sinsentido,
y a los hombres, quitarse la careta,
¿qué habría sido de mí, si no hubiera tenido
mi viejo y noble oficio de poeta?

L. C.,  El ángel fumador.

13.2.12

El blog de Aramburu

Para promocionar su nueva novela, Años lentos. Ayer tarde empecé a leerla. Un placer.

La mirada de García Calderón

Vayamos por partes. Cuenta Elías Moro en su bitácora, con todo lujo de detalles, cómo nació la nueva colección Luna de Poniente (de la luna libros), que dirige junto a Marino González Montero. En resumen, veintisiete libros inéditos, uno por cada letra del abecedario, de otros tantos poetas extremeños actuales. El invento no podía empezar mejor. Pocas cosas le alegran a uno más, literariamente hablando, que un nuevo libro de mi paisano y coetáneo Jesús García Calderón. Y La mirada desnuda no defrauda. Ni a quienes venimos leyendo sus libros ni, a buen seguro, a quienes lo hagan por primera vez.
No es García Calderón un poeta experimental. Tampoco ha cambiado su tono a través de los años ni, con esa voz -tan propia-, su mundo. Eso no significa, como suelo repetir, que sus poemas sean iguales o que este libro sea exactamente el mismo. El poeta cambia, la vida se sucede, la edad nos amenaza y, en consecuencia, alguien que tiene tan presente su yo y sus circunstancias no tiene más remedio que escribir versos acordes a esa nueva, sucesiva situación. JGC lo dice así: "Me asombra comprender que he sido varios / sin apenas notarlo y siendo el mismo". El otro, ese asunto tan poético (Rimbaud, Pessoa, Borges...), es también central en La mirada desnuda. Basta con leer "El hallazgo", poema del que he citado los dos primeros versos y que concluye, después de repasar sus posibles identidades ("varios hijos", "varios padres", "tal vez varios hermanos y uno mismo", etc.): "Y entre tales errores, un vestigio / me señala que soy solo un poeta". Sí, se aprecia al leerlo que JGC es, ante todo o por encima de todo, "solo eso", y nada más que eso, una fórmula que recuerda a la que tantas veces habrá oído en las numerosas salas donde ha ejercido su carrera de fiscal. No es baladí esta mención. Quiero decir que la vida corriente, lo ordinario ("La mesa que envejece con nosotros"), las situaciones cotidianas ("Cuento cosas comunes que no son comunes") son la base sobre la que se asienta el edificio poético de GC. Su familia, por ejemplo. Hay poemas dedicados a los hijos que crecen y se nos escapan (léase, por cierto, uno que no está en el libro, pero que ha publicado en su blog); a su mujer, una relación de complicidad y largo recorrido que a algunos nos tiene que sonar a la fuerza ("Esta mujer extraña que ha vivido / tantos años conmigo"); a su dedicación laboral, que ya le ha proporcionado inspiración en obras anteriores; a los débitos de esa complicada, y aun peligrosa ("el deber del silencio", del poema "Secretos") tarea; a sus viajes, que le llevan lejos a través de aeropuertos, vuelos y cuartos de hotel, y la "frecuente angustia" que "se agranda" en ellos; el miedo ("Los tropiezos del miedo"), el fracaso ("Destiempo"), la soledad...
Esta poesía discursiva, racional, de la meditación y el pensamiento (que recuerda con naturalidad la formación intelectual y el talante moral de quien la escribe), no es inocente. No puede serlo. Volviendo al tema del "yo", escribe JGC: "Yo no soy el que dice este poema: / Lo haces tú como haces / al mirarlo posible este paisaje". Y más adelante: "Un poema que quiere ser verdad / pertenece a los otros". Y si seguimos: "Las palabras buscan siempre la verdad".
No nos engañemos tampoco con el tono. "En una edad difícil para ambos", leemos en el primer poema del libro, lo elegiaco y melancólico impera. Sin melodramas (a pesar de la presencia más que simbólica de la muerte, que ya aparece en una de las citas que abre el volumen: "Every poem an epitaph", de Eliot), sino más bien bajo las formas de la tristeza y el cansancio.
Una de las mejores cosas que uno hizo en la Editora fue, sin lugar a dudas, publicar una antología de los poemas de JGC: La soledad partida, con prólogo de Antonio Carvajal. Impresiona ver en esta última entrega al poeta fotografiado por Pedro Gato, sus manos (en la contracubierta). Un acierto (que forma parte del diseño de la colección) porque muestra al autor dialogando y la poesía, ya lo dijo Paz, es sobre todo eso: una larga conversación, un interminable diálogo.
Copio, para terminar, dos versos que son, amén de una franca declaración de intenciones, una preciosa poética: "Buscar lo más sencillo es encontrar / sin querer un misterio". Versos que, a su vez, me llevan a otros de Adam Zagajewski, pertenecientes a Mano invisible: "(he aquí algo realmente misterioso: la vida / de otras personas)".

Sánchez Ruipérez

Los lectores y la lectura están tristes por la muerte de Germán Sánchez Ruipérez, que tanto hizo por ellos y por ella. Desde su Fundación, en Peñaranda, en Salamanca y también en Madrid donde se está levantando La Casa del Lector. Ahí y en todas partes, porque sus ponencias, sus cursos o sus exposiciones han llegado y llegan a cualquier rincón. Uno ha sido usuario y da fe. En otros tiempos, desde el Plan de Fomento de la Lectura, colaboramos con su Fundación intensamente y gracias a ello salieron adelante proyectos como el primer Observatorio de la Lectura de España. La interlocución con Antonio Basanta y su equipo, con Hilario Hernández a la cabeza, me parecía imprescindible. A esa relación se debe, en gran parte, la celebración del Primer Congreso de la Lectura celebrado en Cáceres. Todo esto y mucho más (SOL, estudios sobre las bibliotecas y la lectura, etc.) ha sido posible, lo es, gracias al tesón de ese editor ejemplar que acaba de fallecer.

12.2.12

Crónica social

Al final, por complicaciones de última hora, no pude asistir a la gala cultural (magia, música y poesía) de 20 Verdades Fingidas. Uno llega al viernes transío, como se dice por aquí. Gracias al entusiasta José Cercas, que tanto ímpetu puso a favor de la candidatura cacereña a la Capital Europea de la Cultura y a quien conocí ayer en persona, ya tengo un ejemplar de la antología pacense. Participé en ella de forma voluntaria, vaya eso por delante, aunque nunca vi demasiado claros los objetivos de la misma. A pesar de mi insistencia, tampoco logré saber qué poetas irían en ella, lo que descubro por fin ahora. Una cosa es leer un nombre en una lista y otra muy distinta un poema que firma ese (para mí) desconocido. Por no parecer lo que no soy: un poeta amoroso o un tipo remilgado y exquisito, me dejé llevar. Ahora me arrepiento en parte. Por muy artísticas que sean, lo que no pongo en duda, uno, poco dado a la frivolidad, no se encuentra demasiado cómodo a la sombra de tanta muchacha en flor, y, menos aún, entre algunos ripiosos de tomo y lomo. Por lo demás, me basta y me sobra con la excelente compañía de amigos que son poetas, nunca mejor dicho, de cuerpo entero: Irene Sánchez Carrón (que aquí pierde su segundo apellido), Antonio Gómez (que ya ha posado en deshabillé), Basilio Sánchez o Ada Salas. Gracias, Mario.
Otro de los seleccionados, Jesús María Gómez, es el alma de la asociación cultural cacereña Norbanova que anoche, junto a su mujer (ilustradora) y otros miembros de la misma, se acercaron a La Puerta de Tannhäuser para presentar uno de sus libros de la colección de narrativa así como el primer número de su revista: Norbania. Pasamos un rato muy agradable mientras unos y otras iban leyendo en voz alta poemas y relatos. Cuando me tocó el turno (no valía escaquearse) preferí leer el poema de José Luis Bernal, P.D.L & T.S.E., quien después de años y años dedicado a la tarea investigadora (ayer mismo daba buena cuenta de ello en la reseña que firmaba en ABC Cultural sobre la obra editada por Rafael Inglada donde se recogen los artículos que publicó en el diario monárquico madrileño su adorado Gerardo Diego), ultima un nuevo libro de poemas titulado Tratado de ignorancia. De otro cacereño, Santos Domínguez, me traje, editada también por Norbanova, otra antología: Las alas del poema. ¡Qué sinvivir!, que diría el maestro.

11.2.12

JRS en el Extremadura

Liborio Barrera entrevista en El Periódico Extremadura al escritor Juan Ramón Santos. "Quiero reivindicar los cuentos, porque es cierta esa sensación de que si no has escrito una novela no se te reconoce", dice el autor de Palabras menores. Y más.

Poema dedicado: "Contraluz"

Por Carlos Medrano, en su blog. Muito obrigado, meu caro.

Ponga un blog en su vida

Los blogs de cada día para elangulo. No está mal la lista.

10.2.12

El mundo de MV


















No estará pasando María Victoria Atencia buenos momentos, y bien que lo siento. Hace menos de un mes, al tiempo que la nombraban doctora honoris causa por la Universidad de Málaga, moría en su ciudad del alma Rafael León, su marido, al que evocan, entre otros, Fernando Ortiz y Aquilino Duque, que le define como "poeta, maestro impresor, fondista, bibliófilo y caja de sorpresas". Alguien que, a modo de sombra tutelar, acompañó a MVA lo largo de buena parte de su ya larga vida. Por las estanterías de mi desordenada biblioteca hay un libro suyo, magníficamente editado (en la mejor tradición malagueña que ha estudiado Inglada). Bastantes menos que de la autora de Las contemplaciones, a quien conocimos en Valencia allá por el 87, cuando uno ya se había rendido, incondicionalmente, a sus delicadísimos versos; como buena parte de mi generación, los tirios y los troyanos.
Dos de los más grandes valedores de su poesía, Guillermo Carnero y Abelardo Linares, escriben en la antología Como las cosas claman, publicada por Renacimiento hace ahora un año. El primero firma el magistral prólogo y el segundo, una preciosa nota en la solapa.
Ha sido placentero volver sobre los poemas que uno ha venido frecuentando a lo largo del tiempo y, aunque me gustan sobre todo los últimos, reconozco que me siguen perdiendo los que leí cuando era muy joven y su deslumbrante pero íntima poesía me animaba a seguir por ese duro pero gustoso camino que conduce no sabemos a dónde.
Pedimos a un poeta que sea capaz de levantar un mundo y que, además, lo haga habitable. En el de MVA vive uno, como lector, desde hace mucho. Es perfecto, luminoso y confortable, como sus poemas.

9.2.12

Otra vez de fiesta

Mañana viernes, 10 de febrero, en la Sala Verdugo, a las 20:00 horas, tendrá lugar la "gala cultural" 20 Verdades Fingidas. Al mismo tiempo, informan los organizadores, quedará instalada en el Complejo Cultural Las Claras "una exposición fotográfica y poética compuesta por 22 desnudos artísticos y 20 poemas". En la citada gala se articulan un recital poético-musical, un espectáculo de ilusionismo (Oscar Valle) y un concierto (Enrique Peña), y todo con motivo de la presentación de la antología 20 Verdades Fingidas. 
El sábado, para que no decaiga, se presentará en La Puerta de Tannhäuser, también de Plasencia, el número 1 de la revista Norbania. A partir de las 19:00 horas. Además, se dará a conocer el libro de relatos El hueco en el pecho, de Javier Chain, y quizá, si han acabado para entonces los trabajos de imprenta, el nuevo título de la colección de poesía: Las alas del poema, del prolífico Santos Domínguez.

Nayagua

La revista de poesía, que depende de la Fundación Centro de Poesía José Hierro, lanza su número 16. En el consejo editorial: Marta Agudo, Carmen Camacho, Eva Chinchilla, Tacha Romero y Julieta Valero. La coordinación y edición es de esta última. Recomendable. 

Errores y erratas

Ya se sabe, estimado Carlos, que los errores y las erratas pueden dar para mucho juego; así, cuando Luis Antonio de Villena, en la necrológica de Wislawa Szymborska publicada el pasado sábado por El Mundo, escribió Herbert Milosz (sic) dando a luz un inmenso, aunque inexistente, poeta polaco; mezcla de dos bien reales: Zbigniew Herbert y Czeslaw Milosz.

Soooy mineeero

¡Políticos! Presentan el libro de alguien y parece que lo han escrito ellos; inauguran una exposición y cualquiera diría que las obras son suyas; si se trata de un edificio, lo mismo: nosotros, los arquitectos... No digamos si se trata de un premio.
Escucho a Monago en la radio y me da la impresión de que es él quien ha descubierto la fabulosa mina de estaño de Pedroso de Acim (al lado de El Palancar, el conventito de san Pedro de Alcántara). O que es suya. Incluso, si me apuran, que ha sido él quien puso el metal ahí. Bien, pues que empiece a picar el primero. Ya sería algo.

8.2.12

El lectoespectador de VLM

Entre blogeros e internautas (literarios) en general no es cuestión de descubrir a estas alturas a Vicente Luis Mora, creador del influyente Diario de Lecturas y autor de El lectoespectador, publicado en Seix Barral en su colección Los tres mundos. Ensayista, narrador y poeta, es en la actualidad director del Instituto Cervantes de Marrakech, como antes lo fue del de Albuquerque.
Convencido de que una nueva época se ha abierto (o se está abriendo) en torno a este mundo globalizado en que vivimos uno de cuyos centros, además de en los dichosos mercados, está en Internet, desarrolló en un ensayo anterior el concepto de Pangea, nombre que toma de aquel supercontinente único que formó la parte sólida de la Tierra y que le sirve para designar a los habitantes de éste, unidos por medios tecnológicos y comunicativos que la disgregación continental no puede ya impedir. Y de Pangea surge la literatura pangeica que, de estirpe conceptual, vendría a coincidir (en España) con la practicada por la Generación Nocilla, un grupo o tendencia afterpop de la que VLM se dio de baja hace unos meses razonadamente.
Del citado blog surgen no pocos de los capítulos de esta obra fragmentaria (un rasgo evidente de lo pangeico) que uno ha leído lápiz en ristre, tanto para subrayar como para tomar las consiguientes anotaciones. Sí, si hay una virtud destacable de este libro es la avalancha de posibilidades de reflexión y de crítica que provoca en el lector. O en el lectoespectador, mejor dicho, ese sujeto contemporáneo que centra en la mirada (o en la visión) su pregnancia del mundo y que VLM define como "aquel receptor de una forma artística compuesta por texto más imagen".
Apabulla la cantidad de citas y citas y más citas que el libro contiene lo que, por otra parte, no deja de ser un rasgo de honestidad intelectual que en este mundo de copia, plagia y pega siempre se agradece. Epígrafes, por cierto, de autores que, más allá de los grandes (Benjamin, Bauman, Virilio, Deleuze, Sloterdijk, Derrida, Molinuevo, Rodríguez de la Flor, etc.) uno desconoce ya que corresponden a multitud de incipientes narradores y jóvenes filósofos que no han llegado todavía al denominado, un decir, gran público. Si serán numerosas las citas (las notas a cada capítulo y la amplia bibliografía final dan buena cuenta de ello) que hasta un tardomoderno (si acaso) como yo aparece por allí, de la sabia mano de César Simón, para afirmar que "vivir es deslizarse", un concepto que (y uno sin saberlo) habría que atribuir a Lipovetsky. Como al muy presente Bauman, el de sociedad líquida, otra de las patas de este banco del siglo XXI.
El mencionado Internet y, ya aquí, Google (y todas sus variantes, Google Earth ante todo: "somos aquello que buscamos"), las redes sociales (Facebook, Twitter, etc.), los libros digitales (e-book), los blogs (lo textovisual) y todo lo demás ("mi casa es donde tengo mi ordenador", dice un personaje de una novela de Vicenç Pagès Jordá) son las claves sobre las que se asienta un nuevo modo de leer y de escribir (una ciberliteratura que se basa en las imágenes y los enlaces: el intertexto) que exigen, claro está, "nueva formas de análisis", un nueva manera de criticar (en nube, of course).
El cambio, nos anuncia VLM, viene por la prosa y no por el verso. La poesía, al parecer, hace tiempo que desistió de la experimentación, por más que algunos sigamos observando, más que leyendo, las artes pirotécnicas de ciertas vanguardias que no mueren.
Enrique Lynch se despachaba a gusto en Babelia con una reseña sobre el libro que tituló "Tecnoempacho". Me pareció excesiva. Con todo, alguna razón tiene. Tampoco tiene uno muy claro que la modernidad de algo o de alguien la marque estar a la última moda o al último grito: ser ultramoderno. No discuto que nada es ya lo mismo ni que los nuevos tiempos no exijan nuevas explicaciones. Lo que no termino de tener claro es si esto es nuevo de verdad o sólo estamos descubriendo otra vez el Mediterráneo. En literatura, ¿no está todo inventado? Si estamos ante "semillas de un arte nuevo" o ante meros experimentos con gaseosa virtual. Si, en fin, esas novedosas narraciones tienen entidad literaria o son meros juegos para aplazar el aburrimiento de una sociedad que dicen lúdica y es, sobre todo, vulgar y consumista. El propio VLM lo intentó con su novela Alba Cromm (Seix Barral, 2010).
Me quedo, ya lo dije, con la capacidad de VLM para interpelar al lector (o al lectoespectador) y hacerle pensar y dar vueltas y más vueltas a multitud de ideas y realidades que ya forman parte de nuestras tecnológicas circunstancias. "Como ven -leemos en la página 88- la grandeza de un libro no se desprende a veces de las cuestiones que viene a responder, sino de aquellas que viene a formular".

7.2.12

Más sobre "Lisboa"

Merece la pena leer la entrada que Miguel Ángel Lama le dedica en su blog, así como la completa presentación que, del nuevo libro de Javier Morales, hizo Juan Ramón Santos en la placentina sala del Verdugo. "Lisboa es el retrato del mundo de hoy y de la forma a menudo un poco absurda en que vivimos", dijo el autor de Biblia apócrifa de Aracia. Pues eso.

Poesía Visual

En el colegio hemos creado un premio de Poesía Visual destinado a las familias (de alumnos y profesores). Se han hecho eco de la convocatoria en la prestigiosa página BOEK861
El paso por el Seminario de Escritura de Antonio Gómez, Emilia Oliva, Charo Ruano y Ramón Pérez Parejo no ha sido en vano. El certamen se engloba dentro del proyecto "Arte en la Escuela" que nos traemos, nunca mejor dicho, entre manos. Veremos (que tampoco está mal traído). Al mal tiempo...

6.2.12

"El ángel fumador", de Laura Campmany


















Suelen llegar las novedades de La Isla de Siltolá en sobres grandotes que uno abre expectante, a sabiendas de que, entre la generosa variedad, llegará siempre ese libro que merecerá ser leído, por más que uno acabe dando buena cuenta de todos. Éste llegó solito. Quizás fue una señal. Me sorprendió el nombre de su autora: Laura Campmany. Porque hacía mucho que no publicaba nada (que uno supiera), sólo por eso. Leí en su día Travesía del olvido, que ganó el Hiperión a finales de siglo. Ha dado a la imprenta poco más.
Aunque sea raro entre poetas (femeninas), no oculta su edad: es del 62. Sabemos también que trabaja en la Comisión Europea como traductora y que, en consecuencia, vive en Bruselas, "esta ciudad avara / de luz y de emoción, / cuatro rayos de sol a mediodía / y toda la dialéctica del agua".
Su libro, vaya esto por delante, me ha encantado, un término que jamás usaría un crítico de poesía, lo que demuestra que ni lo soy ni aspiro a serlo. Es lo que tienen los versos cuando se leen sin anteojeras: uno puede pasar de Continuo mudar a El ángel fumador, dos libros que no se parecen en nada que no sea lo único importante: en los dos alienta la poesía.
Recordaba hace poco GHB que la felicidad no existe, existe la alegría, y ella colma todos los rincones de la primera parte (Quien dice alegría), muy primaveral, de este libro concebido en cinco partes de diez poemas cada una y todos sujetos a una medida fija de veinte versos. Tanto ahí como en la intensa segunda (Carta blanca), dedicada al amor, encuentra uno sobrada justificación para la tercera (Oficio de poeta), una reflexión nada metapoética sobre ese antiguo oficio que en Campmany se basa en la ausencia de afectación, en la claridad (de línea clara), en la dificil sencillez (o en la sencilla dificultad), en la sutileza y el quehacer delicado (artesanal incluso), y en muchas cosas más que explica, ya digo, a través de esa decena de poemas que componen el núcleo de El ángel fumador y que, como también afirmo, dejan de ser simple teoría en todos y cada uno de los poemas del libro. El movimiento...
En la cuarta parte (Donde la ausencia) el tono es otro: más dolorido, más triste, acaso más hondo. No evita Campmany la confesión. No retórica o rancia. Nada poética. Más bien alude a la intimidad, esa materia frágil y oscura que el lector sabe apreciar con la debida emoción y el obligado respeto. Sobre todo si se trata de una mujer, y espero que no se me malinterprete.
La última parte (La del alba), en la misma onda de la anterior (los sueños, el dolor, la muerte, el miedo) se abre finalmente a la esperanza: "Así es la vida a veces: / un pasado que acaba / y un futuro que empieza". Porque, como dice en otra parte, "no tengo más fulgor que la alegría".
Da gusto, sí, leer a Laura Campmany. Por lo que dice y, pese a que que suene a tópico, por lo bien que lo dice. Aquí el hermetismo brilla por su ausencia. Y los fuegos (verbales) de artificio. Todo está sujeto a una manera de decir basada en la naturalidad y nada nos distrae de lo que importa: "Soy apenas el nombre de las cosas / que he aprendido a nombrar". La necesidad se respira en los poemas: "Si mi lengua se muere / que me entierren con ella". Y añade: "-lo digo sin campanas- /sé que mi corazón se apagaría".
Ha merecido la pena esperar "todos estos años de letargo impaciente" para volver sobre los versos de LC.
Suenan frescos y nuevos a pesar de que vengan a decir lo mismo de siempre, otro de los humildes milagros de la poesía.
Como ha escrito ella misma: "Mejor saberlo a tiempo: / que un libro de poemas / o es un mundo, o no es nada". Y éste lo es. Ancho y en absoluto ajeno.

5.2.12

La voz de Tomás Segovia

Sus amigos le homenajearon el último día del mes de enero en el Café Comercial de Madrid, donde pasó tantas horas. Lo han contado en sus blogs, que uno sepa, Andrés Trapiello y Javier Rodríguez Marcos. Lo mejor es ver y escuchar el vídeo que preparó para la ocasión Gonzalo Ballester, donde el poeta hispanomexicano leyó uno de sus últimos poemas: "Hasta el fin". Un regalo, aunque sea triste.

4.2.12

GHB y SR presentan "Caracteres"

Anoche, un puñado de valientes desafiamos al frío y nos acercamos a la sala del Verdugo para asistir a la presentación de Caracteres (La Rosa Blanca), de Gonzalo Hidalgo Bayal y Salvador Retana. Fue una velada muy agradable y dentro, querido padre, se estaba muy bien. Gonzalo ha colgado en su blog lo que dijo. Salvador tampoco estuvo mal. Aprendimos, nos echamos unas risas y, ya digo, disfrutamos. ¿Qué más se puede pedir?

Savater y Szymborska

"Ligeramente grave" titula el pensador Fernando Savater un artículo sobre la poesía de Wislawa Szymborska. En El País. Allí dice, entre otras cosas, que "Su poesía es reflexiva sin engolamiento ni altisonancia, de forma ligera y fondo grave, directa al sentimiento pero sin chantaje emocional. Breve y precisa, escapa a ese adjetivo alarmante que tanto satisface a los partidarios de que importe el tamaño: torrencial. Sobre todo nos hace a menudo sonreír, sin incurrir en caricaturas ni ceder a la simpleza satírica. Lo más trágico de la poesía contemporánea no es lo atroz de la vida que deplora o celebra, sino la falta de sentido del humor de los poetas. Se les nota especialmente a los que quieren ser festivos y son sólo grotescos o lúgubres (aunque los entierros también son fiestas, claro y más precisamente fiestas de guardar)".
O: "Como todo buen poeta, fue especialmente consciente de su extrañeza y hasta detalló las tres más raras de todas, las que se niegan a sí mismas al afirmar: «Cuando pronuncio la palabra Futuro, la primera sílaba pertenece ya al pasado. / Cuando pronuncio la palabra Silencio, lo destruyo. / Cuando pronuncio la palabra Nada, creo algo que no cabe en ninguna no-existencia»".
Por cierto, JRM ha escrito de nuevo, esta vez en su blog, sobre ella.Y Xavier Farré, un día "trist, fred, glaçat" de Cracovia, en el suyo. Me contaba cómo en la radio no dejaban de hablar de la poeta muerta y se leían continuamente sus poemas. Como aquí cuando pasa algo parecido.

3.2.12

Continuo mudar

Nombré aquí atrás de pasada el libro de Luis María Marina que ha publicado la insumergible Editora Regional en su colección de poesía. Lo califique, un poco a la ligera, de "curioso e interesante". He de confesar, sí, que lo había leído muy deprisa, pero con la sana intención de volver sobre él, lo que he hecho esta fría tarde de febrero al volver del paseo. Para empezar, como en el caso de Carmen Hernández Zurbano, la autora de Géiser, de nada me sonaba el nombre de Luis María Marina. Sabemos que nació en Cáceres en 1978, que en 2008 publicó en México su primer libro, país donde ejerció como Consejero de la Embajada de España, el mismo cargo que ahora ocupa en la de Lisboa. Esta condición de diplomático no es nueva en la poesía, por cierto. Mexicano era precisamente Octavio Paz, que sirvió a su país en esa labor, como tantos y tantos poetas hispanoamericanos, de Neruda a Montejo (que también pasó por la capital portuguesa).
Dos citas abren la obra: una de Kant (sobre lo bello y lo sublime) y otra de Gracián (sobre el pesar y el placer). No es mala pista ésa para intuir por dónde van a ir los tiros líricos. A uno le dan pistas fiables, como a cualquier lector atento.
En seis partes se divide Continuo mudar. La I, Visiones. Lo judío y Auschwitz (con Celan al fondo), Santo Tomás y el tocar para creer; Goya y España (una cosa y la misma), y Job y Juan y los pitagóricos y un estupendo poema, "Los perros de Lyssa", componen esta primera parte donde encontramos versos sin puntuación (como los del último Caballero Bonald, con los que ando, o los del último Félix Grande, con los que anduve), muy libres, versiculares (que no admite el DRAE), a ratos herméticos, nada complacientes (mal que le pese al lector comodón), atentos a su solo decir, intensos. Cercanos, cree uno, a la poesía hispanoamericana actual, entendida, eso sí, como el todo que no es, por más que se me entienda al usar ese vagaroso término.
En la II, Cuatro Danzas de la Muerte, lo religioso, siquiera como símbolo (a debida distancia del modelo clásico de principios del XV), sigue presente. Y ahí la sabia constatación de "que a morir / se aprende viviendo".
En la III, Canciones elementales, vuelve la puntuación. Con ello, porque es más que un mera pose, los poemas cobran otro sentido, acaso más comprensible. Destaco poemas excelentes, capitales para valorar el alcance del libro (que no es poco); así, "Canción del justo", un poema, sin duda, emocionante. O "Canción del verdugo", que se cierra con el verso: "aunque tú te salves, perdido está ya todo". O la muy barroca (un rasgo predominante) "Canción del soldado". O, en fin, el enternecedor y nada sensiblero "Canto nuevo", dedicado a la hija. 
Apartes de titula la IV parte, donde, sin puntuación de nuevo, el mencionado barroquismo se acentúa y los versos se retuercen en la mejor tradición gongorina y española.
En la V, La poesía: un entremés y una cena.
En la VI, para terminar, Dos mudanzas americanas y una vuelta, que se cierra con la evocación de dos heterónimos de Pessoa: 
campos                       - maestro, ¿esto es todo?
caeiro                         - maestro, ¡todo es tan poco...!

Permítanme, para terminar, no sin subrayar antes la bondad de este libro, un par de consideraciones. La primera, que uno se alegra de que Poesía, la colección de la Editora, siga gozando de excelente salud. A las últimas entregas remito. La segunda, tiene que ver con otra satisfacción, ésta de índole tal vez provinciana: este lector extremeño comprueba cómo han cambiado, para bien, las cosas en esta tierra. Cuando uno era joven y leía a sus paisanos poetas, el panorama era desolador. Había, cómo no, autores y, claro está, buenos libros, pero... ¡tan pocos! Uno contempla, sin embargo, el paisaje poético actual y... ¡es tanta la variedad!, ¡tanta la cantidad! (para los pocos que somos), ¡tanta, sí, la calidad! Algo habremos hecho bien. ¿O no?

2.2.12

Zagajewsky de nuevo

En Acantilado

Adiós a Wislawa Szymborska

La poeta polaca Wislawa Szymborska, premio Nobel de literatura, murió ayer a los 88 años en su casa de Cracovia, en plena ola de frío polar. Nos lo cuenta Javier Rodríguez Marcos, que la entrevistó hace unos años para El País.
Martín López-Vega escribe también sobre ella en su blog.
Por suerte, nos queda su poesía, traducida al español, sobre todo por Abel Murcia y Gerardo Beltrán. Era, sin duda, una de las grandes.

Nueva presentación

1.2.12

VPD entrevista a GHB

Víctor Peña Dacosta entrevista a Gonzalo Hidalgo Bayal en la revista Periplo. También se puede leer en la versión pdf. Al final del número (página 71) se publica "Sea, pues: 111", la poética más genuina de GHB.

Comadira

70 años acaba de cumplir el poeta catalán Narcís Comadira. Escuché por primera vez sus poemas en un programa de la televisión catalana, allá por el verano del 83, en Tossa, en pleno viaje de novios.
Es un poeta al que admiro. Lo conocí personalmente en Verines, gracias a Víctor García de la Concha y su generoso concepto de la literatura española como lugar donde no sólo cabe lo escrito en castellano.
Si el mundo no estuviera al revés, habría más libros suyos traducidos al español o, mejor aún, no nos costaría a la mayoría leer al autor de Papers privats en su idioma original. Pero esto es España, no se olvide. Para colmo, la brecha es cada vez mayor y el acceso a obras poéticas de autores que escriben en catalán traducidas a la lengua de Cernuda, salvo excepciones como la de Margarit (que vendrá a Plasencia en marzo), casi un imposible.
Xavier Farré recuerda el aniversario con un bonito comentario en su blog que incluye un vídeo donde Comadira lee uno de sus poemas. Otros, como recoge Jaume Subirana, también le recuerdan. Lo que quiero hacer también desde aquí. Feliç aniversari.