30.6.05

Heaney & Rexroth

"Los medios de transmisión se han acelerado y la traducción sacia mucho antes nuestra sed de conocimiento de lo que es posible en poesía, pero dudo a la hora de usar la palabra “global”, pues es una palabra que pertenece de una forma muy clara al mundo económico, el mundo de los productos y los mercados. La poesía siempre ha sido, en cierto sentido, global. Además creo que siempre ha sido también, de algún modo, local: su primer florecimiento es siempre en una lengua y una cultura concreta, y de ella depende y en ella vive y crece", dice el poeta irlandés Seamus Heaney en una interesante entrevista firmada por Martín López-Vega que publica hoy El Cultural.

A propósito de traducciones, recomiendo la primera antología de poemas del norteamericano Kenneth Rexroth en español. Su título: Actos sacramentales (Gadir). Ya se habían vertido a nuestro idioma, eso sí, sus deliciosos Cien poemas chinos (Lumen).

Trillo

No puedo por menos que sumarme a lo dicho por Santos Domínguez en su blog a propósito de lo que dice de Trillo en el suyo, con la lucidez que le caracteriza, Gonzalo Hidalgo.
No se olvide, añado, que el tipo es militar, ya que ingresó, como número uno de su promoción, ¡qué menos!, en el Cuerpo Jurídico de la Armada allá por el 74 del pasado siglo. Esto hace que su infamia sobrepase incluso a la de cualquier personaje de Shakespeare. Estos son humanos; Trillo, no.

29.6.05

Consuelo

"El éxito en la sociedad actual", prosigue John Berger, "es una cuestión de cantidades: número de copias de un disco, de visitantes en una exposición, de libros vendidos. Es ahí donde manda el mercado, pero el mercado ignora que lo que importa del arte es su vida subterránea, lo que ocurre cuando una persona se ve afectada por lo que ha visto, ha escuchado, ha leído. Esa persona deja ya de ser la que ha sido, puede actuar de manera diferente. Pero es eso, precisamente, lo que no se puede cuantificar. Esos minúsculos cambios que el arte desencadena ni siquiera son fáciles de explicar". (El País)

28.6.05

Cementerio alemán (II)

En la primera entrada sobre el Cementerio alemán de Yuste, se me olvidó citar a un poeta que también ha dedicado un poema a ese "lugar de la duración" (por decirlo con palabras del maldito Peter Handke). Me refiero a José María Micó y su texto aparece en su último libro, recién publicado: La sangre de los fósiles.
Como recuerda, fue fruto de su visita al lugar en compañía de los poetas Jordi Virallonga y Eduard Sanahuja.

27.6.05

Juan Palomo se hace eco del blog

Acabo de leer esto en la página web de El Cultural, en la sección La papelera de Juan Palomo: Los blogs tienen mucho peligro, y si no, que se lo digan a Álvaro Valverde. La semana pasada alguien respondió a su encendido elogio del último libro de Campos Pámpano con una maldad: ¿estará en algún jurado conveniente próximamente? Ese comentario desapareció enseguida, pero el anónimo insistió. Resultado: Valverde se ha cargado la posibilidad de comentar las notas de su blog, al grito de “que se coman ellos su mierda” (versión corregida posteriormente: ahora dice “detritus”).
Insisto, hasta ahora no lo había leído. Sólo un par de precisiones. La primera: desde 1993 no me presento a ningún premio literario (en lo que a la poesía se refiere) y no tengo previsto cambiar de costumbre. Usé los premios para conseguir publicar mis primeros libros y cuando encontré editor dejé de hacerlo.
La segunda: si "me he cargado" (qué dureza, ¿no?) la posibilidad de que se comenten mis entradas es sólo porque esa opción no sólo era utilizada por personas con criterio (amigas o no) sino también por gentuza. Y a estos, por muy anónimos y cobardes que sean, no está uno dispuesto a darles nada. Ni siquiera una línea de su humilde blog.

26.6.05

En positivo

En el debate que tuvo lugar la semana pasada en la Asamblea, el presidente de la Junta, Rodríguez Ibarra, hizo referencia a la negatividad de la oposición respecto de cualquier logro alcanzado no ya por el Gobierno autonómico en particular sino por la sociedad extremeña en su conjunto. Mencionó, a ese propósito, a escritores y artistas.

Aquí, para la facción que les apoya, es norma cercenar mediante el insulto y la descalificación cualquier atisbo de calidad y de excelencia, sobre todo si el aval viene de fuera (de Miravete para allá, lejos de las fronteras de Santa Marina) y, para colmo, desde instancias que, por su innegable prestigio, pueden hacerlo por encima de toda sospecha, de cualquier consideración amistosa o partidista.

Normal, dirán los realistas. Son reglas de la provincia, inveteradas costumbres de provincianos. Insólito, dirán otros, cansados de soportar esa aburrida cantinela acerca de la preterición y el ninguneo; las jeremiadas de los de siempre, incapaces de sustituir sus tediosas milongas por obras de arte consistentes.

Lo llevaré a mi terreno, el de los libros. Dos autores, poetas por más señas, acaban de conseguir sendos premios literarios y me parece oportuno destacar ese éxito. Para que cese, siquiera un rato, esa negatividad que ofende. Un éxito (palabra gastada, por debajo de las expectativas a que aludo) que no pesa sólo sobre los ganadores, conviene recordar, sino sobre la literatura escrita por extremeños. Todos ganamos, por más que algunos, los negativos, se empeñen en perder.

El primero, por orden de fechas, recayó en Ángel Campos Pámpano. Para ser más exactos, en su libro La semilla en la nieve. Aunque el Premio Extremadura a la Creación, en esa categoría, ya lo habían ganado dos poetas, es la primera vez que se le concede a un libro de poesía, lo que desmonta para siempre la falsa creencia de que al no distinguir entre géneros estaba condenado a entregarse siempre a novelas.

No voy a volver sobre unos poemas (o, mejor, sobre ese largo y único poema) que ya comenté en su momento, apenas apareció el libro y lo leí. A pesar de que a él no le guste la expresión (y lo comprendo), es el mejor de los suyos. Que esto es así, que estamos ante un buen libro, lo ha reconocido alto y claro el jurado que se lo concedió. Empezando por su presidente, el novelista y académico Luis Mateo Díez. Una opinión que fue refrendada por el presidente de otro de los jurados, Saramago, cuya poesía Campos acaba de traducir, como ha hecho (algo que suma a favor de su calidad poética) con buena parte de la mejor poesía portuguesa del siglo XX, con Pessoa y Andrade, ay, a la cabeza.

El otro, más reciente, ha recaído en Basilio Sánchez, por su libro Entre una sombra y otra. Su nombre no es bonito: Unicaja se denomina, como la entidad que lo convoca. Se lo ha entregado en Cádiz un jurado que no me resisto a mencionar: Caballero Bonald, Benítez Reyes, García Montero, Manuel Alcántara, Alfonso Canales y Jesús García Sánchez. Éste último nos da la pista sobre lo mejor del premio (además de su montante económico, doblado porque el año pasado quedó desierto): que se publica en una de las mejores colecciones de poesía de España, la emblemática Visor, donde Basilio publicó su libro anterior y donde, por cierto, hasta ese momento sólo se había editado, desde su creación, un libro de autor extremeño.

Hace unos pocos años hubiera sido impensable que unos poemas que se adscriben a la denominada “poesía de la meditación” hubieran salido adelante con el voto de algunos poetas de ese jurado, máximos representantes de la “poesía de la experiencia”. Uno se alegra especialmente de que las cosas por fin hayan vuelto a su verdadero cauce: el de la poesía a secas.

No quiero ser indiscreto, pero me consta que este libro estuvo a punto de aparecer en otra de nuestras grandes colecciones poéticas y que por muy poco no consiguió alzarse con uno de los premios más prestigiosos de nuestro panorama. Poco importa eso ahora: será el libro, que saldrá a finales de año, quien tenga la primera y la última palabra. Y está bien que, por encima de esos azares, así sea.

No lo puedo ocultar: uno se alegra con la alegría de sus amigos y Ángel y Basilio lo son. Desde antiguo. Eso sí, más allá de esta circunstancia, que me honra, como lector y como extremeño me enorgullezco de que dos poetas y dos libros (uno publicado y el otro inédito) ganen premios y vean la luz en editoriales acreditadas. Para que luego venga el enterado de turno a decir que los extremeños no destacamos en nada y que no hay escritores de esta tierra conocidos fuera de la región. Da igual. Los hechos, sobre todo los escritos, duran más que las figuraciones de un desinformado portavoz. Si no, al tiempo.

(HOY)

23.6.05

Los presentes

"Hace años, Juan José Arreola lanzó una editorial con el afortunado título de Los Presentes. La escritura como regalo y acto de presencia. Tal vez también aludía a los testigos necesarios, los que se desconocen pero están ahí, para recordar que algo perdura, algo lejano, quizá dicho por otro". Juan Villoro, en Letras Libres.

Poesía y novela (memoria y olvido)

"La poesía lírica es una fortaleza de la memoria.
Por el contrario, la novela es, ante el olvido, un castillo pobremente fortificado".
Milan Kundera, El telón.

Tempus fugit

Ayer recogí a mi hija en la Residencia Universitaria donde ha pasado (a ratos) este curso. Con ella, venían los últimos bártulos. Parece que fue ayer cuando su madre y yo la dejamos allí por primera vez.
Que el tiempo pase tan rápido es la inequívoca señal de que uno se va haciendo viejo. Ya nada dura casi nada. Sobre todo lo bueno.

Ansia

"Sólo existo cuando escribo", dijo Ingeborg Bachamann y, sin embargo, leo los cuentos de Ansia y, en lo escrito, ella sigue existiendo.

Baño

Ayer por la tarde volví al molino y me bañé solo en el estanque. Como siempre, al entrar, ese baño me pareció el primero. Como siempre, al salir, tuve la sensación de que era el último.

22.6.05

De los periódicos

A Adonis se le preguntó, inevitablemente, por la división que viven aquí en España los poetas, alineados, con el fanatismo de «hooligans», en la llamada «poesía de la experiencia», apegados a lo cotidiano como material lírico, o la «poesía metafísica», que reivindica un verso existencialista y tradicionalista. «Esto ocurre en todo el mundo –respondió el libanés-, pero yo creo que el malentendido arranca porque no nos ponemos de acuerdo sobre lo que significa realidad. Para mí la realidad no equivale sólo a lo cotidiano, eso sería quedarse en lo superficial: la realidad es lo que se ve y lo que no se ve, lo visible y lo invisible, y hasta lo que imaginamos».

Glosa. El periodista también tiene un problema con la "realidad": hace muchos años que los poetas ya no se enfrentan por esos conceptos. Hubo un tiempo... Parece que lo único que importa, por fin, es la Poesía. Sin adjetivos, please.

Decisión

Está visto que según qué cosas y según qué nombres vienen a ocupar en este blog un espacio que no merecen. Menos es más, Tomás.

21.6.05

Lectores

Fernando Fernán Gómez a la todopoderosa Carmen Balcells: "No es verdad que los burros puedan aprender a leer".
Y Gabriel García Márquez: "La lectura es el modo más feliz de conversar con uno mismo".
Y Antonio Lobo Antunes: "Leo porque no sé bailar como Fred Astaire".

Homosexualidad

El PP no lo puede ocultar: no es un problema de términos (matrimonio o unión). El problema es de fondo: la homosexualidad y los homosexuales. Éstos son los que sobran. La infame y acientífica disertación de Aquilino Polaino (un nombre a la altura de su ridículo) lo demuestra a las claras. En sede parlamentaria. Con luz y con taquígrafos.

20.6.05

Walden

"La mayoría de los hombres llevan vidas de tranquila desesperación". Henry David Thoreau, Walden.
Su tono me recuerda al del mejor Leopardi.

Basilio

Nada como alegrarse con las alegrías de los amigos. Basilio Sánchez gana el premio Unicaja en Cádiz con un jurado estupendo. Impensable, por cierto, que hace unos años algunos de sus miembros votaran un libro como el suyo. Otro motivo de alegría.
Que otros no vieran que Entre una sombra y otra es una obra excepcional no ha impedido que la justicia poética se cumpliera. Ellos se lo han perdido.
Ya digo, me alegro. Por él, claro, y por su familia, antes que nada. Y por quienes le admiramos desde hace mucho. Y, por qué no, por los que rabiarán de nuevo. Al fin y al cabo es un éxito para la poesía extremeña en su conjunto, que diría aquél, y eso...

18.6.05

El brazo eclesiástico

Hay que reconocer que el talante de la Iglesia extremeña, representada por el arzobispo de Mérida, Santiago García, y los obispos de Cáceres y Plasencia, Ciriaco Benavente y Amadeo Rodríguez, respectivamente, es digno de elogio. A pesar de que ocupa desde hace casi un año la sede que dejara vacante el recordado Antonio Montero, poco sabemos de D. Santiago (salvo que tuvo que rectificar unas indiscretas declaraciones de Floriano). Con todo, este síntoma de discreción abunda en lo que acabo de afirmar. Por suerte, no sigue la estrategia de otros compañeros de la Conferencia Episcopal, especialistas en opinar de todo y casi siempre para mal.
Lo cierto es que hasta ahora las relaciones institucionales entre la Junta y la Iglesia no han podido ser mejores. Buena parte del éxito de ese cordial entendimiento habrá que atribuírselo, qué duda cabe, a la excelente sintonía personal entre el presidente Rodríguez Ibarra y el mencionado monseñor Montero. Pero eso no basta. Creo que los socialistas extremeños (entre los que hay creyentes) han entendido perfectamente que los ciudadanos de esta región tienen en ese terreno convicciones y prácticas muy arraigadas que no sería deseable perturbar y, sin abdicar de las suyas (coincidentes o no con las del resto, que de todo hay en la viña del Señor), han respetado, ya digo, las de los católicos. En la misma dirección, por cierto, de lo que ha venido haciendo el PSOE desde la Transición, en especial durante los sucesivos gobiernos del anatemizado Felipe González, que tuvo que tomar no pocas de las decisiones que permitieron a la Iglesia española reconducir sus pasos desde el apoyo incondicional a la dictadura de Franco (y la unión Iglesia-Estado) hasta el decidido respaldo a la monarquía democrática legalmente establecida. Todo sin perder su tradicional protagonismo histórico. Así, volviendo a esta tierra, ha sido posible, y sigue siéndolo, que alcaldes y ediles socialistas asistan a misas, acompañen procesiones y protagonicen romerías. Más allá, la misma fiesta autonómica se estableció el 8 de septiembre por ser el día en que se conmemora la festividad de la patrona de Extremadura, la Virgen de Guadalupe. Y en Guadalupe, en la recuperación del más claro símbolo de las creencias religiosas de los extremeños, tienen éstos cifradas sus esperanzas, para que de una vez por todas se repare ese agravio incomprensible que permita que ésta pase a formar parte de la diócesis de Plasencia. Después de años de gestiones ante el Vaticano (de las que podría escribir un libro don Amadeo), ésta será una de las primeras pruebas de fuego del nuevo arzobispo que, con la cautela debida, ya ha mostrado su apoyo a la causa.
Ante este panorama, costaría trabajo creer que las tensiones generadas desde la Conferencia (más propias de Rouco que de Blázquez), llegaran a afectarnos y, sin embargo, puede que acaben haciéndolo.

Uno, por más que se empeñe, no ve persecución por ninguna parte, ni ataques contra nada ni nadie, sino escrupulosa observancia del Concordato y máximo respeto por lo que de verdad importa: la libertad de culto. Sí, porque la religión es, antes que nada, una práctica privada y, por tanto, distante de las tareas de gobierno y de sus políticas, muchas de ellas, por cierto, de clara inspiración cristiana. Lo de Dios y lo del César, ya saben.
Hablo a título personal, como siempre, pero con cierto conocimiento de causa. El que me da haber recibido algunos sacramentos, haber sido educado durante diez años en un colegio religioso, pertenecer a una familia católica, tener un hermano sacerdote y seguir asistiendo, cada poco, a funerales, bodas y bautizos, todo lo cual no obsta para que me confiese agnóstico.

En este sentido, uno ve a la Iglesia oficial alejada de la realidad social (algo que en Extremadura puede que ocurra menos); conservadora en extremo; incapaz de comprender nuevas ideas (ah, los signos de los tiempos), nuevos problemas (el sida, el control de la natalidad, la investigación genética) y nuevos derechos (ay, el prójimo); instrumentalizada a veces por organizaciones sectarias (de dentro y de fuera) y presa, en fin, de tertulianos y gacetilleros que braman desde medios de comunicación (propios o afines) proclamas de odio y no mensajes de paz.

Me hubiera gustado que la jerarquía católica hubiera animado a los ciudadanos a echarse a la calle para protestar por la guerra de Irak (y eso que el Papa la condenó) como les ha pedido que se movilicen hoy contra la unión (voluntaria) entre homosexuales. No es poco, ya lo sé, que ninguno de los obispos extremeños se haya desplazado a Madrid para secundarla. Otra clara señal de lo que vengo diciendo.
Sin poner en cuestión su derecho a hacerlo, lanzarse a las calle es un despropósito que una Iglesia responsable (con siglos de vida y de cultura a sus espaldas) no se debería permitir. Para eso están los impulsivos pancarteros conversos.

(HOY, 18 de junio de 2005)

Infierno

El calor que estarán pasando los supuestos defensores de la familia por las calles de Madrid les recordará las penas del infierno. Ése al que han condenado desde siempre y para siempre a los que no piensan como ellos. Si a lo suyo, mayormente, se le puede llamar pensar.

15.6.05

Ávalos

Me acordaba del escultor emeritense hace unos días, al visitar el horrendo armatoste del Monumento a los Descubrimientos de Lisboa, a un paso de dos obras mayores, éstas sí, de la arquitectura portuguesa (declaradas por la Unesco Patrimonio de la Humanidad): el Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém. Me recuerda al Valle de los Caídos y a sus infames mamotretos.
El Ayuntamiento de Mérida pide para Ávalos la Medalla de Extremadura. Uno, a título personal, pide todo lo contrario. Para no degradar lo que ese humilde honor representa.

13.6.05

Decálogo para la lectura

Si no lees, no pasa nada... Deja que te pasen cosas. Éste es el título de la campaña a favor de la lectura y de la escritura, lanzada en la feria por la Asociación Española de Lectura y Escritura (AELE), en colaboración con el Ministerio de Cultura y las Universidades Complutense y Autónoma de Madrid. Éste es el decálogo que propone dicha campaña a los adultos para estimular la lectura en pequeños y jóvenes:

1. Dejemos que lean y escriban textos, como saben, desde que son pequeños.

2. Respetemos sus aprendizajes. Leamos con ellos y comentemos juntos lo que estamos leyendo.

3. Evitemos interrogarles sobre lo que no han entendido.

4. Leer y escribir distintos textos es la mejor manera de aprender, aun equivocándose.

5. Valoremos que, cada uno, a su ritmo y con las posibilidades que le brindan sus experiencias, desarrollan sus capacidades.

6. Propongámosles situaciones en las que necesiten usar el mundo escrito.

7. Leer a escritores diversos y escribir para lectores específicos.

8. El silencio (no impuesto) es un contexto apropiado para leer.

9. El aprendizaje no empieza ni acaba en la escuela.

10. Escribir desde pequeños es una apasionante manera de llegar a ser grandes lectores.

(El País, 11 de junio de 2005)

Casa blanca

Estos días hemos pasado varias veces debajo del muro rosado del edificio de la Embajada de Francia en Lisboa. Cuelga allí una desmesurada bandera tricolor. Es un signo de los tiempos: a menos nacionalismo, más metros de tela. Como en Colón.
Poco pegaría en esa sede, como embajador, el de Francia en España. Se llama Claude Blanchemaison. Donde estaría perfecto es en Washington.

Memoria de Andrade

La luz del sol, la cal,
el pájaro que canta en la enramada,

el umbral y el zaguán y la sombra,

la reverberación del mar

al mediodía y, por la noche,

el reflejo en sus aguas de la luna,

el patio de la casa de la infancia

y el niño que allí mira con tristeza,

el somnífero son de las cigarras

a la hora cesante de la siesta,

el árido paisaje de las viñas

colgadas de los últimos bancales,

el jardín con palmeras

y el muro calcinado, y en fin,

todo cuanto en mi vida

tuvo un día importancia,

cuanto valió la pena,

la materia de todo cuanto he escrito,

esto es, el alma y la sustancia
de mis sueños.

Á. V.

Materia solar


Ha muerto el poeta portugués Eugénio de Andrade
Nunca he tenido tan claro como ahora que, en rigor, un poeta nunca se muere. Miro alrededor, veo sus libros y le siento más vivo que nunca.
Qué frágil en Badajoz, en septiembre de 2000, cuando le entregaron el Premio "Extremadura a la Creación".
De pocos poetas me he sentido tan cerca. Ni nunca más portugués que hoy.

La lectura como cuestión

"En mi casa no entran libros, no me gustan los libros, prefiero leer en el libro abierto que es el corazón del hombre". Esta frase entre lírica y lapidaria ha sido pronunciada por uno de los más genuinos representantes de la música hispana, Julio Iglesias. La ha recogido y comentado en su bitácora el poeta sevillano Enrique Baltanás. Lo ha hecho sin acritud, que diría otro sevillí, éste del mundo de la política. Opino, como aquél, que la cosa no es para rasgarse las vestiduras. Ya he dicho y repetido que uno, que defiende sin tapujos los libros y la lectura, lo hace sin ningún afán proselitista. Con el humilde convencimiento, sí, de que leer proporciona un placer y una intensidad añadidos que la vida común se merece y, en consecuencia, los mortales que pasamos por ella con más pena que gloria. No menos convencido, como ha recordado Steiner, de que leer no nos hace necesariamente mejores seres humanos. Suele sacar a colación el ejemplo de los nazis, capaces de leer un sublime poema de Rilke y a continuación ponerse, como si tal cosa, a gasear judíos. Muy leído era, al parecer, nuestro anterior presidente del gobierno y, salvando las distancias, no le tembló el pulso a la hora de embarcarnos en una guerra atroz e ilegal que es lo que no hubiera hecho, a mi modesto modo de ver, una buena persona.
“El saber (y el sentir), dice Baltanás, no se transmite sólo a través de los libros”. Estoy de acuerdo, faltaría más, aunque como reconoce en su reflexión sobre las palabras del insigne autor de Gwendoline, “no concibo una vida sin libros, no podría habitar una casa que no estuviese atestada de estantes rebosantes de libros”. Vamos, lo que podría decir cualquier letraherido, más de esos viciosos hasta el extremo, de los que no se contentan con leerlos sino que además los escriben. Y sin embargo no es el caso de todos. Miren lo que ha dicho a su paso por Badajoz, el polígrafo José Antonio Ramírez Lozano, quien después de jactarse de que este año ha publicado cinco libros (luego dicen del pobre Trapiello), y al preguntarle por el que estaba leyendo, ha dicho que ninguno, que él escribe. Matizó que “se hace mucha publicidad de la lectura y muy poca de la escritura”. De un plumazo tiró por tierra los famosos versos de Borges y, cómo no, esas teorías (a buen seguro caducas) de que es imposible escribir (bien, preciso) si antes no se ha leído. Y mucho. Por eso, bien está que él ya no lo haga (acaso porque, como dice un malvado amigo común, se limita a leerse a sí mismo), pero que recomiende eso a sus alumnos es, cuando menos, una temeridad.
Como en el caso de su colega artístico, tampoco me escandalizan las declaraciones del de Nogales. Al fin y al cabo, para escribir tantos libros y ganar tantos premios es imposible dedicar tiempo a otra cosa, la lectura inclusive.
A éstos y a otros les parecen inservibles las campañas de fomento de la lectura. Algo parecido le debe ocurrir al director de la Biblioteca “Bartolomé J. Gallardo” de Badajoz, Feliciano Correa, pues en su artículo de la semana pasada, a pesar de ponderar los esfuerzos realizados en los últimos tiempos en ese terreno (de los que él mismo es partícipe), venía a decir que, hagamos lo que hagamos, estamos condenados a seguir siendo los últimos en lo que a los índices de lectura se refiere. ¡Menudo panorama!
Menos pesimista se mostraba hace unos días Santiago Cambero, otro columnista de HOY que recalaba en el mismo tema.
En Mérida, otro amigo, Juan Manuel de Prada, arremetía también contra las dichosas campañas al tiempo que reconocía lo que aquí se estaba haciendo. Será, supongo, porque esto no es comparable a lo que se limitan a hacer por ahí fuera. Ay, las excepciones.
Recuerdo que uno de los objetivos básicos del Plan destinado a su fomento era que el de la lectura fuera un asunto que apareciera en la radio, en la televisión y en los periódicos, como un paso previo, pero necesario, a su presencia en las conversaciones habituales de la gente. Visto lo visto y leído lo leído, eso ya ha empezado a ocurrir. Bienvenida sea pues la controversia, la discrepancia y el debate. Después, quien quiera leer que lea. Con una salvedad: que el que quiera, pueda. Y que lo haga sin demasiados problemas. Que al menos no tenga que enfrentarse con los que nos han lastrado durante siglos y nos han llevado a la penosa situación de la que, sin duda, ya hemos empezado a salir. Mal que les pese a los agoreros.
HOY, 11 de junio de 2005

12.6.05

Ataque de virus

Las circunstancias mandan. Se va uno tres días de casa y aprovechan los piratas informáticos (los poetastros y escritorzuelos de siempre) para usar este sitio como vertedero. Hasta ahora controlaba sus ataques enfermizos (sólo son pobres hombres, los conozco bien), pero... Es cansino. Lo siento por los amigos y amigas que usaban la sección de comentarios para conversar. Esta gentuza impide cualquier atisbo de tolerancia, ya se sabe. Duele tener que reaccionar así. Uno incluso lo comprende, además de enfermos (por no usar palabras más gruesas), no tienen otro sitio donde escribir... Lo dicho, pobre gente. Eso sí, que se traguen ellos sus propios detritus (con perdón).

¡Qué bonita estaba Lisboa!

8.6.05

De toda la vida

Me subleva esa gente que aduce la de nativo como condición sine qua non para que alguien pueda aspirar a ser alcalde de un determinado lugar. En las últimas elecciones municipales, el de Cáceres -antes y ahora- lanzó como ofensivo lema de campaña: "De Cáceres, de toda la vida". El de Badajoz, después de mandar el otro día "al coño" (así, como suena) a Paco Muñoz (actual Consejero de Cultura de la Junta y posible, futuro candidato), dice que éste es de Mérida. En Plasencia la candidata del PP en los pasados comicios también fue atacada por no ser placentina de toda la vida. Dan lástima. Qué pequeñez mental. Aluden a la máxima representación de una ciudad, sí, pero en el fondo están poniendo en cuestión el pleno derecho de vecindad de todos los no nacidos en ese sitio. De los que no son de allí "de toda la vida".
Es una pena que estos tipos no lleguen a conocer como regidor de su pueblo a un marroquí o a un hispanoamericano naturalizado español. Hombre o mujer, tanto da. Y luego hablan de universalidad.

7.6.05

Manifiesto

Por un nuevo partido político en Cataluña

Después de 23 años de nacionalismo conservador, Cataluña ha pasado a ser gobernada por el nacionalismo de izquierdas. Nada sustantivo ha cambiado.
Baste con decir que el actual gobierno ha fijado como su principal tarea política la redacción de un nuevo Estatuto de Autonomía. Muchos ciudadanos catalanes creemos que la decisión es consecuencia de la incapacidad del Gobierno y de los partidos que lo componen para enfrentarse a los problemas reales de los ciudadanos. Como todas las ideologías que rinden culto a lo simbólico, el nacionalismo confunde el análisis de los hechos con la adhesión a principios abstractos. Todo parece indicar que al elegir como principal tarea política la redacción de un nuevo Estatuto para Cataluña, lo simbólico ha desplazado una vez más a lo necesario.
La táctica desplegada durante más de dos décadas por el nacionalismo pujolista, en la que hoy insiste el tripartito, ha consistido en propiciar el conflicto permanente entre las instituciones políticas catalanas y españolas e, incluso, entre los catalanes y el resto de los españoles. Es cada vez más escandalosa la pedagogía del odio que difunden los medios de comunicación del Gobierno catalán contra todo lo “español”. La nación, soñada como un ente homogéneo, ocupa el lugar de una sociedad forzosamente heterogénea.
El nacionalismo es la obsesiva respuesta del actual gobierno ante cualquier eventualidad. Lo único que se le resiste son los problemas, cada vez más vigorosos y complicados. Por ejemplo, el de la educación de los niños y jóvenes catalanes. La política lingüística que se ha aplicado a la enseñanza no ha impedido que los estudiantes catalanes ocupen uno de los niveles más bajos del mundo desarrollado en comprensión verbal y escrita. Este es sólo uno de los más llamativos resultados de dos décadas de gestión nacionalista. Dos décadas en las que el poder político, además, ha renunciado a aprovechar el importantísimo valor cultural y económico que supone la lengua castellana, negando su carácter de lengua propia de muchos catalanes.
La decadencia política en que ha sumido el nacionalismo a Cataluña tiene un correlato económico. Desde hace tiempo la riqueza crece en una proporción inferior a la de otras regiones españolas y europeas comparables. Un buen número de indicadores cruciales, como la inversión productiva extranjera o las cifras de usuarios de internet, ofrecen una imagen de Cataluña muy lejana del papel de locomotora de España que el nacionalismo se había autopropuesto. Su reacción ha sido la acostumbrada: atribuir la decadencia económica a un reparto de la hacienda pública supuestamente injusto con Cataluña. Cabe recordar que una de las acusaciones tradicionales de la izquierda al anterior gobierno conservador había sido, precisamente, la de no saber gestionar con eficacia los recursos de que disponía y practicar una política victimista que ocultara todos sus fracasos de gestión. Poco tiempo ha necesitado el gobierno tripartito para adherirse a esta reacción puramente defensiva, que, además, ha incurrido con frecuencia en la inmoralidad. Alguno de sus consejeros no ha tenido mayor inconveniente en afirmar que mientras el norte español trabaja, el sur dilapida. No parece que el creciente aislamiento de Cataluña respecto de España y que su visible pérdida de prestigio entre los ciudadanos españoles, hayan contribuido a paliar esta decadencia.
Sin embargo, el nacionalismo sí ha sido eficaz como coartada para la corrupción. Desde el caso Banca Catalana hasta el más reciente del 3% (que pasará a la historia por haber provocado una de las más humillantes sesiones que haya vivido un parlamento español) toda acusación de fraude en las reglas de juego se ha camuflado tras el consenso. Un consenso que no sólo se manifiesta en los escenarios del parlamentarismo sino que forma parte del paisaje. Puede decirse que en Cataluña actúa una corrupción institucional que afecta a cualquier ciudadano que aspire a un puesto de titularidad pública o pretenda beneficiarse de la distribución de los recursos públicos. En términos generales, el requisito principal para ocupar una plaza, recibir una ayuda, o beneficiarse de una legislación favorable, es la contribución al mito identitario y no los méritos profesionales del candidato o el interés práctico de la sociedad.
Como las fuerzas políticas representadas hoy en el Parlamento de Cataluña se muestran insensibles ante este estado de cosas, los abajo firmantes no se sienten representados por los actuales partidos y manifiestan la necesidad de que un nuevo partido político corrija el déficit de representatividad del Parlamento catalán. Este partido, identificado con la tradición ilustrada, la libertad de los ciudadanos, los valores laicos y los derechos sociales, debería tener como propósito inmediato la denuncia de la ficción política instalada en Cataluña.
Oponerse a los intentos cada vez menos disimulados de romper cualquier vínculo entre catalanes y españoles. Y oponerse también a la destrucción del razonable pacto de la transición que hace poco más de veinticinco años volvió a situar a España entre los países libres. La mejor garantía del respeto de las libertades, la justicia y la equidad entre los ciudadanos, tal y como se conciben en un Estado de Derecho, reside en el pleno desarrollo del actual régimen estatutario de las Autonomías, enmarcado en la Constitución de 1978.
Es cierto que el nacionalismo unifica transversalmente la teoría y la práctica de todos los partidos catalanes hasta ahora existentes; precisamente por ello, está lejos de representar al conjunto de la sociedad. Llamamos, pues, a los ciudadanos de Cataluña identificados con estos planteamientos a reclamar la existencia de un partido político que contribuya al restablecimiento de la realidad.

Félix de Azúa, Albert Boadella, Francesc de Carreras, Arcadi Espada, Teresa Giménez Barbat, Ana Nuño, Félix Ovejero, Félix Pérez Romera, Xavier Pericay, Ponç Puigdevall, José Vicente Rodríguez Mora, Ferran Toutain, Carlos Trías, Ivan Tubau y Horacio Vázquez Rial.

Lo local

Puesto que todas partes significa ninguna,
¿quién podría probar
que un lugar vale más que otro?

Seamus Heaney, Casa natal

Ángel


Tuve el privilegio de asistir al fallo de los Premios "Extremadura a la Creación" que tuvo lugar ayer en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y comprobar en vivo y en directo la inmensa satisfacción del jurado "extremeño" tras premiar el libro de Ángel Campos Pámpano, La semilla en la nieve. Estaba reflejada en sus caras. No la podían ocultar.
Uno, viejo amigo suyo, no puede por menos que alegrarse también. Por él y por la poesía, a la que su libro engrandece.
Tengo el orgullo de haber sido el primero que, negro sobre blanco, habló de ese libro, recién salido. Aunque a él no le guste la expresión, es el mejor de los suyos, sin duda. Y eso que uno considera también suyos los que traduce y, entre ellos, los de mi admirado Eugénio de Andrade...

5.6.05

Carta de Arenas

Si hay un viaje iniciático en mi vida, por aquello de la “experiencia decisiva”, es el de subir desde Plasencia hasta uno de los últimos pueblos de La Vera, Viandar, donde nació mi abuela Fausta. Lo he contado ya alguna vez e incluso lo he puesto en boca incluso de algún personaje literario (para que luego puedan preguntarle a uno qué hay de autobiográfico en sus novelas). No sé si fue el primer viaje de mi vida, pero así lo siento. Era un viaje al verano. Al de la infancia, que es un eterno y feliz mes de agosto.

Aunque el serpenteo sea ahora menor, la mezcla de ese dulce mareo que produce conducir con tantas curvas y las imágenes del paisaje asombroso que uno va entreviendo, sumado a las escenas que al mismo tiempo uno va recordando, producen en mí un estado mental cuando menos extraño.

El sábado pasado seguí subiendo y llegué hasta Arenas de San Pedro, un paraje, según muchos, tan verato como Candeleda o Poyales, los pueblos abulenses que le preceden. El calor era inusual por esas tierras altas de Gredos y los últimos kilómetros, los de bajada al pueblo, casi insoportables. Cuando salí del coche, seguía dando vueltas.

Se celebraba allí, en medio del pinar que rodea una de esas casas rurales que tanto abundan por todas partes, el primer Encuentro de Animadores a la Lectura “Federico Martín Nebras”. Este hombre, bien conocidos en los ambientes educativos (con un algo, por aquello de las barbas, de capitán Ahab de Moby Dick o de pastor protestante), ha mantenido durante diecinueve años unas jornadas de lo mismo en el Centro de Profesores de Arenas que este año ha decidido torpedear el PP y no por otra cosa que por razones políticas, como es obvio. La lectura, ya se sabe, es peligrosa.

No exagero si digo que aquella bochornosa tarde estábamos sentados –en sillas o en el suelo- en torno a doscientas personas por lo que la consecuencia perseguida, que aquello cesara, ha surtido poco efecto. Este fin de semana se celebran las jornadas “oficiales” (de una altura ostensiblemente menor, no hay más que ver la lista de participantes) y todos están seguros de que la afluencia será tan baja como el nivel.

Ya se sabe: cargarse cosas que funcionan es el deporte favoritos de algunos malos políticos.

Durante tres días tuvieron lugar conferencias (de J. M. Gisbert, Felicidad Orquín y Ana Pelegrín, consumados especialistas en literatura infantil y juvenil, así como de Emilio Pascual, un relevante cervantista que encantó a la concurrencia), mesas redondas (participé en una sobre la poesía: “Siete razones y alguna sinrazón para escribir poesía para adultos”, se tituló la intervención), recitales musicales (uno de ellos a cargo de los Mayalde) y multitud de espectáculos de teatro, cuentacuentos, mimo y títeres, en la mejor tradición de esos afamados encuentros.

Fue muy emocionante hablar en aquel lugar (pocos salones de actos como ése), delante de tanta gente, en medio de un silencio expectante que sólo rompía el canto de algún pájaro, el batir de las ramas de los árboles (aunque aire soplara poco) y el susurro de una garganta que pasa por allí, con tan poco caudal como todas las que atravesé camino de Arenas.

Mientras haya gente así, tan apasionada por la lectura y por los libros, nada estará perdido, me decía al observar el gratificante espectáculo, mientras esperaba con paciencia y atención mi turno. Gente llena de ganas de leer, que no son sino ganas de vivir (y de vivir a tope, no se olvide). Gente que se crece ante las dificultades que otra gente, que a buen seguro no lee, les pone para evitar no inevitable: una sociedad cada vez más democrática, crítica y libre.

Después, pasamos a los talleres. En el tronco de un hermoso castaño se leía: “Lectura en Extremadura”. Bajo su densa sombra tuve ocasión de contar a un grupo de personas ávidas de saber lo que por estas tierras, antes irredentas, se estaba haciendo a su favor, que no es poco.

Isabel Sánchez, una paisana que trabaja como bibliotecaria en la “Torrente Ballester” de Salamanca, tituló su taller: “Espiando por el ojo de la cerradura. Leer, otra forma de mirar”. Un título que es toda una poética. Centró su intervención en tres claves que deberíamos tener en cuenta quienes nos interesamos por el mundo de la lectura: atender especialmente a la selección de los libros (no todos valen), formar bien a los profesionales (para que sepan contagiar razonadamente su entusiasmo) e involucrar a los padres en la lectura de sus hijos.

Ojalá este nuevo encuentro (que ya es muy viejo, en el mejor sentido de la palabra) se consolide. Y que venza todas las dificultades, empezando, ay, por las presupuestarias. Se lo merece Federico, sí, pero también cuantos han hecho posible esa fiesta permanente de la lectura.

4.6.05

Localismo

Permítanme recomendarles la última entrada del blog de Gonzalo Hidalgo titulada Localismo. Bueno, ésa y todas. Quizá ésta me haya llegado más por aquello de que uno vive rodeado de murallas y de localistas.

2.6.05

Y van...

¿Puede ser noticia que Ramírez Lozano publique un nuevo libro? Hace poco decía que este año ya había publicado cinco. Lo que no sé es si por su título, Iscariote, le ha pisado la novela al pirómano que mencionaba ayer. Éste dijo hace años que estaba escribiendo una sobre Judas. Muy a propósito, por cierto.

1.6.05

Villepin dixit

“Para inventar nuevos caminos, del mismo modo necesitamos a los intelectuales, necesitamos a los hombres de cultura (…), pintores, escritores, hombres de poesía, estos hombres tienen un papel muy importante para darnos la imaginación, imaginar lo que se podría hacer en otro mundo, eso lo necesitamos siempre, por eso necesitamos a estos hombres para abrir nuevos caminos, del mismo modo necesitamos a estos hombres, a estos intelectuales, hombres de cultura, para ser la conciencia de la acción cotidiana, ellos nos pueden decir si vamos por un lado bueno o por un lado malo, esa conciencia es necesaria para la política, por eso enfrentarse con las artes permite a los hombres políticos saber como deben ser cada día, o como pueden cada día, ser mejores”.

Cosas

Dominique de Villepin, un poeta (y un estudioso de la poesía), se convierte en Primer Ministro de Francia.
Arcadi Espada, un periodista con blog de referencia, se pasa a la política; por ahora, firmando un manifiesto a favor de los catalanes no nacionalistas.
Se habla por fin en Extremadura del Observatorio del Libro. Cuando se presentó en Mérida el proyecto, el primero de su género en España, ningún diario regional dijo ni pío.
Quieren echar mano del mayor pirómano de la Asamblea extremeña para intentar apagar el incendio de la semana pasada.
La alcaldesa de mi pueblo alude a la lotería al enterarse de que el presidente Ibarra ha arrancado a los portugueses el compromiso de continuar la autovía que enlazará Plasencia con Monfortinho, como si lo sucedido fuera fruto del azar o de la casualidad.
Cosas. Contradicciones. La vida. La vie, que diría Villepin.